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Despedida de Phoebe, mi bassetita bicolor (2005-2016)

29 mayo, 2016
Phoebs sueter amarillo
Sometimes I get to feelin’
I was back in the old days, long ago
When we were kids, when we were young
Things seemed so perfect, you know?
The days were endless, we were crazy, we were young
The sun was always shinin’, we just lived for fun
Sometimes it seems like lately – I just don’t know
The rest of my life’s been just a show.

These are the days of our lives, Queen.

Hace 11 años, a principios de 2005, en una reunión familiar uno de mis hermanos nos comentó que en un viaje a la Ciudad de México había hecho escala en un poblado llamado Parres, el cual es cruzado por la carretera federal que va a hacia la capital, cuando se le acercó una perrita basset hound, en condiciones lamentables. No llevaba coche y no podía llevársela, así que solamente le dio comida y se marchó.

El invierno en esa zona de México es bastante frío, y temí que una perrita así no sobreviviría en esas condiciones, así que fuimos a buscarla el domingo, al día siguiente, sin tener suerte. Al llegar al mismo local de comida a donde se había detenido mi hermano, les preguntamos por la perrita, efectivamente nos corroboraron que deambulaba por ahí y que si sabían de ella, nos llamarían. Me arriesgué a creerles, les dejé mi número telefónico y nos marchamos.

Algo me decía que la encontraría de nuevo, así que le pedí a Raúl, mi esposo, que siguiera por favor buscando cuando le tocara ir para allá por cuestiones de trabajo. Se dedicó a buscarla cada vez que cruzaba el lugar; incluso cuando lo acompañaba alguno de sus compañeros de trabajo entraba al pueblo a ver si la veía, pero eso no ocurrió.

Phoebs al llegar 2

Phoebe, al llegar

Yo había perdido ya las esperanzas, porque con ese frío y por estar al borde de la carretera, lo más seguro era que hubiera muerto de hambre o arrollada. Pero una mañana de domingo en que estábamos tranquilamente en casa, rodeados de nuestros otros dos bassets, Frodo y Frannie, además de nuestra perrita andariega Frida, cuando recibimos una llamada: era de una persona del puesto de antojitos, nos dijo apresurada que tenían a la perrita con ellos y que fuéramos rápido por ella.

Colgamos y así lo hicimos. Era el domingo 5 de marzo de 2005. La premura se debía a que supuestamente tenía dueños, pero al ver las condiciones tan lamentables en que se encontraba, era evidente que sufría de abandono, negligencia y maltrato. Phoebe estaba dentro de una caja de cartón, muy inquieta, la tapamos con un trapo y recuerdo perfectamente que la cargué con un solo brazo… casi no pesaba porque estaba prácticamente en los huesos. Agradecimos mucho a esas amables personas, con dificultad nos aceptaron algo de dinero y nos fuimos de inmediato a llevarla al veterinario.

Phoebe, una perrita sobreviviente de la carretera

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Phoebe en los huesos

Llevaba algunas croquetas conmigo, y en cuanto se las dí, casi me mordió los dedos, desesperada. Cuando la vio nuestra veterinaria, se sorprendió de que todavía tuviera el reflejo de querer comer, le dio una pasta nutritiva que también devoró y luego la revisó.

Pesaba escasos 10 kg, la mitad del peso de un basset sano. Tenía también algunos mordiscos en las orejas, estaba muy sucia y asustada. Pero fuera de eso, increíblemente estaba bien. Me parecía difícil de creer que hubiera sobrevivido tanto tiempo en esas condiciones tan lamentables. Frannie, mi otra basset, la matriarca del clan, le marcó la pauta y le enseñó modales. Y conforme fue ganando peso y confianza, se hizo muy amiga de Frodo, aunque con Frida siempre marcó distancia… incluso podría decir que fue algo así como la manzana de la discordia entre ellos, porque antes habían sido muy buenos camaradas.

La transformación de Phoebe

Nunca ha dejado de maravillarme la forma en que nuestros perros rescatados se transforman. De ser animalitos en malas condiciones, incluso de ser perros de raza maltratados, asustados, quizá agresivos, poco a poco van revelando su verdadera forma de ser que antes tuvieron que reprimir por el maltrato, el hambre, la supervivencia y otras condiciones lamentables.

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Phoebe jugando con su trenza de hilos

Phoebe se volvió muy segura y alegre. Siempre decía para mis adentros que era el cascabelito del hogar, sabía bien cómo hacer cosas graciosas para hacerte reír (quien ha tenido un basset hound sabe bien de lo que hablo), ya fuera mordisqueando un juguete, poniendo esa cara típica de desenfado, o con su tiqui tac tan característico de sus pisadas, se sus “patitas gorditas” como cariñosamente les llamaba.

En la siguiente consulta mi veterinario le detectó un problema en la rodilla, pero me dijo que no le afectaba de momento y que no recomendaba operarla. Phoebe adoraba salir de paseo y jugaba a perseguir botellas de plástico con Frodo, que era como su hermano mayor.

A Phoebe le encantaba hacer rabiar a las otras dos perras y a la vez, ser el centro de atención: era un payaso nato que se dejaba hacer de todo y le encantaba buscarte para que le rascaras la panza, algo que pidió hasta el final de sus días. Y ya ni hablar del baño: le encantaba ser bañada, porque se relajaba tanto que quedaba echada en el espacio de la regadera, mientras le caía el agua atemperada.

Llega el ocaso

Años después de estar con nosotros, y como ocurre a muchos bassets con la edad, se volvió un poquito gruñona. Esto no es de extrañar, porque es cuando sus achaques comienzan a surgir, primero de forma sutil y discreta, y después son tan obvios que terminan por mermar hasta el carácter más achispado.

6 canitos

Una de las últimas fotos todos juntos

El problema de la rodilla aumentó, y para compensarlo, se apoyaba más en la otra, aunado al subir y bajar escaleras (algo totalmente desaconsejable en esta raza, pero que por desgracia no puedo evitar porque mi casa las tiene), cuestiones genéticas y otras enfermedades (comenzó algunos años atrás con inicios de distensión de estómago, incluso teníamos que controlar mucho su ingesta de agua), cataratas, problemas cardiacos, bazo, etc., que se le dificultaba caminar.

Aun así, siempre salió de paseo…  y sonrío ahora al pensar que los últimos días, me pedía salir de nuevo, después de terminar las varias rondas de paseos con los otros. No era muy aconsejable que saliera, por sus problemas articulares y degenerativos, que estaba casi ciega y que se agotaba por su arritmia cardiaca, pero lo avaló mi veterinario porque el paseo es algo que todo perro debe hacer, explorar, darle tiempo de olisquear, aquí y allá (más estas razas), que se sientan libres por un rato, e incluso se olviden de sus achaques.

Su cara ya era totalmente blanca, y chocaba con los objetos. Nunca perdió el apetito, salvo hace pocos meses, en que se puso muy mal, al grado de que pensé que moriría… pero gracias a una sanación energética que le hizo mi sobrina Liz, volvió a ser la de siempre: fue un regalo tenerla un poco más de tiempo, eso lo agradezco mucho. Sí, gruñona con los demás perros (hay que entender que le dolían sus extremidades traseras y columna… y aun así subía las escaleras a mi recámara), pero siempre afable y buena conmigo.

Tuvimos siempre un vínculo muy estrecho. Siempre la entendí, incluso cuando se hacía continuamente dentro de casa, por las noches, o de que le diera por la coprofagia. Incluso el día de hoy esperó ansiosa su desayuno, porque sabía que los fines de semana había algo especial de comer.

La dilatación gástrica

Hoy fue un día normal. Anoche ella subió con dificultad pero por su cuenta las escaleras (muchas veces la cargué y

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Phoebe y yo, hace algunos años

noté que a veces era un poco más doloroso el ser manipulada), todavía se revolcó feliz en su cama un poco, lo cual me gustaba ver, porque era como verla igual que siempre, cuando era joven, sana y feliz, y durmió profundamente. El día anterior incluso tuvo el atrevimiento de entrar a la recámara de mi pequeña y orinar ahí dentro.

Todo perfectamente normal… pero hoy fue diferente. Después del almuerzo, subí a mi habitación, mientras mi esposo y mi pequeña hacían trabajos de carpintería arriba. Algo me dijo que bajara las escaleras, que fuera por un panquecito, pero fue extraño, porque no tenía hambre. Al bajar la vi a ella, a Phoebe, tratando de vomitar sin lograrlo, y al ver su abdomen terriblemente distendido, supe que era una emergencia. Me cambié de inmediato y le dije a mi esposo que teníamos que salir.

Fue una pesadilla: mi veterinario estaba fuera de la ciudad, era domingo después de mediodía y de momento, no supe qué hacer. Me decidí por otro veterinario que conocía, por fortuna me respondió de inmediato y quedamos de vernos en su consultorio. El viaje con ella en brazos, fue como siempre angustiante, porque ya tenía un mal presentimiento.

No puedo describir lo que todos aquellos que han llevado a su amigo animal a urgencias, han pasado: la espera, el ayudar al veterinario, el albergar esperanzas, el ver cómo se apagan… las medidas de urgencia, las esperanzas que a veces se avivan… y lo inminente. Esto último llegó cuando, en dado momento que hicimos contacto visual, y pese a que yo sabía que sus ojos estaban casi ciegos, veían mi alma, y me dijo con la mirada que teníamos que despedirnos, que el momento había llegado.

Le pedí que se quedara, que se haría hasta lo imposible, aunque yo sabía que el costo, principalmente para su cuerpo, sería alto. Hicimos contacto visual de nuevo y le dije que si era el final, que podía irse, que la amaba, y que le agradecía mucho por todos estos años.

Quisiera decir que todo fue rápido, pero no fue así: ver los intentos desesperados del veterinario por salvarla, fueron muy duros… lo único que me consoló es que con el sedante que le había puesto ya no sentía dolor y en esos últimos y eternos minutos, la noté serena, aceptando su trascendencia, su partida. En ese momento le pedí disculpas por todos esos procedimientos invasivos a su cuerpo: los humanos así somos, nos aferramos siempre, en primera instancia, a la negación de que alguien que amamos parta de nuestro lado.

Nunca dejaré de admirar la fortaleza de los animales antes de trascender. Es un momento trá

Cinco canitos ene 12

Frida, Frodo, Touli, Phoebe y abajo Frannie: los Cuatro Fantásticos + 1

gico, pero también místico, de aceptación de su destino, sé que de alguna manera se reconectan con el Todo, con la Luz (sí, soy anticuada o crédula, le llamaré Dios), sé que saben que hacia allá se dirigen y que todo estará bien.

Entró en paro, y aunque todavía hizo él y su esposa otro intento más, en el que parecía que regresaría, no era así, solo era un reflejo orgánico porque su alma ya había partido.  Mi pequeña observó todo y cuando se dio cuenta de lo irremediable, se echó a llorar junto conmigo.

Rituales ante nuestro perro fallecido

Como he dicho otras veces, es importante que la familia se despida de su compañero animal, sobre todo los niños. Por lo mismo, no quise que se quedara ahí, porque también tenían que despedirse de ella nuestros otros perros. Desde hace dos años había estado pensando en quién se iría primero de ellos: ¿Frodo, por su avanzada edad?, ¿Phoebe, por todos sus achaques?, o ¿Fiona, por su severa condición cardiaca? Fue mi Phoebe, mi “Fimbish”, uno de tantos apodos cariñosos que le di.

Le explicaba a mi pequeña que si hubiera estado Alberto, mi veterinario de cabecera, quizá se habría salvado… o quizá no. Hay una frase budista a la que me he aferrado y dice más o menos así: “las cosas son como son y no podían haber sido de otra manera”. Por algo él se ausentó de la ciudad. Pero también por algo partió en un día en que estábamos todos en casa, en que me di cuenta de su condición, en que no sufrió mucho.. en que los tres humanos responsables de su cuidado y que tanto la quisimos, sostuvimos su pata mientras partía.

Me la llevé nuevamente en brazos, de regreso, la olí profundamente, pasando por alto el olor a los medicamentos y quedándome con su esencia. La abracé fuerte antes de bajarnos del coche. Raúl la tomó en brazos y la depositó en su camita, donde en este instante en que escribo, pareciera que está profundamente dormida y que se levantará en cualquier momento, hasta que lleguen los del crematorio y recuerde entonces que no se levantará por su cuenta… Perdón si lloro, pero siempre el escribir me sirve de catarsis para librarme del dolor y de ayudarla a partir.

Phoebe feroz

Phoebe, en una de sus tantas caras graciosas

Les tomó un rato a mis perros despedirse. Como siempre, más a Frodo, quien solo la olió, igual que a sus otras compañeras, y se alejó de inmediato… para después volver y quedarse cerca, velándola a su modo. Él es el último de los “Cuatro Fantásticos + 1”, como les llamaba mi amiga Lety a ese primer pack de bassets y perrita no basset que tuvimos.

Como lo he dicho otras veces, voy a extrañarla por entero: un perro puede vivir solo 11 años contigo, pero se instala de forma permanente en tu corazón… y es bueno que sea así, porque quiero pensar que eso nos ayuda a ser mejores seres humanos, a no estar solos, a no tener un alma vacía.

Phoebe fue una guerrera, una sobreviviente de ese abandono y crueldad a la que sometemos a la mayoría de los animales. Me quedo con todas sus travesuras, orejas largas, ojos castaños de un atisbo lupino que las fotos no pudieron reflejar del todo, de sus pisadas, de todas sus payasadas y de todas las cosas que me hacían desesperar, pero que al final, yo amaba.

Sé que un día escucharé ese tiqui tac de nuevo y será ella, que se acerca para darme un lengüetazo, con esa voz graciosa que le inventé y me dirá: “te he encontrado de nuevo”. Hasta siempre Phoebe, te quiero mucho y como bien dijo Freddie Mercury:

Those were the days of our lives
The bad things in life were so few
Those days are all gone now but one thing is true –
When I look and I find I still love you.

These are the days of our lives, Queen

Mayra Cabrera, Derechos Reservados

“Ronnie” (cuento)

22 marzo, 2016

Para Antonio del Olmo

Es de tarde y te sigo buscando. He dado vueltas por toda la casa, sin encontrarte. Hace rato terminé de escribir mi último texto, y mi mano buscó infructuosa tu pequeña cabeza lisa. Quería leerte las últimas líneas, pero las palabras se fueron haciendo cada vez alargadas, hasta escaparse como un hilo continuo más allá de las paredes del piso que tú y yo compartimos. Necesito un trago.

No consigo encontrar la cocina, tampoco el recibidor, como si la mucama hubiera cambiado hasta la posición de las habitaciones, que a veces hay un corredor aquí y otras una cama deforme allá… pero no, se trata de uno de mis cuadros, ese que pinté antes de que te perdiera de vista. Me froto la cara y en un parpadeo, alcanzo a ver tus patas cortas que se pierden al dar vuelta a una habitación sin retorno. Tu cuerpo azabache alcanza a refulgir para perderse entre las sombras y corro hacia ti, pero te has escabullido de nuevo. Figo con cadena

Aparte de ti, no recuerdo qué más estaba buscando, entre los versos marchitos que se escaparon con el viento del último otoño, las notas que compuse bajo ese ojo ciego y redondo de una noche clara, que ahora ha menguado y solo titila frío en este invierno que parece no terminar.

Te busco en el sótano sabiendo que no hay un sótano, descorcho una botella de leyenda ininteligible y bebo directo de esa boca que no devuelve un beso… Todo es oscuro y veo el reflejo lunar y menguado, en el suelo, donde la soledad no puede tocar fondo y donde he olvidado que aquí ya no pertenezco. Intento alcanzarlo con el pie y descubro por la ventana un par de ojillos brillantes y una cola que se mueve sin cesar, como el badajo de la campana de la iglesia a la que tanto odié ir de niño, en esa niñez odiosa que la adultez no acaba de curar ni redimir.

Escucho claramente tu ladrido, potente para un perrillo tan pequeño y paticorto, y me veo afuera, ya en la claridad del día. Me he desligado de esas amarras que amé, temí y odié, marcadas por letras, música e interminables veladas de recetas culinarias. Pequeños barcos que me mantuvieron a flote en ese pozo llamado vida, del cual nuevamente me has rescatado.

Apenas puedo seguirte el paso porque eres joven de nuevo, con las patas que parecen no tocar los pastos y piedrecillas que se extienden por los jardines que tanto nos gustó pasear, en esas tardes placenteramente interminables, donde solo éramos tú y yo, par de estúpidos y felices camaradas dueños del momento, lejos de lo urticante y dañina que puede ser la existencia, lejos de la gente que roba la inocencia, lejos de aquellos que te hicieron daño y que con su ponzoñoso actuar, te apartaron para siempre de mí.

Pero nada de eso existe aquí, porque finalmente estamos juntos, paseando en nuestra cita vespertina, con los almendros todavía floreando en Madrid, tú persiguiendo ardillas, y yo coleccionando notas, palabras y trazos.

Mayra Cabrera, Derechos Reservados 2016

Un instante perfecto en el tiempo (cuento)

29 diciembre, 2015

Fue en la víspera de Nochevieja cuando se terminó todo. El conductor se detuvo antes de que el frente del vehículo se cayera por el impacto y el perro dio un salto atrás, volviendo sobre sus pasos apresurados hasta que tocó el agua del charco y sus patas nuevamente quedaron secas al subir de nuevo a la banqueta.

Con la cabeza gacha, comenzó a correr retrocediendo entre la gente que desandaba el camino hacia sus trabajos y sus vidas llenas de actividades y vacías de entusiasmo. Llegó hasta la esquina y las piedras se proyectaron hacia las manos de los chicos que dibujaban una sonrisa salvaje en sus rostros, para volver al suelo y a la orilla del camino.

El perro caminó hacia atrás y masticó la basura que momentos antes estaba desparramada por el piso, mientras una mujer regresaba de espaldas llevando en un cochecito a un bebé que abría la boca grande para después cerrarla y quedarse quieto y dormido. Mientras tanto, el perro ya había olfateado, siempre en zigzag e inquieto, yendo de espaldas, bajo un sol que ya no quemaba en el cielo, sino que comenzaba a bajar y a entibiar el horizonte para dar paso a la aurora y a las estrellas, mientras se oscurecía más y el frío se colaba por todas las esquinas vacías a esas horas.Fiona

El perro estaba ovillado bajo una banca, sobre unos papeles sucios, con heridas de mordiscos que había lamido antes de que apareciera la sangre sobre ellas. Antes de guarecerse había cojeado desandando lo más rápido que pudo, porque los otros perros habían retrocedido antes de que aparecieran las lesiones en su cuerpo esmirriado.

Así había pasado el tiempo, en medio de una confusión de imágenes que en desorden, se repetían: piedras, escobazos que desaparecían, restos de basura intactos, enfermedades que se quitaban y malestares que lo acosaban, calles que repetían su danza en desandar, lunas que se transformaban en discos o discos que adelgazaban hasta mostrar un filo plateado en el firmamento.

Todo iba muy rápido, incluso el pelo le creció, al igual que el miedo a no saber hacia dónde dirigirse, y el hambre a la que se había acostumbrado, por vez primera lo acicateó. Lucía bien, incluso después de que observó cómo sus dueños lo dejaran ahí en ese lugar extraño y que él estaba dentro del coche, mirando por la ventana y esperando llegar al parque. Los objetos rotos y los estropicios estaban lejos de su mente cuando le colocaron el collar y la correa. Las lágrimas del niño habían desaparecido y volvía a ser su perro…

Fue justo ahí donde el tiempo se congeló, en ese momento perfecto en que tenía hogar y era uno más de ellos, sin gritos, sin golpes, sin confinamientos, ni horas eternas en que tenía que ser perro y seguir sus instintos que después aborrecían, descubriendo ese pequeño trozo de mundo solo y a su manera, que se quedó a vivir para siempre en ese pedacito de perfección, evitando la muerte por alguien que lo impactó con su vehículo y lo arrojó al camellón, ya sin dolor, sin familia, pero en su mirada un atisbo de recuerdo (y quizá agradecimiento por ese instante dichoso de la memoria), mientras se escuchaban las campanadas y los lejanos gritos deseando un feliz Año Nuevo…

Mayra Cabrera, Derechos Reservados

“Red Dog” (2011), película de un australiano aventurero y fiel

11 noviembre, 2015
Red Dog película

Si pensabas que Hachiko es el perro más famoso por la fidelidad hacia su dueño, debes también conocer la historia de Red Dog y sus aventuras con los mineros de un poblado australiano, en la década de los 70.

Red Dog es el nombre de un perro red cloud kelpie australiano, protagonista de esta historia, cuya cinta es considerada como la 8a cinta australiana más famosa de ese país.

Si bien tuvo un gran éxito en su país de origen, Australia, e incluso participó con éxito en diversos festivales internacionales de cine, lamentablemente no tuvo tanta difusión en el exterior. Se exhibió por ejemplo, en Alemania, y en nuestro continente solamente en Argentina, lo cual es una lástima porque es una cinta sumamente entretenida y emotiva, donde el temperamento, carácter y cualidades de Red Dog quedan perfectamente plasmadas gracias a la interpretación de Koko, el kelpie que hizo ese papel.

“Red Dog: una aventura en Australia”, sinopsis

La historia se desarrolla durante los 70, en un poblado del oeste de Australia. Ahí llegan hombres provenientes de otros lugares, que muchas veces desean alejarse de todo y donde se dedican a trabajar en la mina del lugar. En ese punto remoto es donde un kelpie vagabundo tiene su hogar. Gracias a su simpatía, empatía y carácter, se lleva bien con todo el que lo conoce, por lo cual permanece algún tiempo con uno y con otro, pero sin permanecer con nadie, convirtiéndose en “el perro de todos” e incluso, en miembro del sindicato minero, gracias a esa habilidad tan suya de poder adaptarse y acoplarse con cada persona, pero sin quedarse con ninguna en forma definitiva.

Red Dog es un espíritu libre, que anda a sus anchas en las llanuras, donde si tiene necesidad de llegar más rápido a un lugar, simplemente se echa en la carretera y pide “ride” a quien pase, seguro de que siempre lo llevarán. Pero su vida errática cambia cuando llega un chofer norteamericano llamado John (Josh Lucas), al que Red Dog “adopta” como su compañero humano. Juntos forman, hasta el final, una dupla maravillosa, incluso más allá de este plano.

La historia transcurre entre anécdotas, varias de ellas divertidas, sobre cómo tuvo una gran influyencia en la vida de aquellos hombres rudos, principalmente en el chofer, hasta la parte en que lamentablemente fallece… ocurriendo algo similar a la historia de Hachiko, con un emotivo desenlace que no se pueden perder.

El verdadero Red Dog

La cinta está basada en una historia real, y de hecho está tomada del libro del mismo nombre, escrito por Louis de Bernières y publicado en el año de 2002, ya que se impresionó tanto con la historia de este peculiar vagabundo canino que recopiló todas las historias y anécdotas en torno a él para condensarla en una novela. Red Dog estatua

Se sabe, por ejemplo, que Red Dog era conocido en otros sitios aledaños y que incluso tenía otros nombres (Bluey, Tally Ho y Dog of the Northwest). De hecho, efectivamente es verdad que Red Dog tiene su propia estatua, erigida en Dampier, cerca del puerto, donde lo representan caminando.

Koko, un actor canino australiano de gran trayectoria

Este magnífico perro rojo perteneció al productor de la película, Nelson Woss, y en su corta vida (solamente vivió siete años) igual que Red Dog, dejó una gran huella: no cumplía el año de edad cuando ganó la presea como Mejor del grupo de exhibición de perros de trabajo, e incluso ganó el Golden Collar Award (considerados como los premios Óscar caninos) como Mejor perro en un film extranjero en Los Ángeles. Incluso hay una pintura de él y Nelson realizada por el artista Adam Cullen que fue finalista en el Archibald Prize del 2012. Red Dog

Además de su vida y trayectoria artística, Koko también participó en eventos de beneficencia mediante la RCPA y reunió miles de dólares para los refugios caninos de Australia, (como el Perth’s Shenton Park) a pesar de que para entonces ya padecía una cardiopatía que lamentablemente terminó con su vida cuando apenas tenía siete años de edad, en el 2012, apenas un año después de que se exhibió la película.

Sobre los kelpie cloud australianos

Se trata de perros de trabajo, especialmente de pastoreo (ovejas, reses y cabras), algo que es muy importante mencionar. Son perros sumamente inteligentes, aprenden muy rápido y necesitan de muchísimo ejercicio y estar mentalmente activos, o de lo contrario se volverán “inestables”, “destructivos” y hasta “agresivos”. Pueden ser de color negro, negro y fuego, rojo (como Red Dog) y rojo y fuego, azul, azul y fuego, entre otros. Son medianos, ligeros; provienen de los collies y quizá de los dingos.

Como mencionó en entrevista el dueño de Koko, el productor Nelson Woss: “no son perros para cualquiera, ya que requieren de largas caminatas: Koko necesita salir a pasear al menos una hora en la mañana y otra en la tarde; hay que pensarlo muy bien antes de integrar un perro de esta raza a nuestra familia, ya que requieren de mucho ejercicio y mucho espacio”.

“Red Dog” sin duda es una cinta que no solo es emotiva, sino que tiene muchas pinceladas graciosas, donde el buen humor y camaradería de ese grupo de personas que tuvieron la dicha y honor de conocerlo, se plasma en cada momento de la cinta, mostrando no solo la amistad y la lealtad, sino que un perro puede dejar honda huella en los corazones de toda una comunidad y extenderse incluso a nivel internacional.

© Mayra Cabrera, Derechos reservados

 

“El cerdo”, un cuento de Roald Dahl

10 noviembre, 2015

Hubo una vez un cerdo en Inglaterra
que fue el bicho más listo de la Tierra.
Era un tipo genial, todo un portento,
una cabeza llena de talento.
Hacía largas sumas de memoria,
leía gruesos libros sobre Historia.
Sabía muchas cosas… y al finalCerdito 2
se planteaba la cuestión fatal.
Por vueltas y más vueltas que le daba
Jamás la solución se le alcanzaba.
-¿Qué papel me ha tocado en esta vida?
-era la gran pregunta tan temida-.
¿Para qué estoy aquí? ¿Por qué nací?
¿Qué reserva el destino para mí?
Pensaba en estas cosas tan funestas,
pero jamás hallaba las respuestas,
hasta que en una insomne madrugada,
topó con la respuesta deseada.
Pegó un brinco de rana saltarina,
Danzó cual consumada bailarina…
-¡Eureka! ¡Lo encontré! La gran cuestión
tiene una contundente solución.
Ya sé lo que me espera: mi destino
¡es verme convertido en buen tocino!
Es el granjero un hombre muy astuto,
pero ya he descubierto que es un bruto.
Ya sé por qué me da tan ricas dietas:
¡es porque está pensando en mis chuletas!,
Porque quiere mi piel, mis solomillos,
mi cabeza, mis pies, mis menudillos…
Porque piensa picar muy bien mis chicha
para hacer largas ristras de salchichas…
Ya sé lo que me aguarda: el matadero,
la cuchilla de un fiero carnicero,
las ollas de una gorda cocinera,
¡ésa es la cruel suerte que me espera!
Así se lamentaba el buen gorrino
pensando en su dramático destino.
Y llegó la mañana y el granjero
apareció trayendo su caldero.
-Cerdito, ven aquí, a desayunar,
que tienes que crecer y que engordar.
Y aquel cerdo tan sabio y tan valiente
se echó sobre el granjero de repente.
Al suelo sin remilgos lo tiró
y allí, con sus pezuñas, lo aplastó.
Después olió y hozó, mordió, quebró,
chupó, lamió, sorbió, saboreó…
No cuento más detalles… Del granjero
tan solo quedó el ala del sombrero.
El cerdo se comió hasta la camisa
mascando con fruición, sin darse prisa.
Y cuando terminó, muy satisfecho,
se dijo: “Esto me hará muy bien provecho.
Ha sido un desayuno muy completo,
me siento muy a gusto, estoy repleto.
Yo iba a ser hoy merienda de granjero
pero me lo he comido yo a él primero”.

Del libro ¡Qué asco de bichos!, Ed. Alfaguara.

Roald Dahl, escritor inglés de origen noruego, se educó en estrictas escuelas británicas en la década de los 20. Se dice que no fue buen estudiante, por lo que abandonó sus estudios y después de ser vendedor, fue piloto durante la Segunda Guerra Mundial; posteriormente escribió sobre sus experiencias en la guerra y a partir de ahí se descubrió como escritor para adultos. Sin embargo, su obra dedicada al público infantil y juvenil, ha dejado honda huella, porque son escritos a favor de los niños, donde ellos salen venturosos a pesar de la hostilidad que los rodea, principalmente del mundo adulto. Hay ironía y humor negro, pero a la vez una gran profundidad, vueltas de tuerca, justicia y esperanza en sus relatos, que han sido llevados al cine; entre los más famosos destacan: “Matilda”, “Charly y la fábrica de chocolates” o “Las brujas” (de este último tuvieron que cambiar el final en la película, para que no resultara descorazonador).

El legado de otros: cómo prepararnos para encargarnos del animal de un ser querido (última parte)

5 noviembre, 2015

En el post anterior mencionaba sobre lo difícil que es cómo lidiar con la pérdida de un ser querido y a la vez, hacerse cargo de su animal de compañía. Ahora daré algunos consejos para prepararnos ante una situación así.

Pongamos el ejemplo

La sra. Celia, una mujer mayor con un corazón sumamente bondadoso, vivía sola en su casa con sus animales hasta que un día enfermó y estuvo en cama. Dos de sus hijos se mudaron a vivir con ella para cuidarla hasta que finalmente falleció. Su familia decidió no vender la casa ni mucho menos desalojar a sus amados animales e incluso Día muertos 09 1uno de sus hijos se quedó ahí y es quien, junto con varios miembros de la familia, atienden a los animales; de hecho uno de ellos, Toto, un perrito callejero y desamparado a quien trataban de atrapar mientras la sra. Celia estaba muy delicada, fue llevado a su casa por petición de ella misma: aún en medio de su enfermedad no permitió que pasara más penurias en la calle y fue adoptado poco antes de que ella muriera.

Comenta Susana, su nieta: “el amor por los animales fue inculcado principalmente por mi abuelita, de hecho ella misma era vegetariana; cuando vamos a su casa llevamos a nuestros propios animales a visitar a aquellos y nunca hemos tenido problemas con la adaptación, ya que para nosotros es totalmente natural velar y cuidar por los animales, ¿por qué?, porque son parte de la familia”. Cuando uno pone el ejemplo con nuestros propios actos, siempre será más fácil que los demás nos imiten.

Y si se trata de la “muerte anunciada” de un ser querido, hay que recurrir a un tanatólogo para ayudarle al enfermo -y a nosotros también- a preparar una especie de testamento (de esto hablaré en un próximo post titulado “Lo que sucede cuando fallece el dueño de una mascota”), además de que de propia voz nos dé indicaciones sobre cómo cuidar a su mascota, hábitos (principalmente en el caso de animales mayores), dónde está su cartilla de vacunación, quién es su veterinario, etc. Esto le proporcionará tranquilidad y paz al enfermo porque sabrá que su mascota queda en buenas manos.

Un ambiente tranquilo y de confianza

El tipo de energía que manejemos ayudará o dificultará la adaptación de este nuevo animal a nuestro hogar. Además de pedir ayuda profesional, nosotros mismos debemos proyectar confianza y buena vibra para que la transición sea lo menos abrupta posible: los animales perciben de inmediato nuestras emociones no sólo por el tipo de energía que emitimos, sino por nuestro lenguaje corporal. Por otra parte, si ya tenemos mascotas, Penélope aconsejaba que desde un inicio deben ser sociables y así estarán preparadas para cambios dentro de su entorno, en este caso, el aceptar a un miembro nuevo dentro de su jauría. (Y esto también se logra si nuestro hogar es armonioso, hay respeto y cuidado hacia todos sus miembros y por tanto, es un hogar equilibrado).

La empatía

Si nosotros mismos tenemos mascotas, debemos ponernos en el lugar de otros, ya que podría pasarnos a nosotros. Me comentaba mi querida Penélope Hoyo, quizá adelantándose a su propia transición, ocurrida este año: “En lo personal esta experiencia (de hacerse cargo de una perrita cuya dueña ha fallecido) ha sido agridulce, pues no hay nada como conservar la salud y poder estar siempre para proteger a los que nos acompañan y aman, es decir a nuestra familia y nuestros adorables perros de familia. Estas historias me sensibilizan preguntándome, ¿Qué pasará con mis perros cuando me vaya? ¿Y si muero de repente? ¿Quién cuidará, como yo, de DIEZ perros…?”.

Hábitos

Como recomendaba Penélope, el tratar de conocer en lo posible, los hábitos de alimentación, gustos, juegos preferidos y hasta fobias, lo relacionado al carácter del animal huérfano, nos ayudará muchísimo con el proceso de vinculación.

Sociabilización

Esto aplica a cuando se tienen ya mascotas, si son animales sociables y equilibrados (esto se consigue cuando están bien atendidos, tienen sus horarios de alimentación establecidos, reciben buen trato, comida sana, paseos cotidianos y lo más importante, disciplina y buen liderazgo por parte nuestra), entonces será muy sencillo el incorporar a un nuevo miembro.Bonita

Amor

Proyectemos siempre en nuestro interior y en nuestro exterior cómo nos gustaría ser y vivir, más que en lo material, en lo espiritual. Esto hará que nuestra existencia sea mejor y más enriquecedora y lo proyectaremos en todas nuestras acciones. Y tratándose de la vinculación de un animal huérfano a nuestra familia, será una experiencia positiva, más fácil y placentera. Como dijo Lorena, quien adoptó a Puca, “con paciencia y amor, todo se puede”.

Buscar otro hogar

He dejado al final las dos últimas opciones porque precisamente deben contemplarse cuando honestamente hemos agotado las otras propuestas aquí planteadas. En el caso de que busquemos otro hogar, esto debe hacerse siempre y cuando mantengamos al animal huérfano en su casa de origen (yendo por lo menos una vez al día a alimentarlo, darle atención y cuidados) o manteniéndolo en nuestra propia casa en lo que se le consigue un hogar permanente.

Recordemos: es preferible hacer nuestros propios sondeos con gente que conozcamos (¡y que amen y respeten a los animales!), aunque también podemos pedir ayuda para buscar adoptantes fuera de nuestro círculo de amistades y familiares, a asociaciones protectoras de animales, pero sin dejarles toda la responsabilidad encima: si bien serán el vínculo, nosotros seremos siempre los “tutores”, por así decirlo, del bienestar de dicho animal y daremos seguimiento a la adopción (la asociación puede darnos tips para hacerlo) y en el caso de que hubiera algún problema o situación debido a la cual devolvieran al animal, seremos nosotros, como sus tutores, su primera opción para que nos lo entreguen.

La eutanasia: un tema difícil

Recomendaba Penélope, “no debemos caer en la tentación de pensar en la eutanasia como la salida (fácil) a un problema netamente humano, sobre todo si el animalito es un perro sano: ante todo merece una vida digna y feliz”.

Esta es la última alternativa, no sólo por ser la más dura, sino porque es irrevocable. Si bien la eutanasia es una muerte humanitaria, sin dolor, mucha gente que recurre a esta opción no está preparada para ello y es común que una de dos, o lleven al animal al antirrábico o que lo dejen abandonado en una veterinaria… Aún pagando de antemano los servicios de eutanasia al veterinario, muchas personas son demasiado sensibles (dejándonos de eufemismos, egoístas y cobardes) y no son capaces de acompañar al animal en sus últimos momentos, lo cual es injusto.

IMPORTANTE: debes saber que en este tipo de lugares los animales son sacrificados en un clima lleno de estrés y miedo y sufriendo mucho dolor; en México al menos se utiliza aún el método de electrocución; ¿crees que ese animal húerfano se merece algo así?

Si no podemos hacernos cargo (por el o los motivos que sean o si no queremos tomarnos la molestia de trabajar en el proceso de vinculación o de negociar con nuestra familia, etc.), si no podemos (o queremos) buscarle un hogar alternativo, y buscamos la eutanasia como última opción, lo mínimo que le debemos a este animal (y por supuesto, a su fallecido amo, con quien se supone teníamos un vínculo afectivo), es a acompañarlo en esos últimos instantes en que el veterinario lo pone a dormir para siempre.

Esta es una experiencia muy dura, pero también una última muestra de amor y de compromiso a ese compañero animal que no puede valerse por sí mismo ni tampoco puede decidir ni abogar por su propia vida.

Anticipándonos a nuestro destino final

Mientras estemos en este mundo y con una vida tan corta, debemos hacernos cargo, pero verdaderamente, de nuestras vidas y de nuestros actos, pensando en que en cualquier momento (y ni siquiera cuando lo planeemos), vamos a morir; digo esto para aprovechar que mientras estemos enteros (más que al cuerpo me refiero a la razón) tenemos mucho por hacer en este mundo y por nosotros mismos simplemente con dar lo mejor de uno.

Esto lo logramos dando a los demás (sin que ello signifique “quitarnos” lo esencial) y puede ser más fácil cuando damos a nuestros seres queridos. En relación a este artículo, el dar se refiere a dar cobijo y posteriormente amor a un ser que repentinamente ha quedado desamparado: no hay leyes que aboguen por sus derechos y necesidades, así que al menos por caridad y sobre todo amor y respeto hacia nuestro ser querido que ha muerto debemos brindarle ese hogar; si con todo lo aquí leído eso no es posible, tampoco es válido que enjuguemos una lágrima, le demos la espalda y lo abandonemos (sea una clínica veterinaria, un albergue o peor aún, en la calle) excusándonos con un hueco “lo siento, no pude hacer más…”.

Su existencia y bienestar dependen de uno: si el resto de la familia y amigos “no pueden”, entonces tenemos que encargarnos nosotros mismos sin engancharnos en las excusas de aquellos y busquemos opciones, como ya se mencionó. Recordemos que, tarde que temprano, también a nosotros nos llegará el momento y si tenemos animales de compañía, debemos estar prevenidos.

¿Cómo prepararnos para nuestra propia mortalidad?

Plan A. Platiquemos con nuestros compañeros de casa (pareja, hijos, etc.). Es de gran utilidad el elaborar desde AHORA nuestro propio testamento, en el que indicaremos a quién se le quedará o quedarán nuestras mascotas. Para ello debemos tener una charla con dicha persona o personas para saber si están de acuerdo y que a su vez propongan o tengan en mente a otra persona en caso de que ellas mismas no pudieran hacerse cargo por causas de fuerza mayor. Siempre lo preferible será que la mascota quede en el mismo domicilio.

Plan B. Los hijos se casan y a sus parejas no les gustan los animales, ocurren los divorcios, los cambios de domicilio, el desempleo, enfermedades incapacitantes, etc. Anticipándonos a esto, hay que buscar otras opciones entre nuestras amistades y, ¿por qué no? incluso entre familiares no tan cercanos pero que sin saberlo, quizá sean más amantes de los animales que nuestra propia familia.

Plan C. Si lo anterior fracasa, debemos tener siempre a la mano los datos de alguna protectora y recurrir a esta ÚNICAMENTE cuando de verdad hemos agotado TODOS los recursos: las protectoras están saturadas de animales las 24 horas –no es un decir: es la verdad-, y dejemos indicado a nuestra familia que por favor recurra a una protectora para promocionar en adopción a nuestra mascota, pero mientras encuentran un hogar idóneo, es absolutamente primordial que la tengan bajo su custodia.

La muerte es, aunque suene contradictorio, parte de la vida. Es lo que significa a la vida misma. Lo que en realidad duele es la falta de contacto humano (la voz, la mirada, el tacto, la presencia, los recuerdos y la esencia del que fue) y por ello lo vemos como una pérdida irrevocable… pero no lo es.

Somos humanos, lo que significa que somos demasiado físicos y escépticos y a menos que tengamos determinadas creencias religiosas o espirituales, vemos a la muerte como el fin de todo. Pero la muerte no es el final: en realidad es el verdadero acercamiento a ese todo: es el umbral a la eternidad.

Agradezco enormemente a mi querida colega y amiga Penélope Hoyo, que ya trascendió, a Rossy, Susana, Lorena y Paulina, por su colaboración en este artículo y sin cuyos consejos, experiencias y conmovedores testimonios no habría podido llevarlo a cabo: gracias por su sabiduría y gran ejemplo, que no dudo tendrá un enorme eco en otras personas. Y muy especialmente, a Edith por apoyarme como siempre en este proyecto: te extrañaré siempre. Artículo realizado en  2009.

Mayra Cabrera, Derechos Reservados.

El legado de otros: el animal húerfano como doliente silencioso (3a parte)

30 octubre, 2015

Si bien los animales viven sus emociones de forma quizá distinta a la nuestra, no por ello podemos decir que no sufren cuando sus amos fallecen. Son los primeros en percibir que su amo va a partir y también son los primeros que lo resienten de formas diversas: a menos que hubiera alguien más en casa del occiso que cotidianamente también se hacía cargo, lo primero que padecen es el descuido, que va desde dejar abiertas las puertas y puedan escapar y resultar lastimados (atropellamiento, ataques de otras personas o animales) y extraviarse, o que padezcan hambre o hasta maltrato por parte de los deudos.

En el caso de Puca, una perra schnauzer, su dueña enfermó y fue llevada al hospital de dondeya no salió Pucacon vida; Puca se quedó en casa de su dueña esperando regresara y se le notaba extrañada al ver a tanta gente y no a su ama, comenzó a entristecerse y con la pata rascaba su cuarto. Para colmo, aún cuando esta tenía hijos, nietos, yernos y nueras, quienes sabían lo mucho que quería a su perrita, hicieron de cuenta que no existía y la ignoraron, al punto tal que no la alimentaban, se convirtió en un estorbo y decidieron enviarla al antirrábico.

Por fortuna Lorena, una de las sobrinas, decidió junto con su esposo hacerse cargo de Puca y aunque al momento de participar en esta encuesta me comentaba que aún está extrañada y añora a su dueña, es una perrita muy agradecida y buena que no se aparta de ella ni un instante.

Muchas veces estos animales ya son mayores, están muy acostumbrados a vivir en su hogar de toda la vida, a seguir rutinas determinadas (pautadas por su dueño ahora ausente). Como señala Paulina, “(hay que) respetar al animal y pensar que él también está sufriendo por la muerte de su amo”. Susana por su parte, comenta: “Piensa que la persona que ha fallecido y que amaba a sus animales te estará sumamente agradecida por no dejar a parte de su familia en desamparo”. Y reflexiona: “Algún día todos vamos a necesitar cuidados, por lo que no podemos negarlos a ningún ser vivo, incluso a las plantas”.

Situaciones que dificultan hacerse cargo de un animal huérfano

Cuando no se adaptan a vivir en otro sitio. Con todo, no hay desesperanza; la etóloga y entrenadora Penélope Hoyo comentaba sobre Frida, la yorky: “Esta pequeña, con 10 años de edad, lo perdió todo. Su familia, su grupo social, su entorno…Todo su mundo conocido cambió de la noche a la mañana…Pero, ¿sabes qué? Se adaptó (a mi jauría) y está feliz.”. Penélope era especialista en comportamiento y vinculación de jaurías, por ello, no hay que darse por vencidos y debemos pedir la ayuda de un especialista en la materia que nos ayude en esta vinculación.

Cuando están deprimidos (y se están dejando morir). Así como hay animales que se adaptan a una nueva familia, también están aquellos que se deprimen. Algo que puede ayudar mucho es, cuando sea posible, que permanezca en su hogar de origen o si lo llevamos al nuestro, llevarnos sus enseres y pertenencias e incluso alguna prenda de su dueño fallecido y colocarla en su cama (si tenemos niños, explicarles y también pedirles que no la retiren: el animal podría actuar en defensa de la simbólica prenda y molestarse).

Es bien importante el conservar lo más que podamos sus costumbres (el tipo de alimento que comía, horarios de alimento, de ir al baño, etc.), y si se trata de un perro, sacarlo a pasear a diario o jugar con él para estimular su olfato, su curiosidad y sus ganas de vivir; en el caso de los gatos, hay juguetes que siempre estimulan a un minino y también aditamentos de varios niveles y rascadores especiales para divertirse y ejercitarse.

Cuando está prohibido tener animales en el condominio. Este es un punto muy delicado por el cual infinidad de animales se quedan sin hogar. Averigüemos con la asamblea de vecinos el por qué de tal reglamento; quizá podamos llegar a un arreglo con ellos (no dejando vagar por su cuenta a la mascota dentro del fraccionamiento, levantar sus desechos al sacarla a pasear; si alguien se queda en casa es más fácil el controlar los ladridos y lamentos indeseables) e incluso y si nos lo permiten nuestras posibilidades, recurrir a los servicios de “guardería canina” : durante nuestro horario de trabajo se encargan de nuestra mascota y regresa a nuestro hogar al final del día.

Cuando tenemos alguna incapacidad física. Este sería quizá el único caso en que no se aconsejaría hacerse cargo, a menos que vivamos con alguien más que de corazón acepte realizar las tareas más pesadas (pasear o bañar al animal), aunque también podemos recurrir a los servicios de un entrenador o de una guardería (ver nota anterior).

Cuando nuestras mascotas originales son muy territoriales (o la nueva lo es). Nuevamente, se aconseja el recurrir a un etólogo o entrenador canino (la recomendación es que en caso de entrenamiento, uno como dueño debe estar presente, esto para saber cómo tratan a nuestra mascota como para uno mismo saber entrenarla). Es también útil el tenerlas, sólo al inicio, en ambientes separados; si no tenemos mucho espacio, se puede utilizar por breve tiempo el cuarto de baño (recoger cesto de basura y todo aquello que la mascota pudiera morder estropear o comer, sobre todo si se tratan de sustancias peligrosas como limpiadores y medicamentos).

¿Cómo manejo mi duelo y al mismo tiempo cuido un animal que no era mío?

Cuando estaba escribiendo este artículo leí un mensaje de un foro animalista que llamó mi atención: se trataba de una persona que en tono amable, pero con un sello contundente de tristeza, comentaba que se le había complicado el hacerse cargo del perro que había sido de su hermano, no sólo por algunos problemas de adaptación que mencionaba, sino que se le había hecho muy difícil el asimilar la muerte de su ser querido y a la vez continuar con su vida y hacerse cargo de esta mascota y que por ello la daba en adopción. Mencionaba además los problemas que le había generado con su pareja y que prefería que el animalito estuviera con otra familia para que tampoco padeciera.

Debo mencionar que aunque no he pasado por un trance así, tarde o temprano es probable que pase por una situación Día de Muertossemejante, más porque dos de mis hermanos tienen mascotas. Si bien “el tiempo todo lo cura”, un gran error en el que incurrimos es en no buscar ayuda profesional, tanto psicológica como familiar y etológica. Yendo por partes, siempre nos hará bien acudir con un terapeuta (que trate casos de duelo) o con un tanatólogo (especialista que ayuda a la transición tanto del enfermo como de sus seres queridos a una muerte digna y que también ayuda a los deudos a curar y superar este difícil trance). Para mayores informes consulta la liga http://tanatologia.org/seit/gruposapoyo-mexico.html, donde viene un listado de grupos de apoyo sobre duelo en México y también está la página de la Instituto Mexicano de Tanatología http://www.tanatologia.org.mx. Asimismo, hay también muchos libros sobre el tema .

Nunca es bueno quedarnos solos, menos con un dolor así; mientras acudimos con un terapeuta o tanatólogo, podemos a la vez ver a ese animal huérfano como una especie de terapia ocupacional; quizá en lo que hacemos los arreglos necesarios en nuestra casa para traérnoslo, pueda quedarse en su hogar original e ir nosotros a alimentarlo. En dado caso, podemos llevarlo a una pensión en alguna veterinaria pero debo recalcar que sólo por unos días: infinidad de animales son ahí abandonados y con contadas excepciones, (debemos comprender que una clínica veterinaria da sustento al veterinario y no es una casa de caridad), el médico terminará por sacrificarlo.

Finalmente, tengamos una charla con nuestra pareja o familia y abramos nuestro corazón, digamos cómo nos sentimos y por qué es importante para nosotros el brindarle hogar a este animal desamparado y si podemos esperar ayuda o al menos comprensión por parte de ellos: muchas veces los desacuerdos y falta de empatía vienen porque no comunicamos nuestros pensamientos y sentimientos con claridad. Y nos servirá también para desahogarnos.

Continuará…

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados.