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¿Recuerdas, Frannie..?

23 marzo, 2012

Frannie, antes de llegar con nosotros

¿Recuerdas, Frannie cuando llegaste? Eras apenas una sombra de tu juventud al bajar del vehículo que te trajo hasta nosotros. Bajaste con paso vacilante, contrastando con la otra magnífica perra que en ese entonces todavía era de la persona que te rescató y que en estas vueltas que da la vida, pocos años después también formaría parte de nuestra familia.

Hubo foto del recuerdo, fuiste buena y tímida, pero distante. Rato después se marcharon y llegó la hora de dormir. Te improvisé una cama y te quedaste sentada, rígida. Cuando traté de bajar tu cabeza, me mordiste de repente y noté por vez primera esa mezcla de miedo, dolor y enojo en tus ojos, que les daba un aspecto siniestro. Pasaron los días y aceptabas a la otra perrita, mas no al perro, que inútilmente trataba de jugar contigo. Te tirabas de costado (lo que Raúl dio por llamar “tu gracia”), con cierta dificultad por lo flaca que estabas para que rascáramos tu panza, pero noté que también era una muestra de sumisión.

Frannie, el día que llegó con nosotros

Debías comer aparte, porque eras arisca y agresiva, algo que era incompatible con tu raza, y Raúl y yo recordamos entre risas cómo una vez que te dimos un hueso, él se acostó justo a tu lado y te fastidiaba un poco: cada vez que él te decía algo, gruñías, y el gruñido aumentaba cuando él tocaba tu cabeza y te hacía una entrevista llena de graciosas tonterías a las cuales el gruñido era excelente respuesta, mientras Liz los observaba infartada, pidiéndole a Raúl se retirara porque en cualquier momento lo mordería. (Bueno, de hecho así ocurrió).

Toleraste muy bien las visitas al veterinario, porque eran una magnífica oportunidad para viajar en auto y pedías ir en la ventana, con las larguísimas orejas volando como papalotes al tiempo que olisqueabas esta nueva ciudad, tan distinta a las otras donde viviste.  ¿Recuerdas cuando salimos de paseo con los otros dos perros? Al inicio no les podías seguir el paso de tan débil que estabas, pero no perdonabas el dejar la salida, incluso al día siguiente de esterilizarte, me suplicaste salir con ellos y salimos todos, caminando muy despacio por tu cirugía… siempre fuiste feliz olisqueando el suelo, las plantas y flores silvestres, eso sí, sin dejar la seguridad de la banqueta y el piso firme, porque nunca te gustó mucho pisar la tierra.

Fuimos algunas veces todos juntos a visitar a los papás de Raúl y él quiso llevarlos a la barranca. Se decepcionó un poco cuando vio que ni tú ni el perro quisieron entrar al agua… perros citadinos. Nos reímos al ver su reacción de sorpresa al pisar una parte mojada y después vieron con azoro a los chivos que eran pastoreados cerca del agua. Muchas cosas que no sabías que existían y ahora disfrutabas.

De paseo afuera del IBT de la UNAM

Hubo también momentos trágicos, como aquella vez que regresamos a casa y descubrimos que habías cazado a nuestra cuyita: llevaste su pequeño cuerpo y lo depositaste frente a mí. Eso me afectó mucho, y no se comparó al ver que también habías dado cuenta de mi conejo más querido. Sentí por un momento que había cometido un error al traerte a mi casa, una perra rara, de mirada oscura, que no sabía jugar y que se sobresaltaba si la tocaban de improviso. Pero fue justo ahí cuando me diste una de las mejores lecciones de mi vida: me enseñaste a perdonar y a dejar ir. Aullaste esa noche, al darte cuenta de que después de que habías encontrado un nicho donde guarecer tu atormentada vida, posiblemente lo perderías. Fui y te hablé, te dije que no había sido tu culpa, entendí por qué lo habías hecho (para complacerme) y al día siguiente ocurrió algo maravilloso: gran parte del velo oscuro de tu mirada, desapareció.

¿Recuerdas que fue cuando comenzaste a jugar con el perro? Aceptabas ya que los perros se echaran a tu lado y ya no gruñías cuando te alimentábamos. Tu cuerpo cambió y estabas hermosa, ¿quién diría que cuando te adoptamos parecía que te quedaban solo meses de vida? Después llegó otra perra a nuestra familia, también en malas condiciones, y le marcaste la pauta. Siempre fuiste la matriarca de la familia y aceptabas nuestras bromas y juegos. Identificabas la voz que hice para ti y nos divertíamos cuando te tomaba por las patas delanteras (tú sentada en tus cuartos traseros), y te hacía “bailar” con ese baile tonto en el que yo decía que era “tu show”, en donde cantabas y tarareabas una canción. Raúl reía y silbaba, abucheando, pero siempre le “contestabas” algo gracioso y todos nos reíamos, los demás perros a su manera, ladrando, corriendo y agitando sus colas.

Conociendo a Alex

Todo eso ocurrió en medio de achaques que se siguieron uno a otro, más visitas veterinarias y cirugías. Hubo también un par de sustos, el primero cuando casi se detiene tu corazón en el consultorio, y el segundo el año pasado, que tuvimos que llevarte de urgencia por una posible dilatación gástrica. Pero siempre resististe y tu mirada se hizo plácida y feliz. Nació entonces mi pequeña y fuiste a darle la bienvenida, cuando todavía subías las escaleras hasta nuestra habitación, la olisqueaste con satisfacción y te fuiste a la planta alta, a tomar el sol (o a contemplar el cielo tan claro de esta parte de la ciudad).

Una noche te enfermaste y estabas muy intranquila. ¿Recuerdas que como yo cuidaba a la bebé Raúl pasó casi toda la noche contigo, cuidándote y hablándote? Pocas veces lo he visto tan preocupado como esa vez. Pero nada se comparó con la vez que, estando ya nuestro quinto can, esa magnífica perra que te acompañó la primera vez, se escaparon tú, ella y la perrita pequeña mientras la madre primeriza que era yo trataba de sacar a su bebé atorada en su sillita. Te alcancé en la calle, mientras con gran desparpajo considerabas cruzarla… Bebé en rebozo e improvisando una correa con mi cinturón, las traje a todas a casa. Y no fue la única vez, sino también cuando a Raúl se le escaparon de las manos, pero contigo no hubo problema, porque tú siempre fuiste una dama que iba a trote ligero y cadencioso.

¿Recuerdas también todas las noches que me has acompañado los últimos tiempos mientras escribo, justo como ahora? He pasado momentos tristes, de incertidumbre, y mientras los demás duermen, siempre has estado conmigo, incluso apoyando tu cabeza en mi muslo, que es lo más cercano a un abrazo.

Pidiendo bocado

Extrañaré entonces todas esas pequeñas cosas, tan cotidianas. Extrañaré el acariciar tu cabeza y el darte, casi sin darme cuenta, uno o varios bocados de mi comida. Extrañaré esos fines de semana en que te dábamos un almuerzo especial, o cuando festejamos un par de veces tu cumpleaños. Echaré de menos tu presencia al lado de la estufa mientras cocino y casi me tropiezo contigo. Extrañaré mirar a un costado y no toparme con tus grandes y nostálgicos ojos castaños, que ya no son amenazantes, sino que desde hace mucho han sido maternos y cargados de ternura.

Extrañaré tu ladrido ronco y profundo, que incluso hacía vibrar los tanques de gas y que en las últimas noches, ha sido tu manera de avisarme que necesitas que te cambie porque tu cama está mojada, porque tienes sed, porque ya no puedes caminar, porque te duele esa úlcera en el codo, porque ya tu cuerpo no puede más con ese enorme corazón agrandado… agrandado por la edad, por la enfermedad, pero también por el amor que nos has tenido. Extrañaré nuestros pequeños paseos y tus pequeños secretos.

Pero también, daré gracias por haber sido parte importante de nuestra familia, y sabré que no me equivoqué al aceptar a esa perra que nadie quería por enferma, adulta y huraña. Mañana será un día triste, pero te prometo que estaré bien y te acompañaré en esta última etapa, y sé que llegará el momento en que nos veamos en ese otro plano, tú rodeada de todos los cachorros que tuviste, de tu compañero que te fue arrebatado en otra vida de penurias, y me dirás, “¿recuerdas que un día volveríamos a vernos?”.

Hasta siempre, querida Frannie…

Frannie trascendió al día siguiente, en una soleada y tibia mañana de primavera. Raúl y yo estuvimos a su lado mientras la inyectaban. Ella todo el tiempo estuvo serena y tranquila: poco a poco se cerraron sus hermosos ojos y se relajó. Fue una despedida dulce y apacible. Mientras Raúl acompañaba a la puerta a nuestro veterinario de cabecera, yo la abracé y olí por última vez su pelo, suave y limpio. Sentí mucha paz y supe que ella era libre y feliz.

(Algo extra, si me lo permiten: en los posts que siguen he descrito con detalle sobre esta experiencia de dejar partir a Frannie, hablo de su vida anterior, antes de llegar a nosotros, así como los preparativos a su partida (nuestro contacto con Interespecies para ayudarnos en este trance), qué me comunicó Frannie mediante Daniela Camino, y finalmente, cómo trascendió Frannie).

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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24 comentarios leave one →
  1. bertha permalink
    29 marzo, 2012 13:54

    May: Este relato me conmovio hasta las lagrimas, se lo díficil q es dejar ir a alguien a quien se a amado tanto, aún sabiendo q es lo mejor. Frannie cumplió su cometido en esta tierra y ahora esta feliz en el cielo de los perros ! un gran abrazo…

    • 29 marzo, 2012 14:23

      Hola Bertha

      Gracias por seguirme leyendo: ya leerás el resto de la historia, en un bloque de 4 posts que hice después de este. Sí, seguramente está en el cielo perruno, junto con nuestros otros canes que ya se adelantaron y de allá observa…
      Otro abrazo

  2. Sandra Michel permalink
    28 marzo, 2012 20:07

    Querida y admirada Mayra:: no tengo el gusto de conocerte personalmente pero conozco la grandeza de tu corazón junto con este relato que has hecho que lo lea con ojos llorosos. No estes triste por Frannie, ella de seguro en su reencuentro con sus compañeros de vida estará contando lo felíz que tú y tu familia le hicieron disfrutar y que algún día estará lista para guiarte y cruzar “ese” puente, mientras tanto ten la seguridad de que tienes un ángelito de cuatro patitas llamado Frannie. Un fuerte abrazo Mayra…*

    • 28 marzo, 2012 22:22

      Sandra, muchas gracias de todo corazón por tu mensaje y hermosas palabras. Debes saber que si bien fue muy triste escribir esa carta, me ayudó mucho hacerlo (si lees los posts siguientes sabrás por qué la escribí, sobre todo lo explico en el último).

      Y… ya no estoy triste. Claro que la extraño, porque fueron más de 8 años que tuve la dicha de tenerla conmigo, pero gracias a todo lo que viví esos últimos días, me sirvió -nos sirvió- para reponernos. Sé que Fran ya es parte de algo más grande y que está bien, porque nos ha seguido brindando bendiciones. Un abrazo fuerte y gracias de nuevo.

  3. 27 marzo, 2012 03:15

    Mayra, me has conmovido… Sinceramente, no puedo evitar llorar por tu pérdida, recordar a mi propia perra a quien tanto extraño y pensar en todas aquellas personas que están viviendo lo mismo que tú en este momento.
    Ánimos y un beso grande

    • 27 marzo, 2012 15:16

      Hola

      Muchas gracias por compartir este sentimiento. Creo que lo más duro ya pasó, cuando estábamos en la etapa de incertidumbre. Fue difícil verla partir, pero a la vez fue dulce, gracias a que nos preparamos (de eso estoy escribiendo en los nuevos posts) y en este momento te puedo decir que si bien siento nostalgia por los pequeños detalles y nuestras rutinas de tantos años, ya no siento tristeza.

      Un abrazo

  4. Olga Cortez Barbera permalink
    26 marzo, 2012 20:17

    Ay, Mayra, día triste. ¿Qué pasa con el cielo, que desea más estrellas? A mí, que me gusta escribir, no encuentro las palabras para trasmitirte mi profunda pena. Con Frannie es otro haz de luz que pierde la antorcha que alumbra mi camino hacia lo inexorable. ¿Cómo hago para endurecer mi sensibilidad? Bella está en cada uno de los orejones que pueblan mi corazón. Con cada partida Bella me deja de nuevo. Por eso me está siendo tan difícil arrancarme este dolor. Es tan emotivo lo que le has escrito a Frannie. Cómo me gustaría estar contigo… Aunque espiritualmente lo estoy. Amiga, reconfortémonos en la fortuna de haberlas tenido, de haber disfrutado de sus “perronalidades”,testarudeces y noblezas. Pienso lo que tú: nos esperan. Todos los días imagino que Bellita me dice: “Apúrate mami, que te estoy esperando”. ¿Te imaginas poder volverlas a ver? Recibe mi cariño.

    • 27 marzo, 2012 15:07

      Querida Olga, siempre con las palabras adecuadas. Muchas gracias amiga por tan hermosos deseos, justamente así creo que es. Me alegra tanto tenerte por aquí reconfortándome de esa manera

      Un abrazo fuerte

  5. 25 marzo, 2012 19:01

    Mayi, la verdad es que no puedo evitar el llanto al recordar a la querida y buena Franie. Debo confesar que me acobardé un poco al ir a despedirme de ella y es que sabes que sí soy muy cobarde para esas situaciones que desafortunadamente me ha tocado pasar ya algunas veces con los hijos perros, pero la verdad que no me arrepiento ni un momento de haberlo hecho y ver su mirada dulce y bondadosa, ella sabía que habiamos ido a despedirnos y de alguna forma agradeció la visita! Sé que tú, Ale y Raúl van a consolarse porque Franie tuvo una buena vida con ustedes y fue muy feliz y así como fue su existencia así trascendió, pacífica y tranquilamente. Sé que ahora ella está muy bien y que ya nada le duele y seguramente está tan feliz en compañía de todos aquellos que ya la esperaban. Ahora mismo veo a mis pequeños perrunos y me digo que hay que amarlos y comprenderlos, Puchis me mira preocupado pero le digo que estoy bien y Franie, donde quiera que estés… que Dios te siga cuidando y a tu familia humana. Un gran abrazo querida hermana.

    • 26 marzo, 2012 10:09

      Liz, ¿qué puedo decirte, a ti que entiendes bien el alma perruna? Muchísimas gracias por haber venido, eso es algo que atesoro y valoro muchísimo. Gracias por venir por Alex y hacerla pasar un rato maravilloso al visitar a la bebita de tu amiga. Gracias por venir con Liz, que (quién lo diría) se ha hecho muy fuerte.
      Gracias, gracias… te quiero mucho.

  6. Anónimo permalink
    24 marzo, 2012 13:04

    Hermoso Relato, como todos Mayra, que fortaleza! mi completa admiración para ti.. Frannie ya está descansando, en un lugar mejor que el nuestro, en el que algún día se volverán a reunir,,, un abrazo!

    • 24 marzo, 2012 20:39

      Muchísimas gracias, es lo único y más sincero que puedo decir ante tantas muestras de cariño y buenos deseos. Yo también así lo creo. Otro abrazo.

  7. Jannete permalink
    24 marzo, 2012 01:43

    Magie, aunque no puedo evitar el llanto, Dios te bendiga por el amor que tu le has dado. Si espero que algún día nos encontremos con nuestros entrañables amores caninos. Yo creo que ellos permanecen con nosotros. Te mando un fuerte abrazo y todo mi cariño.

    • 24 marzo, 2012 12:03

      Querida Jannete, muchas gracias por tu mensaje: amigos como tú entienden perfectamente estos momentos y cómo nos sentimos. Yo también creo que permanecen con nosotros, como una energía buena y una bendición.

      Un abrazo también para ti

  8. Anónimo permalink
    23 marzo, 2012 21:58

    Mayra, sin tener el gusto de conocerlas en persona, estoy contigo y no sabes qué impresión el sentimiento que me despiertan estos seres maravillosos a pesar de no conocerlos, como me pasó con Morris. Igual y es porque sé que algún día no muy lejano lo estaré viviendo en carne propia con mi Max, pero les llamaré a ti y a Lety para que me puedan dar esa fortaleza y me ayuden a verlo como debe ser. Te mando otro fuerte abrazo y sé que ellos nos han enseñado mucho más que los humanos. Frannie, buen viaje y que gran suerte tuvieron ambas de coincidir en esta vida, sin duda alguna se reencontrarán.

    • 24 marzo, 2012 12:01

      Gracias Orly, claro que sí, en lo que pueda ayudarte, cuenta conmigo. Un abrazo fuerte y muchas gracias por tus palabras tan especiales.

  9. Gina permalink
    23 marzo, 2012 20:43

    Hola Mayra me gustó mucho la biografía -si le puedo llamar así- de Frannie pues me trae recuerdos de cuando ibas a la casa por las mañanas o por las tardes y en alguna ocasión me contaste la historia de ella; veo lo realmente grande que es tu corazón para dar amor a tan nobles compañeros y también para aceptar el hecho de que la tienes que acompañar a emprender el gran camino hacia la eternidad, no quisiera estar en tu lugar pues no soportaría el dolor. Te mando un fuerte abrazo.

    • 23 marzo, 2012 21:41

      Muchas gracias de todo corazón, Gina, tú eres una persona muy especial con muchas cualidades y una percepción y sensibilidad que pocas personas tienen. Un abrazo grande

  10. 23 marzo, 2012 15:13

    Buf… Qué bello homenaje, Mayra, le acabas de hacer a Frannie. Sin duda, lo que ella se llevará consigo será todo el amor, paciencia y dediación que toda la familia le ha brindado, e igualmente es el regalo que os deja a vosotrxs. Estos momentos siempre son tristes y cargados de nostalgia, pero forman parte de la vida y vienen cargados de enseñanzas. Un fuerte abrazo para toda la familia, Mayra, y paciencia, porque, como tú muy bien dices, no será ésta la última vez que estéis juntas.

  11. Anónimo permalink
    23 marzo, 2012 13:21

    Mayra me has emocionado, de verdad. Un besazo guapa.

  12. 23 marzo, 2012 13:16

    Precioso Mayra. Mucho ánimo para ese momento duro, pero que seguro no eclipsará todos los minutos maravillosos que habéis vivido juntas. Sin duda, habrá un reencuentro algún día, en otro lugar. Un beso grande.

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