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Vida para elefantes

1 marzo, 2012

En los últimos 20 años, la población de elefantes en Tailandia se ha reducido casi al 1.5%, quedando actualmente menos de 2.000 paquidermos. Si bien son el símbolo de esa nación, la explotación de la cual han sido objeto ha dejado profunda huella: los elefantes son usados para carga y transporte, así como tristemente también “mendigan” en las calles fustigados por sus mahouts (entrenadores).

Es alrededor de los 3 años de edad que su vida es transformada: son separados de sus madres y sujetados con cuerdas a árboles, de manera que todo su cuerpo está casi inmovilizado, permaneciendo así día y noche mientras los mahouts los fustigan con ramas o con la pica especial que después emplearán para el entrenamiento “formal”, con la finalidad de literalmente quebrantar la voluntad del animal y para que esté “listo” para ser entrenado y reciba órdenes sin chistar. Siendo los elefantes los mamíferos más grandes sobre el planeta, se explica (sin justificarlo jamás) por qué se necesita de una tortura tal para conseguir someterlos.

Los elefantes tienen una participación importante en las principales festividades de Tailandia, en los desfiles e incluso, deportes (se organizan partidos de fútbol donde los elefantes patean un enorme balón, siempre, claro está, con su mahout a cuestas) y reciben un trato digamos que aceptable. Sin embargo, aquellos paquidermos que por razones diversas (las más comunes son el estar lisiados o ser animales “indomesticables”, como se califica a aquellos que no han sido doblegados), son animales “de segunda mano”, empleados en el campo o para pedir dinero en las calles y suelen ser animales que al final de su jornada, se les encadena (a manera de recordatorio de aquella infancia en que permanecieron inmovilizados con cuerdas) de manera que casi no puedan avanzar y se les priva de alimento.

Castigos para elefantes “rebeldes”

No es raro que haya elefantes que, acicateados por el hambre, busquen sustento en los sembradíos aledaños y logren liberarse de su cadena; para ellos el castigo es severo: pueden ser cegados a pedradas, recibir golpes o colocarles unos postes (ocultos a simple vista) detrás de las orejas para que les sea imposible el inclinar la cabeza para recoger comida.

Y aún cuando cumplan con su larga y extenuante jornada de trabajo, no están exentos de peligros: como aquel elefante macho que, atado e indefenso en un aserradero (cargaba troncos), durante la noche fue atacado por cazadores de marfil, quienes le extirparon desde la base uno de sus colmillos y el otro, en su prisa, alcanzaron a romperlo casi en su totalidad, causándole un dolor tremendo y por añadidura, infecciones severas que se extendieron no solo en su cara, sino en otras partes de su cuerpo.

Esperanza para los elefantes tailandeses

“El lugar natural de los elefantes no es la ciudad” así se resumiría la labor de la fundación Bring the Elephant Home (BtEH, que sería algo así como “Da hogar a un elefante”), quienes desde hace años han fundado un santuario en el Elephant Nature Park, ubicado en Tailandia, y donde alberga tanto a elefantes rescatados como a elefantes silvestres (muchas veces nacidos ahí mismo e hijos de los anteriores), gracias a donaciones, servicios que dan (una especie de ecoturismo, donde los visitantes pueden ver y estar cerca de los elefantes), así como un gran trabajo en el que tanto plantan miles de árboles para la manutención de los paquidermos, como el procesamiento de las heces fecales de aquellos (altas en fibra) para la elaboración de papel. A su vez, también se encargan de educar a la gente, principalmente a los niños, para que aprendan a amar y respetar a estas enormes criaturas y se evite la explotación de que son objeto.

Existe una liga para la donación online para la BtEH.

Rescate de paquidermos

Parte de la población que habita en el parque, han sido rescatados de las calles y campos de Tailandia, lo que en realidad significa que han tenido que pagar por ellos. La transacción es similar a la de un vehículo: depende del estado en que se encuentre y qué tan “útil” sea. Sobra decir que se eligen a aquellos que más ayuda necesitan, elefantes ciegos, lisiados, con severos daños emocionales. El precio oscila entre los 8 mil y 10 mil dólares, que no se compara con la enorme satisfacción que representa el devolver la vida a un animal que tiene el espíritu truncado después de años de vejaciones (hay elefantes que superan los cincuenta años de edad y toda su vida han sido esclavizados).

Ya en el santuario, se les reintegra con la manada y es muy probable que alguno de los elefantes que ahí se encuentran, haga migas con el recién llegado y que incluso, sea su guía. Aquí comienza un nuevo entrenamiento para ellos, pero para ganarse su confianza mediante una especie de “reforzamiento positivo” utilizando comida, jamás golpes.

Y claro, para que todo esto resulte, la BtEH pide a la gente, turistas principalmente, que no les dé dinero a los elefantes que mendigan con su mahout en las calles, pues se fomenta este tipo de esclavitud (además de que está prohibido: en la página de la BtEH vienen los teléfonos a los cuales reportar esta situación) y es preferible que en su lugar visiten el parque-santuario de paquidermos y aprendan más sobre estos inteligentes, nobles y gigantes compañeros de Tierra.

Finalmente, es muy importante el entender esto: el mejor lugar para un animal silvestre, es su hábitat natural, no los circos, zoológicos o espectáculos varios, que por muy coloridos, alegres o graciosos, significa en lo absoluto que el animal protagonista la está pasando bien, ya que lo más seguro es que exista una historia llena de sufrimiento innecesario, vejaciones y crueldad.

¡Vida para los elefantes!

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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4 comentarios leave one →
  1. 2 marzo, 2012 03:05

    Extraordinario artículo. Gracias.

  2. Chely Lozano permalink
    1 marzo, 2012 17:21

    excelente artículo Mayra!! gracias x la aportación.

Trackbacks

  1. Madagascar 3, ¿en apoyo a los circos con animales? « Relatos Caninos

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