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Los perros conquistadores del Polo Sur

15 febrero, 2012

La proeza de la conquista de la Antártida no se hubiese podido llevar a cabo sin el trabajo de los cien perros que participaron en la expedición.

Tras los fracasos expedicionarios del británico Robert F. Scott y del irlandés Ernest Shackleton intentando alcanzar el Polo Sur a finales del siglo XIX, el joven noruego Roald Amundsen retoma la empresa con una singular novedad: incluir

Perros de Amundsen a bordo del Fram, del dominio público

perros esquimales en la aventura de pisar por primera vez los territorios al sur del paralelo 60º S, conocido como la Antártida, el Sexto Continente.

Conocedor de las particularidades caninas

Amundsen conocía bien las características del territorio que se debía atravesar para alcanzar el centro del continente más elevado de la Tierra (con temperaturas promedio de -17º C), pero además había estudiado en profundidad las causas de los fracasos de las expediciones que le habían precedido, afirmando que, si la base del éxito debía apoyarse en el transporte del material necesario, el fracaso en las empresas de Scott y Shackleton se debió al errar en la elección de los animales que debían portarlo. La estrategia que planteó Amundsen pasaba por usar perros de tiro de poco peso (perros esquimales) que por su ligereza, podían atravesar las finas capas de hielo de la temida Placa de Ross, en lugar de los pesados ponis usados por sus predecesores.

Una vez que superasen el tramo de placas de hielo (el más extenso y peligroso), Amundsen aplicó cálculos matemáticos: el peso de la carga de los trineos disminuiría diariamente, pues fundamentalmente estaría compuesto de comida que se iría consumiendo, por lo que al alcanzar la cadena montañosa que se alza tras las placas, se podría prescindir de los perros más débiles (y ya no necesarios) sacrificándolos y sirviendo de alimento “fresco” para sus compañeros.

El concepto que los hombres tenían sobre los perros en los años de Amundsen contrasta con el que en nuestros días entendemos. Queda el dato como mera información.

El 23 de julio de 1910 embarcaron en Groenlandia a bordo del Fram los 93 perros de Amundsen en una travesía que duraría varios meses.

Comportamiento de los perros a bordo

Amundsen, colegas y uno de sus perros, del dominio público

Divididos los 93 perros en grupos de ocho machos y una hembra, sujetos individualmente con cadenas y bozales que les permitían comer pescado pero no morderse entre ellos en caso de peleas, fueron amarrados en la superficie del barco, cuyo piso fue entablillado y engrasado para minimizar los daños que la humedad pudiera ocasionar en sus patas durante

las semanas de viaje.

Durante el trayecto, dos perros murieron ahogados al lanzarse por la borda durante una tormenta a la altura del paso de Buena Esperanza, quedando amarrados de sus cadenas entre el casco del barco y el fuerte oleaje. Pérdidas numéricas para la época que fueron compensadas por el parto de dos hembras con cerca de una veintena de cachorros.

El 14 de enero de 1911, tras meses a bordo, 116 perros desembarcan en la bahía de las Ballenas (en la isla de Roosevelt), el puerto más al sur del mundo, justo en frente de la barrera de hielo de Ross y punto de partida para iniciar la conquista del Polo Sur.

Perros expedicionarios

Para preparar la expedición sobre los hielos, se estableció un campamento a dos kilómetros del puerto, donde fueron llevados los perros y el material de carga que deberían portar para la épica conquista.

Durante los días que se necesitaron para establecer la base, los perros fueron atados a un cable de acero de 50 metros de largada estableciendo turnos entre los que porteaban material del puerto a la base y los que descansaban.

De entre los miembros de la expedición, fueron elegidos 16 hombres cuya única responsabilidad era el cuidado, la atención y la guía de los perros.

El 10 de febrero, habiendo concluido el desembarco de más de 5.000 kilos de comida, suministros y enseres expedicionarios, se inició la construcción de siete refugios de invierno en los que esperar el momento adecuado para acometer las críticas placas.

Problemas con los perros tras meses de inactividad Llegada la primavera austral, comenzaron las pruebas de tiro de trineos, resistencia de los arneses y liderazgos entre machos.

Inicialmente las pruebas resultaron decepcionantes pues tanto tiempo de inactividad había desacostumbrado a los perros a responder al trabajo que se les demandaba. Según citan fuentes documentales de la propia expedición, fue necesaria una gran paciencia y “buenas dosis de látigo” para que los animales entendiesen “qué tenían que hacer”. Tras establecer varios campamentos de apoyo y lograr “adiestrar” a los perros, el 20 de octubre, Amundsen junto a cuatro compañeros, seis trineos y 52 perros emprenden el asalto que debía ser definitivo para conquistar el Polo Sur.

El 16 de noviembre, casi otro mes después, llegan exitosamente al pie de la cadena montañosa que marca el fin de las placas de Ross. Estaban a 1.100 kilómetros de su meta.

Semanas dramáticas para los expedicionarios humanos y caninos

Ruta de Amundsen

Durante cuatro días la expedición avanzó gestionando los pasos montañosos, alcanzando el altiplano el 20 de noviembre. Al día siguiente deciden sacrificar veinticuatro perros según lo planeado.

El hecho está descrito con un acento de repugnancia y pesar por parte del narrador y por primera vez en los cuadernos expedicionarios el redactor usa el término de “compañeros” para referirse a los perros sacrificados.

Como muestra de respeto los exploradores acordaron denominar al lugar (no hollado anteriormente por vida alguna) Metzig, que en noruego significa “carnicería”.

Semanas de penalidades y supervivencia

Tras múltiples calamidades y penurias y en un estado de agotamiento y precariedad, consumidos por el esfuerzo y la falta de oxígeno, cinco hombres y once perros pisan el Polo Sur. Eran las tres de la tarde del 15 de diciembre de 1911.

Contrariamente a lo que había programado Amundsen con rigidez casi matemática, decide no abandonar a ninguno de los perros supervivientes, reducir los trineos a dos (uno para tres hombres y el otro para dos) y los once perros tirando de ellos. Perros y hombres debían permanecer juntos para sobrevivir.

Y contrariamente también a lo calculado, las etapas no las señalan los aturdidos y agotados hombres (que las habían establecido en veintiocho kilómetros por día), sino que las imponen los perros que avanzan en su regreso a una media de treinta y dos.

El 26 de enero de 1912, tras recorrer 3.000 kilómetros en 99 días, llegan a la costa los once perros tirando de sus trineos con los cinco extenuados expedicionarios sobre ellos.

Recibidos con honores, tras unos días de recuperación embarcan en el Fram regresando (hombres y perros) a Noruega y al mundo como héroes y como leyenda.

© Javier Plana, Derechos Reservados. Con el permiso del autor.

*     *     *

Javier Plana, novelista, articulista y guionista español, radica en Barcelona acompañado de algunos de sus mejores amigos, unos molosos enormes tanto en tamaño como en corazón. Se considera como sus perros “tirado para adelante, leal y fiel”  y disfruta mucho escribir mientras alguno de ellos le mordisquea su zapato.

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