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Un minuto de felicidad

22 febrero, 2012

Estoy escuchando aullar a uno de mis perros, a Blas concretamente. Me gustaría contar su historia porque él me lo ha pedido, y por si alguien lee esto y está dudando sobre si adoptar o no un perro adulto.

Todo empezó en el verano de 2004, me trasladé a vivir al campo y como ya llevaba un tiempo deseando rescatar a un perro del abandono, pensé que había llegado el momento.

Blas en la protectora de animales

Me pasé varios meses buscando, tengo gatos y otros perros, y debía tener la cautela de traer a casa el animal adecuado para todos.

Recuerdo que a Blas lo encontré relativamente pronto. Estaba en una protectora y era muy asustadizo y, pese a su gran tamaño, había otros perros que le mordían. Me quedé prendada de inmediato de su mirada triste, pero me dijeron que no podían asegurarme que pudiese convivir con gatos. Lo pensé unos días y desistí. Estaba fuera de mi provincia, tendría que recorrer unos 200 km para ir a por él, y si además no estaba segura de su trato con los gatos, no era cuestión tampoco de meter en casa a un perro de 40 kilos de cualquier manera. Utilicé el sentido común, y comencé mi búsqueda de nuevo.

Y sí encontré varios perros más adecuados, que habían convivido con gatos sin problemas y hasta alguno de raza. Pero no conseguía decidirme por ninguno…

No sé si, como ocurre con las personas, hay algún tipo de hilo invisible que te une con otros seres vivos; si es el destino que ya había decidido cómo tenían que ser las cosas; o si simplemente la mirada triste de aquel perro no se me escapaba del alma. El caso es que después de mucho pensarlo, decidí arriesgarme.

Cuando llegué a la protectora, me encontré con un panorama que me hizo cuestionarme de inmediato mi decisión. Blas era un perro delgado, encorvado de puro terror, con la mirada y el gesto huidizo, al que era imposible acercarse. Me explicaron que tenía los dientes limados, seguramente porque habían querido utilizarlo para peleas de perros. De todos modos, era imposible saber el pasado de aquel animal. Pero lo que es seguro es que había sufrido lo indecible, y que le habían maltratado con saña y durante largo tiempo.

Llegó a casa a principios de septiembre, y la primera semana yo era incapaz de reñirle por nada por lo asustado que se le veía. Él corría a veces tras los gatos con algo de mala intención, pensaba yo, así que después de siete días pensé en devolverlo a la protectora. Me daba miedo que les hiciese algo a los gatos y, por otra parte, sabía que si lo devolvía era un perro que no iba a tener mucha salida, difícil de adoptar, muy difícil diría yo. Así que al final, decidí darle otra oportunidad y esperar otra semana más. A partir de ahí le reñía cuando perseguía a los gatos, y dio resultado. De inmediato captó que esas carreras no eran bien recibidas, y dejó de acosar felinos.

La adaptación fue lenta, durante meses él caminaba por el lado contrario al mío; si estaba acostado y yo iba a pasar junto a él, se levantaba y se iba; si me veía con la escoba o cogiendo leña para la chimenea, se escabullía de inmediato. Nunca mostró el menor signo de agresividad, sencillamente era puro pánico lo que sentía.

Yo nunca le forcé, ni me acerqué demasiado cuando veía que él no deseaba ese acercamiento. Creo que al igual que cada persona tenemos nuestro ritmo para todo, también así ocurre con los animales, y también eso hay que respetarlo.

Efectivamente, un día se acercó a mí buscando caricias y en ese momento por fin empezaron a curar sus heridas, esas heridas invisibles a los ojos, pero que las llevaba grabadas a fuego por dentro.

Blas al día de hoy, feliz

Nunca se le ha ido el miedo del todo, y nunca se le irá, pero eso no le impide ser feliz. Es un perro bastante problemático, por otros motivos añadidos que no vienen al caso, pero cuando le veo tumbado al sol, le oigo aullar o correr alegre por el campo, sé que hice lo correcto y sé que él también puso de su parte para quedarse aquí.

Blas tenía unos dos años cuando llegó a casa, pero lo mismo hubiese sido si hubiese tenido siete, porque eso es lo que menos importa. Hay personas que temen adoptar un perro mayor porque se marchará más pronto, pero lo realmente importante es el regalo que se le está haciendo, la calidad de vida que se le está proporcionando el tiempo que sea, porque en realidad ninguno sabemos cuánto tiempo nos queda de estar aquí. Y cada minuto de felicidad nueva que se le regala a un animal que ha sido abandonado y maltratado, estoy segura que encenderá muchas estrellas que le alumbrarán el camino hacia ese otro lado, donde todos partiremos cuando llegue el momento.

© Beatriz Moragues, Derechos Reservados. Reproducido con el permiso de la autora

*     *     *

Beatriz Moragues radica en España. En su momento colaboró tanto en la revista “El Mundo del Gato” como también en la publicación “El Mundo del Perro”. Considera que la supervivencia del ser humano depende de mucho de la manera en cómo trata a su entorno, así como a las criaturas que ahí habitan. Sobra decir que adora a los animales, pero también es una apasionada de la medicina natural y una escritora ávida que gusta escribir sobre una amplia gama de temas. Puedes también leerla en su interesante blog La Otra Información.

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5 comentarios leave one →
  1. 27 julio, 2012 15:09

    Hoy Blas ha partido a jugar por ese campo astral con Dana y Kira, parece que no ha podido estar separado de ellas más de 3 meses. Te quiero siempre.

    • 27 julio, 2012 19:00

      Amiga, lamento mucho que tus canitos hayan decidido irse juntos, porque así lo indica el breve tiempo entre una partida y otra. No sé si ya había llegado su momento o si estaban tan unidos que necesitaban estar juntos también en otro plano.
      Como sea, sé que serán tus ángeles guardianes siempre y que la ausencia duele, duele…

      Te mando hasta tierras españolas un abrazo muy fuerte que deseo te llegue.

      • 28 julio, 2012 02:51

        Muchas gracias Mayra. Seguro que ahora andará contando a sus chicas que está en tu blog, en el facebook y que se ha hecho famoso en internet. Se lo merecía. La suerte ha sido mía por tenerlo a mi lado estos años y poder crear este vínculo maravilloso, que quien solo sabe despreciar a los animales o (peor aun) maltratarlos, no tiene ni idea de lo que es. Un beso.

  2. Anónimo permalink
    23 febrero, 2012 03:58

    En casa hemos apadrinado un mastin de año y pico, de un refugio y ahora, despues de dos fines de semanas largos, muy largos, lo vamos a adoptar. El relato me recuerda mucho a la adpatación de Bultaco en casa quitando que no ha sido un perro maltratado.
    Si pienso que existe un hilo invisible que te hacer decidirte por un animal u otro

    • 23 febrero, 2012 11:21

      Hola

      Me parece maravilloso que de ser una casa de acogida para este mastín, hayan decidido quedárselo. No es necesario que el perro haya padecido previamente, sino que con este acto, hayan transformado su vida y evitado un maltrato futuro. Ojalá existan más personas que piensen como tú. Un abrazo

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