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La trascendencia de los perros: los últimos preparativos

28 marzo, 2012

Fue a finales de febrero de este año que la salud de Frannie comenzó a deteriorarse a pasos agigantados. Tuve que llevarla de urgencia al veterinario porque comenzaba con principios de dilatación gástrica y le costaba mucho respirar: jadeaba de tal manera que más de una vez el taxista volteó a verla porque emitía gruñidos, en un esfuerzo por inhalar.

Cuando la medicó y revisó mi veterinario, movió la cabeza y muy serio me preguntó que qué quería hacer con ella, de tan mal que estaba. Me dijo que además de la posible dilatación, el soplo de su corazón se había agravado considerablemente. Miré los ojos de Fran y me di cuenta de que ninguna de las dos estaba lista para despedirse, así que le dije al doctor que por favor hiciera lo posible, siempre y cuando no fuera invasivo. Accedió y el resto de la tarde estuve a la espera de que me llamara en cualquier momento para decirme que había muerto. Pero Frannie nuevamente resistió, de hecho increíblemente se repuso y estuvo lista, casi a punto de anochecer, para irse con nosotros a casa.

El último mes con Frannie

Los días siguientes Fran a veces tenía apetito, otras muy poco. A veces se animaba al punto de ladrar roncamente por su comida, pero otras se replegaba del resto y aguardaba paciente su turno de alimentarse. Todavía salimos dos o tres veces a dar la vuelta, cargándola en las escaleras que dan acceso a la calle y caminando a su ritmo. Los paseos siempre la animaron y recuerdo bien la última vez que salimos: olió con cuidado cada fragmento de la calle, las florecillas silvestres y las pisadas y marcas de otros perros. Cuando la bajé por las escaleras y la deposité en el suelo, se quedó echada, agotada; la animé y se incorporó, sacudiéndose, olió la entrada de la casa y todavía intentó mordisquear algo de pasto. Subió con especial cuidado el escalón de acceso a nuestra casita y ya adentro, descansó.

Y llegó a mi cumpleaños: estuvo contenta y apacible, su presencia fue uno de mis mejores regalos (que vaya que recibí muchísimos ese día de tanta gente tan querida, uno de los mejores cumpleaños que he tenido) y los días siguientes fueron muy buenos, de verdad: de hecho su veterinario vino a revisarlos a todos y se sorprendió de lo bien que la veía. Pero el 9 de marzo ya tenía dificultades para levantar las patas traseras, además de que un ganglio de sus patas delanteras se inflamó al punto de supurar; de ahí vino una hinchazón y dolor de esa pata. Al día siguiente, ya no pudo levantarse; la revisó el veterinario y dijo que podría tratarse de un osteosarcoma y le dio tratamiento (la pata hinchada comenzó a supurar del lado del codo, produciéndole una llaga). Pareció mejorar con el tratamiento y después comenté a una amiga cercana que consideré el mandar a hacer una silla de ruedas especial para ella, pero me di cuenta de que me estaba engañando: Frannie presentaba más dolor y achaques. La dolorosa verdad era que ya no iba a mejorar.

El contacto con Daniela

Una vez que supe que mi perra ya no iba a seguir luchando por su vida, por mucho que siguiera mostrando fortaleza y serenidad, me di cuenta de que tendríamos que tomar la decisión de ayudarle a morir, mediante la eutanasia. No estoy en contra de esta práctica, pero me dolía el mero hecho de pensar en que estaba eligiendo el quitarle la vida. ¿Estaría de acuerdo?, ¿era el momento indicado?, ¿qué sentiría Frannie al respecto?

En el post anterior mencioné sobre la trascendencia y comunicación con animales, así que recordé a Daniela Camino, de Interespecies y le mandé un mensaje urgente en donde le comentaba brevemente la situación. Como se indica en su página, atienden antes de dos días este tipo de solicitudes, pero todo se dio tan bien que recibí respuesta un par de horas después. Envié todo lo que me solicitaron (como su foto reciente, una breve semblanza y qué necesitaba saber). Me citó a la hora en que precisamente voy por mi pequeña a la escuela, así que cuando le dije a su asistente que cómo podría resolverse, con amabilidad me dijo que no era necesario que me lo dijera verbalmente, que me enviaría una carta.

Frannie está muy cansada, como si solo quedara una chispita de luz en ella. Me enseña que en su corazón hay mucho amor, pero es lo único que la sostiene. Ella sabe que va a trascender pronto: me enseña que ella quiere reunirse con muchos cachorritos (hijos o compañeros que ya trascendieron, jóvenes) y que sabe que va a reunirse con su familia. (Comunicación entre Fran y Daniela Camino).

Minutos más tarde tembló fuerte y mis perros quedaron quietos pero expectantes de lo que hacía. Miré cómo el agua amenazaba desbordar una de las peceras y me quedé cerca de la puerta y de ellos, planeando sacar cargando a Frannie en caso de que el sismo empeorara y salir rápido con el resto. Fran solo levantó las orejas y se quedó quieta, en su lugar. Después sabría por qué.

El ritual

Más tarde Daniela me mandó puntualmente una carta de casi tres cuartillas, donde narraba la “charla” que había tenido con Frannie. Sobra decir que lloré a mares mientras la leía. Comprendí muchas cosas y por fin supe más sobre su vida anterior a la nuestra y algunas de las muchas penurias que había pasado.

Frannie me enseña que cuando ella tenía unos 3 años sufrió mucho, mucho emocional y físicamente (quizás partos muy difíciles o algo similar) y que fue testigo de cómo maltrataron y golpearon a un perro que ella amaba (de hecho trascendió -murió- a golpes) y que fue difícil cargar con todo ese dolor. Incluso iba a morir en ese entonces, pero debido a que es muy fuerte siguió viviendo, porque muchos animales confiaban en ella, porque era la matriarca, líder e irradiaba mucho amor.

(Comunicación entre Fran y Daniela Camino).

Me repuse y comencé con los preparativos. En la comunicación que tuvieron, Frannie me indicaba que sí, que efectivamente estaba de acuerdo con ayudarle a partir, pero deseaba que estuviéramos presentes Raúl y yo. Él estaba de viaje y planeaba llegar entre el 23 y el 24 de marzo, así que llamé a mi veterinario para pedirle viniera el sábado, para asegurar que Raúl estuviera aquí.

Fran le indicó a Daniela que escribiera sobre su vida conmigo, sobre todos los momentos felices, situaciones divertidas, también sobre los demás miembros de nuestra familia. Así que de ahí resultó la emotiva carta que le escribí y que titulé “¿Recuerdas, Frannie..?”. Aunque siga pareciendo poco creíble esto, en por qué mi perra pediría esto, sé que también lo hizo porque me conocía bien y sabía que me haría mucho bien el hacerlo.

La vida también tiene su lado amable, me gusta que seamos una familia, me gusta sentirme segura, estoy contenta aquí y esto jamás lo olvidaré. Me siento reconciliada con la vida y esto es el regalo más grande que me podían haber dado jamás. Dile que la amo (a Mayra), y amo esta casa, me siento bien (me enseña que durante años o épocas con agudeza tenía pesadillas y que eso se le quitó por el amor que recibió en tu casa). Dile que estoy de acuerdo y que podemos hacer una eutanasia pronto.

(Frannie a Daniela).

Me costó mucho trabajo escribir esa carta, por ello la postergué y fue publicada un día antes de su partida. La leí y releí muchas veces, y cada vez que lo hacía, me sentía un poquito mejor. Mi perra me observaba con mirada plácida, porque es aquí que debo añadir algo muy importante: Daniela, quien es sanadora energética, me dijo que le había sanado su tristeza, le dio mucho amor incondicional (que le ayudó a aligerar esas etapas tan duras de su vida pasada), así como pidió que “llegaran sus ángeles, guías y la información que necesita para trascender en paz y en amor”.

Ocurrió algo que no ha dejado de maravillarme: Frannie cambió, incluso su olor cambió. El ambiente de la casa últimamente había sido pesado, con un olor acre, que ahora identifico a miedo, dolor y cosas negativas. Ahora todo era de alguna manera mejor, podía palparse. Fran mejoró mucho y recuperó su apetito y buen humor (incluso la grabé mientras ladraba con los demás pidiendo su comida); salvo que no caminaba, ella estaba normal, casi radiante. Y todo gracias a la sanación de Daniela Camino.

Frannie sintió que después del sismo que se sintió antes mucha oscuridad se disipó y que hay más ligereza. Ella siente que es buen momento y que un capítulo nuevo –energético, más ligero- acaba de abrirse para todos y que es propicio descansar.

Sin embargo, la noche del jueves mi perra se quejó más que de costumbre. Las últimas noches era habitual que me parara varias veces a atenderla, a cambiarle el pañal, a asearla, a acomodarla, a darle agua y a reconfortarla. Creo yo que aun cuando estaba convencida de ayudarle a partir, en dado momento sintió miedo o tristeza de abandonarnos, por lo que durante un día no quiso que me alejara por más de un rato de su lado. Por añadidura no se sentía bien, así que la cargué con cuidado y con todo y camita la llevé hasta mi habitación, para estar a su lado. Siguió intranquila y la noté mal, así que le dije que no importaba si Raúl no estaba, que si quería irse, estaba bien. Nuevamente resistió y amaneció, ya un poco más calmada.

Raúl llegó en la tarde y nos saludó apresuradamente. Se dirigió de inmediato a Frannie y alcancé a escuchar que le dijo “ya vine, ya estoy aquí”. Por añadidura llegó muy resfriado y le dije que sería mejor que él descansara y que yo me quedara abajo, con ella. No lo aceptó, dijo que volviera a subirla a nuestra habitación, que no importaba si ladraba o se quejaba en la noche. Su presencia ayudó muchísimo a Fran, porque durmió tranquila, sabiendo que estábamos juntos. Solo me despertó una vez para pedir la cambiara y le diera agua.

Al día siguiente escuché cantar a un gorrión, justo arriba de nuestra recámara. La luz se colaba por una rendija de la cortina. Miré a Frannie y se volvió a verme, con mirada plácida. Innumerables ocasiones en el pasado Raúl y yo nos habíamos asomado a ver a Frannie, a ver si respiraba, porque había pasado por tanto que pensábamos que un día se quedaría dormida. Nunca fue así. En cambio ahora, el día de despedirnos había llegado.

Continuación y conclusión en el siguiente post

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

8 comentarios leave one →
  1. bertha permalink
    29 marzo, 2012 16:02

    cuanto amor se percibe en este relato… poco a poco la tristeza se va disipando al leer uno a uno ….

  2. Chely permalink
    28 marzo, 2012 23:04

    Mayra, mi total respeto para ti y tu esposo… espero con ansias la continuación de éste hermosisimo relato…

    • 28 marzo, 2012 23:30

      Chely, muchas gracias amiga. Estoy escribiéndolo justo ahora y mañana lo publico.
      Un abrazo fuerte

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