Skip to content

Una Mota de Polvo (cuento)

14 diciembre, 2011

Capa tras capa, el polvo comenzó a acumularse. Al principio pareció imperceptible, apenas unas cuantas motas flotando perezosas en aquel haz de sol que se abría paso en la gastada cortina, y posteriormente, se convirtieron en una cubierta suave y gris que formaba remolinos con las pisadas.

Cuando se acabó el agua del recipiente habitual, no fue difícil abrir la puerta del baño y beber las gotas que escurrían de esa gotera jamás reparada de la llave de la regadera. Tampoco fue difícil el buscar la comida en la mesa: solo había que mover un poco la silla de la pata floja para así deslizarse hasta donde estaba el pan y otros restos de comida. Claro que había otros invitados a comer, pero con algo de imposición se largaban con viento fresco.

A veces era posible escuchar sus pasos bajar por las escaleras y casi podía sentir esa emoción expresada en vaivén rítmico mientras por un breve instante esperaba agazapado en la planta baja, dispuesto a abrazarle en medio de un sinfín de festejos

(pero no, era el ruido de la calle)

hasta que se daba cuenta de que otra vez no bajaría y tendría que recostarse en el sofá cercano a la puerta a dormitar… hasta que despertaba y caía en cuenta de que la puerta tampoco iba a abrirse. Era entonces que volvía sus pasos y regresaba a la habitación, abriendo con cautela, como si temiera despertarle e interrumpir ese sueño profundo y sin final.

Los días pasaron y pese al olor de la habitación, siempre le hacía compañía, tendido a su lado para darle un poco de calor. Pese a que todo indicaba que apenas quedaban pocas señales de lo que esa persona había sido antes, conservaba la esperanza de que muy pronto, se levantaría y bajarían por la escalera, tomaría la correa y saldrían por fin del encierro.

Un día la puerta por fin se abrió, y después de la sorpresa y alegría inicial, vinieron la incertidumbre y enseguida, el enojo cuando aquellos se dirigieron a la habitación y trataron de moverle. De nada valieron la furia y los reclamos, los cuales fueron correspondidos con golpes y agresiones. Todo ocurrió rápido sin apenas poder evitar que se lo llevaran y finalmente, fue echado de su propio hogar. Fue entonces que el ambiente se enrareció, los rostros resultaron desconocidos y amenazantes y faltó el techo, el agua y el sustento… Y principalmente, quien siempre había cuidado de él, la más dolorosa ausencia, más que la falta de alimento en el estómago y el abrigo de la casa.

Se quedó entonces ahí, a la entrada de la casa, sobreviviendo de repente con algunas sobras que acercaban los vecinos a un recipiente ya sucio de restos de comidas pasadas. Su pelaje cambió. Su cuerpo enflacó. Su optimismo se desvaneció. Las esperanzas se perdieron como aquellas envolturas vacías que rodaban por las calles infinitas. Permanecería ahí por siempre, ignorado por la mayoría, pese a que su pena era real pero silenciosa, hasta que su cuerpo quedara yerto como el de la persona amada cuyo rostro ya no recordaba, pero cuyo olor y presencia seguirían presentes hasta que sus ojos, su ser y su memoria se convirtieran en esas motas de polvo flotando bajo un opaco rayo de sol y dispersándose en medio de la indiferencia de la gente.

© Mayra Cabrera. Derechos reservados.

Anuncios
7 comentarios leave one →
  1. Raúl Ramírez permalink
    16 diciembre, 2011 09:11

    …después de una tormenta, la calma llega y nos muestra que en el horizonte siempre habrá un nuevo, bello y mejor amanecer……..y ahora veo que la lluvia cesa.

  2. Beatriz permalink
    16 diciembre, 2011 06:31

    Bonito, bonito… aunque tristemente real.

  3. Víctor Chaves permalink
    16 diciembre, 2011 05:02

    Creo, solo creo, que aqui están pintados tus sentimientos y tu capacidad artística. Felicitaciones, muy bellas las historias…

  4. violeta permalink
    15 diciembre, 2011 19:39

    Que bellas historias muy crudas pero reales, muchas felicidades May

  5. ana permalink
    15 diciembre, 2011 19:16

    que linda historia y que bonita pag. muy bien 🙂

  6. paco.loaeza permalink
    15 diciembre, 2011 19:11

    la vida es como neblina que en un segundo sale y desaparece…
    triste, pero me gusta la fidelidad hasta la muerte.

Trackbacks

  1. Adopta un perrito anciano (D.F.) « Relatos Caninos

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: