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Amistad (cuento)

16 febrero, 2012

Para todos los “Totis” que hay en este mundo…

El perro estaba echado en la banqueta, los ojos amarillos casi entrecerrados, la nariz apuntando hacia el suelo y la cola recogida contra el cuerpo. En contraparte, las orejas se mostraban erguidas, en actitud atenta. El sol avanzó sobre el asfalto y finalmente llegó a su lomo. Suspiró, levantando el polvillo del suelo, y miró hacia el cielo, que escaseaba de nubes. Un microbús pasó cerca de él, lleno de gente: la que no iba con la mirada fija o adormilada, se acicalaba con prisa en el espejo retrovisor.

Pasó un tercer microbús y entonces, como impulsado por una chispa, el perro se sacudió y se encaminó con trote ligero y confiado por la orilla de la calle hasta llegar a la entrada de una casa. Rasguñó un par de veces con la pata hasta que la puerta se abrió. Alguien lo saludó con palabras incomprensibles para el perro y enseguida apareció un perro pequeñito detrás. Le cedieron el paso y olisqueó a su amigo, a manera de saludo. Juntos, caminaron de regreso a la calle, por ratos él daba zancadas más largas y por ratos el perrito apretaba el paso para alcanzarlo.

Se dirigieron primero al parque cercano, vacío de niños a esa hora, y jugaron a perseguirse en rápidas y cortas carreras, agazapando el cuerpo con la cadera en alto y una sonrisa canina y traviesa en el rostro. Se revolcaron en la parte más terrosa y persiguieron, sin éxito, a una ardilla que una vez a salvo en uno de los árboles más altos, les dirigió una breve mirada orgullosa antes de desaparecer entre las ramas.

Era hora de enseñarle a su amigo cómo librarse de las pulgas, así que dirigieron sus pasos hacia la barranca, donde aún corría un riachuelo y donde de cuando en cuando, algunos pastores llevaban a sus chivos a pastar a las orillas. Con agilidad bajaron la pendiente rocosa y el perro entró confiado al agua. El otro se acobardó en un inicio y dudó en entrar, pero bastó con un alegre ladrido para que también entrara. Nadaron un poco, el primero con movimientos largos y experimentados, y el otro con rápidas sacudidas de sus pequeñas patas. Y vino la lección más importante: sumergirse casi por completo, hasta que apenas asomara la nariz. El alumno aprendió de su maestro y se liberaron de los molestos parásitos. Salieron y se sacudieron. Otro revolcón en el pasto y ya estaban listos. Se miraron a los ojos y sin palabras que estorbaran, se dijeron lo mucho que disfrutaban su compañía. Era hora de volver a casa.

Como tantas veces, volvió a rascar la puerta hasta que abrieron y entró el perrito. Nuevamente hubo esos murmullos humanos incomprensibles, pero afables y respondió con un movimiento de cola. Se dio la vuelta y se mezcló con la calle y su cotidianidad.

Algún tiempo después lo buscaron pero no apareció. Supieron los vecinos que tenía diferentes nombres en diferentes casas y diferentes platos y menús, pero nunca lo encontraron. Todos lamentaron mucho su repentina ausencia, en especial el perro pequeñito, su amigo de tantas jornadas. Ya era un adulto y había aprendido a su lado lo que todo perro debe aprender y que nunca nos será revelado. Lo que no sabían las personas era que bajo ese ropaje canino había un ángel distinto a otros y que una vez que había realizado su misión en este mundo, había partido… No necesariamente donde moran otros como él sino que seguramente había decidido regresar a este mundo y hacer sentir bien a otros, posiblemente también bajo su disfraz de perro.

Y es muy probable que en algún momento de tu vida te hayas topado con él o que incluso, si eres lo suficientemente afortunado, viva contigo.

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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4 comentarios leave one →
  1. 16 febrero, 2012 14:18

    Oooohhh!! Pensaba q era ficción, pero tras el comentario de Raúl me doy cuenta de que en verdad existieron esos momentos mágicos. Q lindo que los rescates para hacernos a todxs, aún estando tan lejos, partícipes de ellos. Gracias Mayra!!

  2. Raúl Ramírez permalink
    16 febrero, 2012 12:43

    Yo fui, como otros pocos vecinos, el feliz y afortunado de tenerlo como gran amigo y tambien compañero de caminatas de mi perro “Chiquito”. Gracias Mayi por plasmar este gran recuerdo de tan magnifico perro, quien en sus principios fue recogido por mis padres cuando mi hermano recien nacia. Besos Mayi.

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