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Bondad selectiva

18 julio, 2012

No es raro abrir la cuenta de Facebook o del correo personal para toparse de frente con hechos especialmente estremecedores: desde historias de animales cruelmente maltratados, sea por tortura o negligencia, hasta fotos explícitas que muestran el maltrato animal en casas, calles y granjas.

Hace algún tiempo uno de mis contactos publicó un aviso donde enfáticamente pedía que no le enviaran ese tipo de fotografías o de historias, lo cual es sumamente entendible, porque violentan a cualquiera. Después de explicarle que si le llegaban eran debido a la configuración de su cuenta,  ya no comentó nada y al parecer la cosa se solucionó, pero me quedé pensando que por el mero hecho de cerrar los ojos, esa situación de maltrato y/o crueldad sigue ahí, se quiera o no. Quizá alguien más ya ayudó a rescatar a ese animal, aunque lo más probable es que ya haya muerto y que la fotografía o situación expuesta en la historia solamente sea para ilustrar -a veces muy gráficamente- el sufrimiento de incluso millones de animales.

Animales en redes sociales

Siempre que posteo algo así, no lo hago para incomodar a otros (salvo dos o tres personas de mi familia, nunca, ni por error, las decenas de demás parientes llegan a comentar aunque sea algo mínimo, por lo que tengo la duda de si estoy parcialmente bloqueada en mis actualizaciones o si simplemente, “no quieren ver o saber de esas cosas tan feas“), sino para concientizar a quien lo desee, sobre la situación en que un animal existe (porque estarán de acuerdo en que no se puede llamar “vida” a eso).

No pido entonces que adopten a ese perro, simplemente que le den difusión entre sus contactos (aunque lo común es más fácil que se dejen llevar por aquellos contactos suyos que, con agria y cínica actitud, los censuran o hasta se burlan de “querer a los animalitos“), así como no pido que den cobijo o donen dinero o artículos para un refugio (si pueden hacerlo, ¡qué mejor!), sino que se den cuenta del enorme problema de sobrepoblación animal y no compren animales, así como expliquen a otros por qué no deben hacerlo.

Y sobre las imágenes sobre animales maltratados, es totalmente respetable que no se quiera tener un perro si no vamos a cuidarlo, o, yendo más lejos todavía, es un gran avance el hacer un gran cambio en nuestra vida y hábitos y por lo menos, comencemos a disminuir nuestro consumo de animales de granja, debido a las condiciones dantescas y semejantes al holocausto (no, no exagero y bien lo saben quienes han visto las fotografías) en que son “criados” y destinados al consumo humano, si no es por una pizca de empatía, al menos con la conciencia de que la cría intensiva de animales está dañando nuestro ecosistema y al planeta en general por ser altamente contaminante.

Todo esto significa que podemos ser buenos con nuestras mascotas y nuestra familia, pero cuando se trata de actuar por el bien de otros (desde personas necesitadas hasta los llamados “animales de consumo” o animales callejeros), ejercemos una especie de “bondad selectiva”, donde unos merecen ser cuidados y protegidos, mientras los otros, son meros despojos o medios de consumo.

La otra “bondad selectiva”

Lo anterior, si bien es relativo a todos, también hay otro aspecto que quiero mencionar: al pie de esas fotos e historias publicadas en redes sociales vienen comentarios de aquellas personas preocupadas por el bienestar animal o que se están concientizando sobre el mismo. Y si bien hay quienes aportan desde comentarios y propuestas valiosas, hasta acciones específicas que ellos mismos ofrecen, hay muchos otros que, ayuden o no, apuntan con dedo flamígero a los causantes de ese daño o atentado contra ese o esos animales.

No es raro entonces leer comentarios donde, además de maldecir, van más allá y desean todo el mal imaginable hacia ese individuo, a su familia e incluso, descendientes (¿qué culpa tienen sus hijos?, ¿no son acaso inocentes o quizá hasta víctimas de sus padres?). Hay comentarios bastante tajantes donde la mejor solución que proponen, es desear la exterminación total de la humanidad. Todo esto, viéndolo bien, es curiosamente contradictorio ya que mientras se llora y pide por ayuda y compasión hacia unos, al mismo tiempo se exije la cabeza y se expresa un odio visceral y recalcitrante con palabras rayanas en lo obsceno hacia quienes inflingen ese dolor. Mientras al mismo tiempo se preguntan “por qué hay gente tan mala“.

¿Quién debe cambiar?

Sí, es cierto que como especie hemos causado en pocas décadas o un par de siglos los mayores daños a la naturaleza y a los animales que estos pueden soportar, pero también que somos nosotros quienes podemos lograr un cambio. El cambio consiste, primeramente, en los principios básicos que siempre he arengado: adopta, no reproduzcas, esteriliza, así como su continuación: fomenta la adopción, edúcate sobre cómo ser un dueño responsable y educa y enseña a otros.

Pero el cambio debe también ser interno: habemos muchas personas que predicamos lo anterior y nos sentimos superiores a los demás, como si un halo de luz nos envolviera. De hecho, no hace mucho vi un cartel con fotografías donde se exponían gráficamente cómo son percibidos los protectores de animales por diferentes actores sociales, y casi al final, venía una foto donde mostraba cómo son vistos por los animales y la figura era de un ángel. Tampoco hay que exagerar, ya que cuando se toma uno mismo atribuciones divinas, tiende a tomar un aire casi bíblico de ser juez y parte, y todos aquellos que no están de acuerdo, son “malos y ruines” (por matizar un poco los términos), y los que están parcialmente de acuerdo, son “falsos e ignorantes”. Vamos, tiende uno a ver y a juzgar en blanco y negro, lo cual es una actitud realmente deplorable y que afecta a quienes nos rodean y también a los animales que queremos ayudar.

Más bien creo que no se puede ser una persona (dejemos de lado el título de “protector animal”, que es muy vasto y profundo) que busca el bien para unos, pero al mismo tiempo está llena de decepción, amargura y odio hacia todos los demás. Yo considero que los pensamientos pueden materializarse y traducirse en acciones, o como mínimo causarnos daño (quien siente continuamente aversión y enojo hacia otros, no es raro que enferme), así que todo pensamiento negativo o evasivo, tiene sus repercusiones. Hagamos entonces lo que nos corresponda, lo que esté a nuestro alcance en la medida de nuestras posibilidades, por el bien de otros.

Y cuando veamos acciones ruines, de infligir dolor, miedo y muerte hacia otros (por lo general a seres inocentes e indefensos), sí, hay que actuar, pero para ayudar; sobre los otros, los que dañan, matan, destruyen, dependiendo de las ideas o creencias de cada quien, hay que enviarles buenas vibras para así ayudar a crear más pensamientos y acciones positivas, que es lo que nuestro mundo necesita para poder ser sanado.

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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4 comentarios leave one →
  1. 21 julio, 2012 05:17

    Cerrar los ojos, no es una opción.

  2. bertha permalink
    19 julio, 2012 17:52

    excelente artículo como siempre !!! difundamos…

  3. Anónimo permalink
    18 julio, 2012 12:41

    Felicidades May, como siempre es un gran artículo y si tienes mucha razón la difusión es primordial pues de esto se lleva a la concientización y de ahí ver donde estan nuestras fallas y poder buscar una solución.

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