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El Perro Ñoño (cuento)

3 enero, 2012

Un cuento sobre el valor de lo “inútil”

En los tiempos de Pulgarcito, España libraba una crisis tan cruenta, que la mayoría de la población subsistíamos entre grandes necesidades, pobreza y frío…

Vivía yo, en una pequeña casita que cobijaba su exigua dimensión al amparo de un enorme perro cuya función se reducía a comer sopas frías de pan y juguetear con los extraños que pasaban por allí. Tan feo era el perro, que los lugareños llamaban al lugar “la casa del perro feo”.

Cuando soplaba el viento, sus patas golpeaban los ventanales arañando los cristales como pidiendo entrar al cobijo del frío, y mi padre, interpretando literalmente su petición, y ante la inutilidad del perro y la fama de feo que tenía, lo dejó entrar, amarrándolo traidoramente y vendiéndolo al día siguiente a cambio de unos leños que prendidos con fuego sí dieran calor.

Lloré durante todo el día sin que mi padre me prestara atención hasta que llegó la noche durante la que cayó una helada tan negra como el carbón y numerosa en estrellas tintineantes como multitud de puntos de hielo proyectando su glacial tenaza sobre los tejados de las viviendas. El viento, mensajero del frío, entró del norte con tal virulencia que si el perro hubiese estado allí, con su fealdad y su bronco gruñido lo hubiese declinado dos grados al sur. Pero el viejo perro cuyo aspecto ya no querían ni los más pobres en esos días de penuria, miseria e indigencia, estaba luchando por su vida lejos de mi hogar que, sin él que lo protegiese, al empuje del viento salió volando con tal impulso que nos dejó sentados sobre el suelo mirando sobre nuestras cabezas como la casa se perdía entre las estrellas.

Crecí oyendo a mi padre decir que fue casualidad, pero yo siempre creí, que si la casa voló, fue porque aquel viejo perro ya no estaba allí.

 *     *     *

En homenaje a perros como el de la foto, que siempre, siempre estuvieron ahí y a todos aquellos a los que en algún momento, alguien nos ha considerado prescindibles.

© Javier Plana de Arriba, Derechos Reservados (con el permiso del autor)

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One Comment leave one →
  1. 4 enero, 2012 05:20

    ¡Qué bonito!!! Me ha gustado mucho el relato.

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