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Vejez (cuento)

28 febrero, 2012

Para todos nuestros queridos animales que suelen partir antes que nosotros.

Es un nuevo día. Nuevo para sí mismo, porque para ti, es el inicio de otra batalla, en la que abres los ojos, quizá con dificultad porque los párpados están cuajados de mucosidad reseca y de cualquier manera, no entra luz suficiente en ellos: fuera de las siluetas y los olores, casi no te orientas bien. Suspiras y hay más mucosidad, ahora en lo más profundo de tu garganta, donde los pulmones comienzan a cansarse de hacer la misma tediosa tarea, día a día. Toses para espabilarlos y nuevamente continúan su labor, pero ese pequeño esfuerzo ha molestado a tu músculo cardiaco, que se queja dando una especie de puñetazo contra tu huesudo pecho y te obliga a permanecer en posición casi inmóvil, para evitar un nuevo embate.

Finalmente te incorporas y cada vértebra se queja, pero lo peor son las patas traseras, que se resisten a levantar tu peso, sin importarles que haya mermado los últimos meses, porque ya no quieren soportarlo más. La bendita urgencia de ir a orinar es la que termina por despertar a todos, incluidos tus magros músculos, que de tan disminuidos, han curvado tu lomo en un raro ángulo convexo.

Hoy ya no llegaste, te has meado encima y para colmo las patas han trastabillado y te han hecho caer sobre esa superficie cálida y mojada. Alguien llega en tu auxilio y te regaña antes de incorporarte, pero al ver tu mirada azulosa y casi ciega, opta mejor por limpiarte y acomodarte en otro lado.

El tiempo comienza a desdibujarse frente a ti, ya que por un momento es de día, pero dormitas y ahora hay penumbras… No, no es de noche, ocurrió que acomodaste hacia la pared la cabeza y así tu cuerpo te hace sombra. Holgazanamente el estómago gruñe, no sabes si de hambre o porque ya no digiere bien nada. Son pocas las cosas que de verdad te entusiasman, en lo absoluto los juegos, sino más bien cierto tipo de comida. Pero hoy haces un nuevo descubrimiento: no te interesa comer y solo quieres dormir y refugiarte en el sopor de la nada, porque es la única manera en que no perturbas ninguna parte de tu cuerpo.

Despiertas y tienes sed. Una sed acuciante. Te asustas porque no sabes en qué parte de la casa estás y si el balde de agua estará a kilómetros de distancia. Ladras roncamente y después de preguntas absurdas y extrañas revisiones, finalmente atinan a darte agua. Bebes un poco y terminas volcándola. Cuando regresan con el recipiente lleno, tus ojos de nuevo se han cerrado.

Sueñas.

En tu sueño, la casa te pertenece, pero todo está empacado en cajas, como ocurre con las mudanzas. Te asomas a una que está abierta y está llena de imágenes danzantes de esa olvidada época al lado de tu madre; hay muchos olores reconfortantes, como el de su piel o el de su leche, y también la sensación de seguridad y bienestar. Se cierra la tapa y te acercas a otra caja, que, pese a que está cerrada, escuchas a un costado sonidos felices: pelotas rebotando, ladridos jubilosos y rápidas pisadas que se convierten en carreras. Te acercas a otra caja, que por suerte está abierta y ahí no hay nada; nada visible, sino todos los aromas más deliciosos del mundo, desde tus bocadillos favoritos hasta el olor del amanecer y el de las hojas que caen después de un buen aguacero. En un rincón hay otra caja más, pequeña y oscura, algo maltrecha. No la abres porque sabes lo que hay dentro: es la caja de los pesares y malos momentos. Sientes con todo tu ser lo que alberga, la tristeza, el miedo, el dolor, el enojo, la soledad… pero a la vez, te sorprendes que aún con lo intenso que fue vivir eso, todo se redujo a una caja pequeña, más pequeña que cualquier otra de la estancia.

Dejas las cajas y avanzas buscando las escaleras, sorprendiéndote por lo fácil que es subir por ellas. La casa está vacía de humanos y solo flotan sus particulares fragancias. De cada habitación que dejas, la luz y los olores cesan. Dices adiós a todo lo que ahí hubo. Desciendes los escalones y comienzas a sentir, paso a paso, cómo los años van pasando a través de tu cuerpo. Sientes de una manera vívida cómo la audición disminuye, cómo la fuerza de los músculos merma, cómo el corazón se agranda y le cuesta trabajo latir… cómo la vida se va escapando, paso a pasito, hasta que al llegar a la puerta, das un último vistazo a esa vida que conociste. Sientes nuevamente miedo y es cuando recuerdas tu nacimiento, porque es exactamente el mismo temor que sentiste al abandonar todo aquello que conocías y te hacía sentir bien. Recuerdas entonces a tu madre, sus lengüetazos cariñosos, cómo te nutrió con su cuerpo y calor y es cuando sabes que el ciclo se ha completado, que has llegado al origen o que precisamente te diriges a ese todo.

En ese momento despiertas y lo aceptas. Miras hacia la puerta, donde se cuela el aire que anuncia la próxima primavera (que sabes ya no verás), vas apagando por dentro órgano por órgano, como esa luz y olores que se desvanecían en tu sueño y antes de que exhales el último aire que gastarás en este mundo y que el corazón dé su último golpe, ya acompasado, sientes una mano que acaricia tu cabeza.

La vida, finalmente, fue buena.

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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14 comentarios leave one →
  1. liz permalink
    28 febrero, 2012 17:50

    Querida hermana. No puedo evitar llorar al leer esto que escribes y que sé, le pasará inevitablemente a la buena Franie y tal vez muy pronto a mi querida Pelusa o a cualquiera de mis viejitos. Sé que es la ley de la vida, pero aunque cada día me digo que eso es “normal y que hay que dejarlos ir” no puedo evitar sentir una profunda tristeza, ya sabes que soy así, tú eres muy fuerte y te admiro, pero yo soy muy cobarde y temo tanto que esos momentos lleguen… Te mando un abrazo y otro a la gran Franie que supo disfrutar al máximo el lugar que le brindaste como parte de una gran familia! sólo espero que cuando se vaya sólo se quede dormida, es lo mínimo que esa pequeña se merece.

    • 28 febrero, 2012 17:57

      Liz, me adivinaste el pensamiento: exactamente así desearía o deseo que sea, que únicamente se vaya así como ocurre en el cuento, porque tú ya has pasado por el durísimo trance que implica el que intervenga la mano de un veterinario para ayudarles a partir… Espero que no lleguemos a eso.

      Y sí, nuestros animales ya están viejitos y no te creas, claro que da miedo que la manera en que se vayan dando las cosas, que en la realidad no son tan poéticas ni tan bonitas. Y no te creas, quizá lo que más temor me daría es que yo me les adelantara a ellos… tú y yo somos quienes estamos siempre al pendiente y sabemos bien que su vida podría cambiar drásticamente si nos ausentáramos.

      Te quiero muchísimo. Un abrazo fuerte.

  2. Víctor Chaves permalink
    28 febrero, 2012 17:13

    Tierno pero real el relato. A lo largo de mi existencia he debido vivir varios de esos momentos. Te lo juro siempre dolieron, pero hay momentos en que tienes que entender que ese ser que tanto nos entregó y enseñó, ya se tiene que ir… que de alguna o muchas maneras, es mejor asi.
    Como siempre, te acompaño desde la distancia tratando de comprender y compartir con alguien que, desde muy lejos, se nota que es super especial con los seres vivos… incluyendo a los humanos.

    • 28 febrero, 2012 17:20

      Víctor, gracias por tu mensaje tan especial. Creo que precisamente ese es el problema con uno, que es tan complicado que no suelta. Para los animales es más sencillo, nacer, crecer, vivir, morir… Y sobre la marcha, sigo aprendiendo. Un abrazo bien grande y sincero.

  3. 28 febrero, 2012 16:23

    Precioso. Gracias.

  4. 28 febrero, 2012 16:15

    Ay Mayrita… Unx preferiría que nunca llegaran estos momentos… pero llegan llenos de dolor, de nostalgia… de amor hacia todo lo vivido, de arrepentimiento por los errores cometidos. A veces nos deshacemos por dentro porque pensamos que no lo hicimos todo, ni dijimos ni la mitad de lo que nos hubiera gustado… Lo bueno es que lxs perrxs son sensibles a esas palabras silenciosas que cada día se les dedica sin querer. Disfrutad de Fran este tiempito, permitiendo que ella también disfrute de vosotrxs.
    Un beso muy grande, y mucha fuerza para toda la familia.

    • 28 febrero, 2012 16:36

      Totalmente cierto, Lau. Fíjate que es bien curioso con esta perra, porque la adoptamos ya adulta, de 6 años, pero en condiciones pésimas porque como comenté en otro post, fue usada (explotada) como pie de cría. Cuando ya no les fue útil, la desecharon, flaca, asustada, algo agresiva, babeando sangre, con un par de costillas que se ve soldaron mal (¿accidente, golpe fuerte?), mostraba señales de que hacía no mucho había parido y no pensamos que sobreviría un año siquiera. Tuvo muchos achaques posteriores (infecciones de vías urinarias, renales, del corazón) y estuvo varias veces en el quirófano (mastocitomas y otros tumorcillos… ayer por segunda vez le hicieron un lavado gástrico) y otros achaques últimos como líquido en los pulmones y diabetes insípida.

      Y 8 años y medio después, aquí sigue. Hoy ya comió y se animó un poco, pero es como la canción, una vela en el viento y cada día me pregunto si será el último, a veces con pesar y otras, debo ser honesta, con frustración, sobre todo por la tarea de limpiar orines por todos lados.

      Pero es una perra muy dulce y buena, necia como todos los de su raza, pero noble y amiga en una palabra. Estamos ya en la cuenta regresiva y a ver cómo nos va. Y sí, a disfrutarla, porque de eso trata la vida. Un beso de vuelta, un placer leer tus comentarios.

  5. Anónimo permalink
    28 febrero, 2012 12:44

    MAY, como siempre son lindas, interesantes, certeras y como en este caso pegadoras, que te puedo decir yo en este mes me ha ido terrible comparto tu sentir, y me ha hecho llorar tu relato.
    Se que muchas veces es facil aconsejar, decir pero cuando nos toca no sabemos como lograr llevar a cabo todo aquello que aconsejamos o dijimos.
    Solo nos quedan los recuerdos en algunos casos sus cenizas y hasta los altares que les hacemos, el dolor va pasando poco a poco y va dando paso a la resignacion, me consta todo lo que nos contabas sobre la franie sus travesuras, sus logros, e incluso algunos de sus malestares.
    Les das lo mejor de ti y ellos te lo redituan con lenguetazos, cariños y esas miradas de agradecimiento ante la buena vida que les das perdona si no concluyo se me nubla la vista.

    • 28 febrero, 2012 15:29

      Qué palabras tan maravillosas, no sabes cuánto las aprecio porque mejor dichas no podrían haber sido. Agradezco enormemente no solo el poder expresar muchas cosas mediante este blog, sino el tener amigos y lectores como tú. Gracias, entonces desde el fondo de mi corazón, por todos esos pequeños seres que hacen de nuestra vida, algo incomparable. Un beso grande.

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