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Busco una mascota para mi hijo (niño o adolescente)

13 abril, 2012

Si tienes un niño mayor a 10 años de edad o tu hijo es un adolescente y estás considerando de que es tiempo de que tenga su propia mascota (a veces ya existe una, pero se trata del perro de la familia), debes tomar en cuenta las siguientes consideraciones antes de acceder a su intención de tener una.

Muchas relaciones de chicos con mascotas fracasan rotundamente porque los padres no enseñan a su hijo cómo cuidar del animal, no están atentos a la manera en que lo hace (o si realmente lo hace) y en suma, absorben toda la responsabilidad: terminan hartándose del animal y simplemente, se deshacen de él (lo dejan en una clínica veterinaria, en un asilo, en un antirrábico o lo abandonan en la calle).

Mascotas y niños de 10 a 12 años

A esta edad el niño ya es responsable, totalmente autónomo y suficientemente maduro para hacerse cargo de una mascota. (Si no lo es, cuestiónate seriamente como padre en qué es lo que está fallando). Sus obligaciones son las mismas que las de los niños de 7 a 9 años con mascotas (vamos, no hay chicos de esa edad a los que debas alimentar en la boca o debas lavarles los dientes), pero aquí el niño ya debe encargarse por completo de las necesidades básicas de su animal de compañía: aseo del lugar donde duerme o pasa la mayor parte del tiempo, lavar donde hace sus deposiciones, acicalado de su animal (si tiene pelo), alimentarle en horarios fijos, revisar que tenga agua limpia.

Pero aquí ya entran otro tipo de obligaciones, como lo serían el estar al pendiente con el calendario de la vacunación y desparasitación (si la requiere su mascota, básicamente esto aplica a perros y gatos) y revisiones de rutina con el veterinario. Insta a tu hijo a programar lo anterior e incluso, que él mismo haga la cita con el veterinario: explícale cómo hacerlo y qué debe decir.

Otras obligaciones consisten en bañar a la mascota (si es el caso), darle su medicamento, sacarla a pasear (por seguridad de todos, acompaña a tu hijo cuando lo haga) y recoger sus desechos. Si tiene perro es un excelente momento para que acuda con su mascota a un curso sobre obediencia básica, en donde aprenderá cómo socializar a su animal, cómo entrenarlo, cómo ser asertivo y en suma, a ser un líder.

Si tu hijo prueba ser responsable, cuidadoso, empático y no es un mero capricho el que tenga una mascota, es una buena edad para que tenga un cachorro (perro); no ser recomienda a edades anteriores porque es como encargar un bebé a un niño que apenas empieza a cuidar de sí mismo. Como se ha indicado en el artículo titulado Una mascota para mi hijo pequeño, sigues siendo tú como padre o tutor el encargado de velar por el cuidado, salud y atenciones que reciba el animalito, vigilando de cerca que tu hijo cumpla con lo pactado.

Adolescentes y mascotas

Si no han tenido antes mascotas, posiblemente es o porque a uno de sus padres no le gustaban los animales, o vivían en un lugar donde no era permitido tenerlas. En cierta forma hay que partir de cero, porque en ocasiones los adolescentes “dejan” de hacer cosas que ya hacían: limpieza de su habitación, ayuda en casa, incluso, el propio arreglo personal. Dado que es la edad en que las motivaciones, intereses y necesidades cambian, quizá no se interese por atender a un animal y lo descuide por completo.

Pero si es el mismo adolescente quien te pide tener un animal, y por las razones antes citadas u otras no había sido posible, es muy probable que lo cuide y atienda mejor que nadie, incluyéndote a ti. Habla con tu hijo sobre los contras que puede haber y cómo resolverlos. Entonces, platiquen con los demás miembros de la familia, en un momento relajado, sin que haya tensiones entre dos o más miembros para evitar que el tema de la mascota sea utilizado como arma o escudo.  Todos deben estar de acuerdo en aceptar el animal.

Sobre el tipo de animal, puede ser desde el más común (perro, gato, pez, ave, roedor) hasta animales digamos que “exóticos” (arácnidos, cerdo vietnamita, hurones, aves de presa), cualquier animal con el que seguramente se identificará tu hijo. Depende entonces de si dispones de los recursos, hábitat adecuado y el espacio para tenerlo. Si no es así, háblalo con calma con él, sin sentirte presionado: no tiene caso tener un animal que quizá sufra o que incomode a todos.

No olvides mencionarle (si es que no lo sabe ya), que es mejor adoptar un animal, que comprarlo: miles de animales, la mayoría rescatados de condiciones terribles, necesitan urgentemente de un hogar y pueden ser de muchos tipos de especies. Aún cuando tu hijo se incline por una especie distinta a las convencionales, es posible que cambie de opinión al conocer la historia de un animal sin hogar, y que quizá ustedes sean su última oportunidad de vida.

Si es un animal salvaje o que está en peligro de extinción o que al crecer no puedan tenerlo más, evítate problemas, ya que incluso puede ser ilegal tenerlo: sobre todo si lo venden en lugares como el tristemente célebre Mercado de Sonora, en la Ciudad de México (un corrupto mercado negro de animales tanto “permitidos” como no permitidos, donde suelen tenerlos en condiciones paupérrimas), desiste por completo. Tu hijo ya es en cierta forma adulto, y como tal, debes explicarle las cosas y consecuencias de sus actos, que pueden involucrar a todos.

¿Estoy listo para tener una mascota?

Antes de finalizar, si tu hijo pierde el interés por cuidar a su animal (no lo alimenta, no lo cuida, etc.), no cometas la equivocación de amenazarlo con deshacerte de la mascota. Tu hijo se olvidará en un dos por tres del asunto, pero a quien realmente perjudicarás, es al animal. En el caso de los perros, cientos de ellos son diariamente abandonados en la calle, en albergues, en antirrábicos (donde mueren dolorosamente por electrocución) o son “regalados” a cualquiera, quien no tienes la menor idea de si lo cuidará o no, porque cuando lo hagas, también dejarás de pensar en el asunto.

Basta entonces de negligencia e indolencia: la responsabilidad para con un animal termina hasta el final de sus días en un hogar responsable, no cuando tú te hartas y lo condenas al maltrato, al hambre, a las enfermedades, a una muerte injusta y terrible.

Retomando las palabras de al inicio, ¿estás tú como padre listo para tener un animal en casa? Si no lo estás, mejor no lo tengas y después no culpes a tu hijo por no hacerse cargo. Los animales no son juguetes, no son objetos, no son “premios” ni mucho menos, “castigos”. Cuando decides tener una mascota, es porque le estás brindando un espacio en tu familia, en tu tiempo, en tus recursos y sobre todo, en tu corazón por siempre.

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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