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Nuestro amigo canino (relato)

14 febrero, 2012

Para Raúl y Frodo, los dos chicos de la casa.

Fue hace 9 años que llegó a nuestras vidas. Conceptos básicos sobre el adoptar un perro y otros desconocidos como el abandono de perros de raza, influyeron en la decisión de tener uno propio y en lanzarnos en esta aventura como adoptantes. Fue buscarlo en una céntrica calle de la ciudad más grande del mundo, tocando un portón que se resistía a abrirse, y que después de infructuosos minutos (en los que me dijiste que mejor regresáramos a casa), finalmente alguien que llegaba nos permitió el paso. Fue entrar a una vecindad oscura, sin tener ningún dato sobre el perro en cuestión más que un contacto vía telefónica. Nada de fotografías enviadas por correo ni información adicional. Un dato y buena suerte.

Al final del pasillo, doblando a mano derecha estaba una casa pequeña y humilde, cercada con malla y con un patio limpio y ordenado. Salió una mujer que se disculpó por no escuchar nuestros insistentes golpes en el portón y a continuación, una sucesión de perros. Y así apareció él,  un basset relajado, de enormes ojos castaños, robusto y de baja estatura. Orinó de pie, aunque con tal porte que parecía que estaba posando para una exhibición canina. Apenas y nos hizo caso, confiando en que seguiría con esa, su familia humana y perruna.

Después vinieron las recomendaciones, la entrega de la cartilla de vacunación y lo más conmovedor, una despedida inesperada de una chica que salió de la casita, abrazando por última vez a Freddy… quien por última vez sería llamado así. Salió contento a la calle hasta que lo subimos al auto, que fue cuando se dio cuenta verdaderamente de lo que ocurría. Se paró en el asiento trasero mirando extrañado a las dos mujeres que sollozaban en la acera, mientras cada vez nos alejábamos más, en un viaje un poco aparatoso.

Se deprimió un poco al inicio (y cómo no, cambiar de ciudad, de nombre y sobre todo, de olores, manada y rutinas), pero gracias a mi soledad unida a la suya, traducida en atenciones y paseos, se volvió afectuoso y alegre. Se convirtió en compañero y confidente y al mes de su llegada, se incorporó una perrita a nuestra pequeña familia… que fue creciendo hasta formar una jauría de cinco.

Vivimos paseos en auto, pleitos por tantos pelos sueltos y babas por doquier, bocadillos compartidos y otros sustraídos subrepticiamente, como la vez que devoró dos enormes jitomates dejados en el fregadero mientras atendías la puerta, o cuando después de buscar infructuosamente el trozo de queso que regalaríamos a unos amigos, lo encontramos debajo de la mesa, comiéndolo cuidadosamente rápido y sin hacer casi ruido. Estuvo conmigo cuando sufrí una caída (que me llevó varios puntos de sutura en la rodilla) y nos defendió casi con su vida cuando fuimos atacados por otro perro en un paseo… un perro bonachón convertido en una fiera cuando tuvo que defender a su familia. Fue quien nos hizo cambiar de sofá cuando destrozó uno de sus asientos, y con quien jugamos voleibol en el hueco de la sala cuando la mandamos a retapizar.

Ha sido el de más profunda mirada y que parece haber vivido antes una vida humana. Sé que ha sido también tu confidente y quien más te tolera esas bromas pesadas, tan masculinas. Es el otro macho de la casa, dominante si es necesario, pacificador cuando hace falta, pero siempre un adorable payaso. Es un ser con defectos, pero en nobleza nadie le gana. Puede ser solitario o ser el más juguetón. Es un poco como tú y tú un poco como él. Es quien nos hizo ser familia por vez primera, antes de que llegara nuestra pequeña y por supuesto, los demás. Es el otro “niño”, sin afán de humanizarlo y quien nos ha acompañado en toda esta jornada llamada matrimonio. Es nuestro amigo perro, nuestro Frodo. Ojalá y tengamos la dicha de tenerlo por muchos otros aniversarios, momentos duros y la paz de la vida cotidiana, que es el mejor indicativo de que estamos todos bien.

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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8 comentarios leave one →
  1. 14 febrero, 2012 11:31

    Preciosa historia Mayra,felicidades!

  2. 14 febrero, 2012 11:02

    Muy bonita la historia y muy apropiada para este día ¡Felicidades!

  3. Raúl Ramírez permalink
    14 febrero, 2012 10:58

    ah mi niño, mi perro, gran amigo, nuestro primer gran compañero en casa, alma grande en un cuerpo peludo, serás por siempre querido y recordado por cada una de tus acciones y travesuras. Gracias amor por tan bella publicación, Feliz San Valentin, te amo!!!!!!!!

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