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En el ruedo (cuento)

23 mayo, 2012

Para todos los toros sacrificados cada semana, porque pronto termine esa barbarie sin sentido.

Soberbia y colosal la corrida de hoy. ¡Quién como el torero, con tanta elegancia moviendo el capote de aquí a allá, enfrentándose con bravío a ese magnífico astado! En contraste, daban pena ajena ese puñado de gente que afuera nos insultaba y decía defender al toro… punta de ignorantes que nunca entenderán la gloria y el honor que hay al estar frente a una mole así, puro músculo y fiereza, y la valentía y gallardía del torero que arriesga su vida y a la vez, ofrenda cada faena a nosotros, su público amado.

Quién como el torero… quién fuera toro…

* * *

Hay oscuridad total, no entiendo qué pasa. Me arden las extremidades y siento dolor en todo el cuerpo. Se escuchan gritos cercanos. ¿Habrá ocurrido un desastre? Quiero hablar y solo sale un bramido de mi boca, parpadeo y siento la vista nublada, como si hubieran colocado crema espesa en mis ojos. Me aterrorizo y justo cuando corro, una puerta se abre y todo se inunda de luz. Los gritos se intensifican y gente a pie y a caballo me rodea y soy el blanco de todas las miradas. Muevo la cabeza y siento arder algo allá arriba… son mis cuernos. Descubro con horror que soy el toro.

Todo es irreal, violento, ilógico, siento dolor, miedo, no sé hacia dónde correr. Me rodean y clavan banderillas, siento cómo se inundan mis pulmones de sangre. La adrenalina me mantiene en pie y no sé qué hacer. Un caballo relincha y se aleja cuando instintivamente trato de apartarlo con la cabeza. Mira mis ojos y veo una mezcla de vacío y miedo en ellos, no sé si de mí o de lo que ocurre o de que sabe que no soy un animal.  Eso me ha distraído y siento la espada cómo me atraviesa y de repente, caigo como muerto, pero todo siento, dolor, terror, quiero escapar, huir… No hay gloria, no hay belleza, solo hay dolor interminable… Manos que me mutilan y que muestran partes mías a la muchedumbre. El torero ha perdido su lustre y gloria, es únicamente un matarife con traje brillante. Todos son unos matarifes. No hay gloria, solo dolor interminable, interminable…

* * *

Ciudad de México. El cuerpo sin vida de un hombre apareció en uno de los cosos de la Plaza de Toros sin que haya sido identificado aún. El hombre, de unos 40 años, mostraba evidentes signos de tortura y sus atacantes utilizaron las banderillas y espadas utilizadas en las corridas de la citada plaza, situación que ha indignado no solo a la sociedad, sino a los asistentes a la plaza, ya que les parece inenarrable el salvajismo al que el hombre fue expuesto en el lugar. Se rumora que el hombre era asiduo a las corridas, pero la policía ha negado hasta el momento que se trate de una venganza de algún grupo antitaurino. Dada la crueldad con que fue masacrado e incluso mutilado, todo parece indicar que se trata de un ajuste de cuentas por parte del crimen organizado…

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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