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Fidelidad (y amor) animal

17 febrero, 2012

Ayer, mientras miraba una fotografía de un conejo berlier (los que tienen las orejas caídas) en un foro precisamente sobre conejos, me vinieron de golpe muchos recuerdos de una pequeña coneja que tuve y que era sumamente parecida al de la

Moni

foto.

Se llamaba Moni y llegó conmigo hace ya muchos años, cuando tenía ya un grupo de cuatro conejos, conviviendo en el agradable caos de mi habitación. Debo hacer un reconocimiento especial a mi madre, quien toleró todas esas peculiaridades mías y siempre me apoyó, pese a los pelos sueltos, pelusas rodantes y, por supuesto, algunas dentelladas en muebles y ropa de cama.

Moni tuvo de compañero a Bilbo, otro conejo berlier, también moteado y que parecía tener un antifaz en el rostro, pero que desafortunadamente falleció al poco tiempo debido a que en ese entonces mis conocimientos sobre la dieta adecuada para un conejo, eran básicos e incluso, inadecuados. Moni quedó sola y me quedó la difícil tarea de incorporarla con el otro grupo, formado por un macho y tres hembras, dos de ellas dominantes. Con tiempo y paciencia, finalmente la aceptaron, pero coincidió con su esterilización y al regresar y notar un cambio en su olor (mezclado con los adquiridos en la clínica veterinaria), vino de nuevo el rechazo. Un nuevo duelo para Moni, seguido de soledad y una gran desconfianza hacia los de su especie.

Llegó entonces Charly, gracias a mi hermana Liz, y era tan afable, joven y dócil, que poco tiempo después formaron una pareja muy sólida: se acicalaban mutuamente y sonreían como los conejos saben hacerlo (quienes tienen conejos saben bien cómo). Por desgracia, Charly padecía algunas enfermedades congénitas debido a su raza y su salud se deterioró antes de tiempo. Noté cómo Moni se esforzaba por cuidarlo y confortarlo, mientras su vida se disminuía. Finalmente Charly partió y vino un nuevo duelo, más duro, debido a que Moni había empezado a envejecer.

Se volvió arisca y apática, fue inútil tratar de incorporarla con las dos conejas sobrevivientes, porque precisamente eran aquellas dominantes con quienes había tenido tantas desavenencias. Moni comenzó a tener problemas de piel, producto de no comer bien y claro, de estar deprimida. Sus patas traseras se debilitaron y comenzó a dejar de moverse… en realidad quería dejar de vivir. Había sido una coneja pequeñita, dulce y frágil y pese a todo, había sido la última sobreviviente de todos los otros conejos y ahora, en la última etapa de su vida estaba sola y sin motivos para seguir luchando.

Entonces llegó Max, un conejo rex joven y vivaracho, con ese pelaje y aspecto especial que ha sido inmortalizado en Peter Rabbit, ese entrañable conejo de los cuentos de Beatrix Potter, y lo cambió todo: aunque Moni se mostró un poco reacia al inicio, fue difícil que resistiera el encanto y atenciones de Max, quien acicalaba su pelo, la instaba a comer y era todo un caballero de orejas largas con ella. Nuevamente Moni se sintió valorada y querida, recuperó el brillo de su mirada y trató de caminar de nuevo. Max siempre avisaba cuando Moni necesitaba ser incorporada o si no alcanzaba el arenero, limpiaba con cuidado sus ojos y orejas y en suma, amaba a esa pequeña viejecita de orejas caídas sin importarle su aspecto.

Pero vino la despedida. Moni disfrutó de varios meses de felicidad, pero tuvo que partir. Encontré a Max a su lado, como tratando de darle calor al frío cuerpo, por primera vez con el gesto serio y los ojos oscuros. Las orejas estaban hacia atrás, en señal de duelo. Dejé que se despidiera de ella y más tarde retiré el cuerpo. Max dejó su alegría de siempre y comenzó a rasguñar y a gruñir cada vez que alguien se acercaba a su casa. No aceptó la compañía de la otra pareja de conejos que recién habíamos adoptado y me preocupé. En ese entonces recibí la llamada de mis veterinarios, de si aceptaría adoptar a una hermosa coneja de manchas oscuras. Claro que acepté.

Hanna tenía un carácter fuerte y vivaz, y pese a que al conocer a Max el encuentro no fue nada grato, gradualmente ella fue dejando de lado su impetuosidad y él, su tristeza. Actualmente están juntos y Max adora recibir los mimos de Hanna, comparten la comida y él me avisa cuando el bebedero está vacío. Hanna ha comenzado con algunos problemas en las patas traseras, debido a la edad, pero Max siempre la anima.

No sé quién de ellos partirá primero, llegado el momento, así como tampoco lo sé respecto a mi propia vida, pero lo que sí sé es que mis conejos, siendo animales callados y que no muestran la efusividad de un perro, con sus pequeñas vidas me han enseñado lo que es la fidelidad, el cuidado, el amor y el respeto, más allá de las edades, del aspecto, de las limitaciones, e incluso, de la muerte.

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4 comentarios leave one →
  1. Miguel Angel permalink
    17 febrero, 2012 15:21

    Hola!! Tambien considero que los conejos son unas excelentes mascotas, he tenido 4 conejos yco ellos he pasado los mejores momentos de mi vida, su compañia y amistad no las cambiaria por nada, el primero que tuve, un gigante de nombre tambor murio de 3 años a causa de un tumor en su hombro, una ocasion se metio una rata a mi casa y el fue por nosotros y nos señalo en donde estaba dando sus patadas en el suelo y gimiendo, mi kuiko mi muchachillo un cabeza de leon no se de que murio, creo que de tristeza, ya que a la casa llegaron 2 gatitos que lo veian como su similar, jugaban y se acompañaban, pero un dia la gatita no volvio y al poco tiempo mi kuiko amanecio muerto, el tercero mi palomo, un dutch blanco con gris que era como un hijo para mi (a sido la unica mascota que me seguia y protegia, esaba conmigo siempre) se me murio de una complicacion de una enfermedad estomacal con un problema respiratorio, ahora tengo a mi nuzy una coneja mariposa gigante y es el centro de atencion de la casa, sin duda son lo mejor que han pasado en mi vida.
    Saludos desde celaya, gto.
    Miguel Angel

    • 17 febrero, 2012 16:04

      Hola Miguel

      ¡Muchas gracias por leerme! Y muchas gracias por compartir esas maravillosas vivencias sobre tus conejos. Aquí mismo he posteado otros artículos sobre conejos y sus cuidados y voy a seguir subiendo más que serán de tu interés. Un abrazo afectuoso.

  2. 17 febrero, 2012 12:10

    No sé nada de conejos, no he tenido ninguno como mascota. Solo recuerdo los que de pequeña habían en casa mi abuela, pero que, como las gallinas, eran para comérselos. Así que ha sido un descubrimiento leer este delicioso relato. Gracias.

    • 17 febrero, 2012 12:26

      Sí, muchos conocen a los conejos o como animales silvestres o que sirven de alimento, pero es realmente revelador cuando te das el tiempo para convivir con una especie así: son amigos realmente entrañables, quizá a veces más que un perro o un gato. Muchas gracias por leerme.

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