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La trascendencia de los perros: recordando a Frannie

26 marzo, 2012

Quienes han pasado por la experiencia de perder a un ser querido, comprenderán de inmediato el dolor y la pérdida que otros hemos experimentado a vivir lo mismo. Y si ese entendimiento va más allá de la especie a la que pertenezcamos, la comprensión, la hermandad y la empatía alcanzan un nivel integral y universal.

Hace apenas un par de días falleció nuestra perra Frannie. Fue un ser muy especial, para empezar porque ella era mi perra y yo, su humana. No podría describir en este breve espacio todas cualidades que tenía y la manera en que transformó nuestras vidas, pero aunque no es el objetivo principal de estas letras, no podré evitar hacerlo.

La historia de Frannie

He escrito cuentos e introspecciones sobre ella, pero no he narrado su historia, que más o menos fue así: nació el día 29 de agosto de 1997 en un criadero de Querétaro, de acuerdo al documento que acredita su CPR (Certificado de Pureza Racial). Se llamaba “Peque”, e irónicamente llevaba el apellido del criador, quien hasta la fecha me pongo a pensar en si alguna vez le preocupó conocer el paradero de esta basset hound, o si le interesó saber qué fue de ella. Francamente, no lo creo: un criador ético y profesional, conoce el destino de todos y cada uno de los cachorros de sus camadas.

Debió ser una cachorra preciosa. Supongo que en algún momento la compraron, quizá esta persona se fastidió (porque mucha gente se deja llevar por el aspecto y raza del perro, muy pocas veces investigan si es o no el perro adecuado para ellos), así que la revendió y comenzó un largo calvario para Peque, hasta que ya no fue útil. Fue cuando llegó a mí, a mi familia.

Hace 9 años ya habíamos adoptado un basset hound macho, Frodo, y una perrita cruza de cocker, Frida (cuya foto engalana este blog). Persuadí a Raúl de que adoptáramos otro basset, pero ahora una hembra. En noviembre de 2003 mandé mi solicitud a Al Rescate Perruno (asociación que posteriormente se llamaría CAESPA, A.C. y de la cual yo formaría parte), sin saber que casi al mismo tiempo le llegaba un mensaje a Majo, del Portal Basset Hound de España, de un individuo que tenía una basset que “ya no podía cuidar”, que “una sola vez tuvo una cría y no la quiso”. Como remate, decía que si no encontraba quién la quisiera, la echaría a la calle.

Ante semejante amenaza, Majo contactó al Club de Bassets del DF para buscar un adoptante, pero los pocos que se acercaron lo hicieron o por interés (al saber que era de criadero y estaba tatuada, la querían para cruza) o porque pensaban que se trataba de una cachorra o un animal joven. No era así: tenía ya 6 años de edad, estaba deprimida y con una salud muy precaria. Cuando les dije que no me importaba su edad ni tampoco cruzarla (mis otros dos perros estaban esterilizados), decidieron dármela. Supe que la entrega fue en un punto neutro de la Ciudad de México y que el tipo que la llevó tenía mucha prisa en deshacerse de ella. Me enviaron fotos, pero después me di cuenta de que esas fotos no eran recientes (lucía más joven y en su peso) y con todo y que los bassets tienen los párpados caídos, la pobre Peque se veía muy triste y desolada.

La trajeron hasta mi ciudad y les di el donativo acordado por la adopción (para pagar los gastos generados tanto en veterinario como en la pensión en la que estuvo antes de que viajara acá). Entonces le cambiamos de nombre y la bautizamos como Frannie. Era una perra sumisa, pero desconfiada, que le daba miedo si la tocaban de improviso (ladraba, con dolor), pero que también podía ser agresiva si se sentía amenazada.

Al día siguiente la llevamos al veterinario: babeaba sangre porque tenía una gingivitis muy avanzada, estaba muy desnutrida, con hongos en la piel, tenía las uñas muy largas, una deformidad en el borde de las costillas (producto quizá de un accidente o de un golpe sumamente fuerte) y hacía poco había parido. De hecho, poco tiempo después que recuperó su peso la esterilizamos, nuestro veterinario nos dijo que Fran había sido explotada y había tenido crías en cada celo (como unas 10 veces en su vida), lo que había deteriorado mucho su salud. Quizá nunca se recuperó del todo, porque tenía problemas óseos (su lomo se había deformado) y de cuando en cuando, problemas de vías urinarias, por no hablar de la remoción de varias piezas dentales debido a la gingivitis y a la aparición continua de mastocitomas en su cuerpo, razón por la cual tuvo que ser sometida a cirugía varias veces para removérselos.

A Frannie le daba miedo quedarse encerrada y los espacios pequeños, razón por la cual me costó mucho trabajo enseñarle a hacer sus necesidades en nuestro diminuto patio. Durante algunos años renegué limpiar el piso de la cocina continuamente mojado con orina y la premiaba mucho cuando conseguía salir. Curiosamente la última etapa de su vida con nosotros comenzó por fin a hacer más veces afuera que adentro… y sonará absurdo, pero ahora que no está extraño ver el piso de la cocina limpio, porque me recuerda su ausencia.

Tenía un carácter hosco y apesadumbrado, que muchas veces me recordó al burrito Igor de Winnie Pooh, que poco a poco, y en esa carta que escribí para Frannie, fue cambiando para bien.

Continua en el siguiente post…

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

7 comentarios leave one →
  1. bertha permalink
    29 marzo, 2012 14:13

    me da tanta rabia leer como una pobre perrita puede ser tratada como fabrica de cachorros q generan dinero, dinero y más dinero !!!!!ojála y todos desaparecieran para siempre !!!
    por otro lado, agradezco enormemente a la vida por contar con personas como tú, May, q tienes tanto amor y tanta bondad en tu corazón !!!!!

    • 29 marzo, 2012 14:32

      Hola Bertha

      Honestamente no creo merecer tan grandes palabras, en serio. Creo que sencillamente soy otra persona que vio un poquito más allá de las apariencias y que si podemos ayudar a que otros vean también un poquito más allá o que incluso hagan más, este mundo podrá cambiarse, eso siempre lo he creído.

      Un abrazo fuerte

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