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Reflexiones sobre animalismo, niños y humanidad

9 febrero, 2012

Para Alex, lo mejor que me ha ocurrido en la vida.

Hace unos días, después de leerle un cuento de uno de sus libros preferidos, mi pequeña me hizo un comentario sobre los “malos” de la historia y después añadió satisfecha que “qué bueno que no hay malos aquí, ¿verdad?”, y se refería a nuestro entorno. Me tomó un poco por sorpresa y le pregunté, tratando de ganar tiempo, a qué ser refería, aunque yo sabía bien qué quería decir. Eso me llevó a pensar en que los niños, sobre todo los pequeños, tienden a pensar bien de los demás y a considerarlos “buenas personas”. Los malos en cambio, son personajes como el Capitán Garfio o incluso seres ambiguos como la Bestia antes de ser transformado por Bella, pero que con todo, tienen un lado humanitario y que hasta pueden reivindicarse.

Hay otros “malos”, los que salen en las noticias (tan aburridas –por fortuna- para los niños), pero como son eventos que ocurren en la televisión, son tan lejanos que no pueden tocarlos. Por desgracia todos sabemos que no es así y que continuamente nos cuidamos (y cuidamos, a veces sin que sepan, a nuestros hijos y a quienes están bajo nuestro cobijo), por no hablar de la manida inseguridad, la violencia continua en que estamos inmersos, y que da pie a hablar sobre las historias inenarrables que, de repente con cierta cotidianidad, nos toca leer no solo sobre maltrato hacia nuestros pares, sino hacia los animales.

Parte de ese maltrato es socialmente aceptado, como lo es la crianza de animales para consumo, las condiciones tan deplorables en que existen, el terrible maltrato que sufren en apretados vagones (que, sin afán de ofender a nadie, recuerda mucho a los vagones que condujeron a millones de personas hacia ese terrible exterminio llamado la “solución final” que representaban los campos de concentración nazis), en los que la única salvación que tienen, si puede llamársele así, es la muerte… que tampoco es inmediata. Hay también otros tipos de maltrato que –todavía- son socialmente aceptados, como lo son las peleas de gallos, la tauromaquia (en todas sus formas, desde las “charreadas” hasta la muerte lenta, dolorosa y agónica de los toros de lidia) o los circos con animales.

Incluso todavía llega a aceptarse que aquellos considerados como animales de compañía se cosifiquen, relegándolos a lugares reducidos o aún siendo amplios, sean no solo ignorados, sino que no se les alimente, se les proporcione agua, refugio, al menos un poco de atención. Recuerdo que hace muy poco vi un cartel en Redes Sociales en donde decía que “si los animales tuvieran religión, nosotros seríamos el diablo”. Suena drástico pero es verdad, ya que si bien solía haber una especie de equilibrio natural interespecies, los humanos lo hemos quebrantado en demasía, ya no por necesidad, sino por degustación, costumbre, ignorancia e incluso por moda.

Pero volviendo al tema inicial, en que los niños nos consideran buenas personas (aunque pateemos al perro o lo hayamos “regalado”… que en realidad lo “desaparecimos”) y en que los “malos” en realidad no lo son tanto o lo son en una galaxia remota llamada televisor, pasamos muy por alto el mero hecho de que, además de que somos su modelo a seguir, la relación que tienen los pequeños con los animales puede ser muy estrecha, valiosa y entrañable. Esto va más allá de si en casa consumimos carne o no, de si somos parcialmente vegetarianos o veganos, o de si tenemos una mascota, varios animales o ninguno. Eso no nos exime de nuestra enorme responsabilidad en enseñarles a respetar a los otros, sean otras personas o sean animales, sean de su propiedad o no.

Es bien importante enseñarles a valorar la vida y existencia de un animal, se trate de los insectos del jardín o del animal que dio su vida o parte de sí para alimentarnos. Sí, es cierto que afuera no solo hay malos, sino gente que por motivos que no conocemos, está tan afectada que comete actos bárbaros y atroces contra otros, personas o animales, y que si bien tales personas, sus actos, son los que más tienen difusión por su notoriedad, hay que resaltar también (y congratularnos, por qué no) por cada pequeño acto que hacemos para mejorar tanto la vida de nuestros propios animales como de aquellos que están en otras latitudes, como granjas, circos, zoológicos, jaulas reducidas, por mencionar algunos, o que incluso sufren diversas formas de maltrato y vejaciones en la casa de al lado. Y si somos veganos o vegetarianos, también enseñarles la tolerancia hacia quienes no lo son, empezando porque nosotros mismos debemos aceptarlos y que no necesariamente aquellos que no comparten nuestro sentir y forma de pensar, son “malos”.

Tenemos diferentes ideologías y posturas, a veces coincidimos y a veces chocamos hasta casi nulificarnos. Pero eso es secundario, no es importante: lo verdaderamente importante no es el señalar las –posibles- faltas o carencias de otros, sino en trabajar cada quien desde su propia postura, empezando desde las raíces. Esto es algo que mucho he leído y que también he difundido, empezando por las campañas de esterilización de animales de compañía, pero que en realidad, y ahora me doy cuenta al ver la limpia mirada de mi pequeña, en que el trabajar desde las raíces significa en trabajar en uno mismo. Y en nuestros preciados niños, por supuesto.

Y cuando cerré el libro y recuperé el aliento, le dije a mi pequeña que sí hay malos y que realmente lo son, pero que si bien hay que cuidarse de ellos, es más importante aún el ser bueno, que nuestros actos sean para ayudar, no para lastimar, ya que así cambiamos el mundo para bien.

© Mayra Cabrera, fotos y texto. Derechos Reservados

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7 comentarios leave one →
  1. 9 febrero, 2012 14:05

    Lindo, Mayra. Sin duda, todxs tenemos una gran responsabilidad con las generaciones futuras, porque somos ejemplos de los que están continuamente pendientes. Pero es una relación bidireccional, porque hay algo que se pierde cuando se crece y a menudo encontramos una fuente de aprendizaje en lxs más peques.

    Por otro lado, es bueno que nos recuerdes una de las lecciones más importantes: que todos los cambios comienzan por unx mismx.

    De nuevo, gracias Mayra.

    • 9 febrero, 2012 14:42

      ¡Cierto! Mi pequeña aprende de mis actos, sean virtudes o vicios, pero creo que yo he aprendido más de ella con lo que dice y hace. Me admira siempre el ver que es de las pocas personas que conozco que es totalmente congruente. Un beso y un gracias bien sincero

  2. 9 febrero, 2012 13:28

    Súper Mayra. El mundo ahí fuera está demasiado contaminado. Tenemos que empezar una “cruzada del bien”. Por nuestros hijos.

    • 9 febrero, 2012 14:44

      Mil gracias, querida Candela. Está no solo contaminado, da miedo a veces pararse cada mañana y cuántas veces uno se cuestiona si estuvo bien traer a los hijos al mundo. Pero si bien cada día trae su afán (o su desgracia), también está lleno de cosas buenas. He ahí nuestros pequeños, que continuamente nos lo recuerdan. Un abrazo fuerte.

  3. 9 febrero, 2012 12:52

    Sencillamente genial.

    • 9 febrero, 2012 14:45

      Muchísimas gracias de verdad. Gracias a ti por comentar y sobre todo, leer. Un beso.

Trackbacks

  1. Nuestro amigo canino (relato) « Relatos Caninos

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