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Callejeros con dueño

19 julio, 2012

Hace unos días una de mis mejores amigas me llamó un tanto desolada para pedirme el teléfono del crematorio local. Como pudo, me explicó de manera triste y precipitada que la perrita callejera a la que su familia cuidaba, había tenido que ser sacrificada por una herida recibida. Hablé con ella un poco para tratar de tranquilizarla, indicándole que ellos habían hecho lo que habían podido y que ahora esa perrita ya estaba en paz en otro plano.

Poco después una de las hermanas de mi amiga, otra buena amiga mía, me escribió para contarme la historia de esa perrita. Por diversas cuestiones tardé en contestarle y es hasta ahora que leí con detenimiento su correo para conocer lo que ocurrió realmente, lo que da pie a varias reflexiones.

Los perros callejeros

Se trata de animales que o han sido abandonados en la calle por sus otrora dueños, o son descendientes de otros perros abandonados o callejeros. A fin de cuentas, son producto de nuestra negligencia humana, ya que adrede o por ignorancia, reproducimos o dejamos reproducir sin control a los animales de nuestra propiedad. El término “propiedad” lo aplico porque muchas personas tienden a cosificar a sus perros o gatos, y esa es la razón más simple por la cual les tiene sin cuidado su situación (que medren en la calle, que se apareen en la calle, que molesten a otros -personas o animales- en la calle) o que por el mero hecho de ser de su propiedad, no entregarán al animal aunque no lo alimenten o se encuentre en un estado deplorable (enfermedades, inanición, herido).

Ese es entonces el origen de los perros callejeros: la gente negligente (debo aclarar que esto es independiente de si los tratan bien o mal, como veremos a continuación).

La historia de Pamela

Ese era el nombre de la perrita que da inicio a esta Introspección. Se trataba de una perra criolla -como hay miles- que llegó a una de tantas calles de esta ciudad, y que al ver que el lugar no era tan adverso como otros, simplemente se quedó ahí. Esta es entonces una historia como muchísimas que hemos leído. Aparentemente tenía dueños (cosa que no me quedó claro en su relato), que como expliqué antes, de haberlos no se hacían cargo de la perra, por lo cual la familia de mi amiga decidió alimentarla. Ella jugaba con los niños, aunque al parecer más bien les servía de diversión. Un día quedó preñada y la llevaron a esterilizar y se convirtió en algo así como la perra de todos. Pero también, de nadie: se convirtió en una “callejera con dueño”.

Los otros callejeros con dueño

Entra aquí otra historia, que llegó a nuestra página de CAESPA en Facebook, donde una persona me escribió para buscarle casa o refugio (esto último lo había enfatizado) a un perro también callejero al que ella y su mamá alimentaban. Mencionaba que se trataba de un animal bueno y noble y que merecía un hogar. Incluso ya le habían dado un nombre.

Hago un paréntesis para explicar lo que son los albergues de animales. Si bien ya lo expliqué en el artículo resaltado palabras atrás, mucha gente todavía tiene la idea de que se tratan de una especie de santuarios para todos los perros sin hogar, algo así como una especie de paraíso terrestre creado por humanos bondadosos, dedicados, altruistas y desprendidos que aman a los animales. Sí, si bien es cierto que muchas veces (no todas, por desgracia) los albergues son manejados por gente de gran nobleza y muy dedicada, hasta ahí llega este concepto romántico: se trata de lugares donde diariamente llegan muchos animales, y por cada animal que sale (entiéndase que es adoptado o que por alguna razón ha fallecido), llegan al menos tres. Continuamente tienen todo tipo de carencias, sobre todo de alimento, los animales viven en espacios reducidos o incluso de hacinamiento (porque es la mejor manera de controlarlos, de acuerdo a su talla, edad o temperamento), las instalaciones a veces no son las adecuadas (hay protectores independientes que incluso convierten sus propios hogares en albergues) y todo el tiempo las personas encargadas viven en constante estrés y cansancio para poder hacerse cargo de los animales albergados, que a veces se cuentan por cientos. Por ello los albergues no son el mejor lugar para llevar a un animal y más bien son la última alternativa para casos extremos.

Volviendo a la historia y viendo que este perro era muy bonachón y lo querían, le recomendé a esta chica que mejor se lo quedaran o por lo menos, le dieran cobijo en lo que le encontraban un hogar. Para ello le expliqué lo siguiente: por un lado, el animal está expuesto a decenas de situaciones, incluso peligrosas, en la calle; por otro, a ojos de los demás vecinos, los negligentes eran ellos, la familia de esta chica, al tener a su perro en la calle. Ella no había caído en cuenta de esto último, así que aparentemente decidió darle hogar -no sé si temporal o permanente, no ha vuelto a escribir- a este simpático callejero.

El final de Pamela

Con Pamela entonces, ocurrió algo similar, pero con un derrotero distinto. Mis dos amigas me la describieron como “buena guardiana”, lo que significaba que de alguna manera se había adueñado de la calle, que era su hogar. Quizá únicamente ladraba a la gente foránea, o quizá llegó a dar un leve escarmiento a aquellos chiquillos que se excedían en sus “juegos” y la molestaban. Esto último no agradó a alguien, quien amenazó con tomar represalias. Mis amigas argumentaron que no era agresiva, que solo se defendía, que era buena con todos… Pero con todo y que la llevaron a esterilizar, la cuidaron un par de días en el postoperatorio y la siguieron alimentando, cometieron un error muy grave: la dejaron en la calle, a pesar de la amenaza.

Como consecuencia, un mal día alguien lastimó terriblemente a Pamela. Y aunque la llevaron con una protectora local, les dijeron que no podía hacerse nada y tuvieron que ponerla a dormir.

La polémica de ciertas protectoras

Otro paréntesis más, si me lo permiten. Aunque esto más bien es tema de otro post, no quiero pasar por alto el señalar algo importante: no todas las protectoras de animales cuidan la vida del animal, aunque así rece su lema. Para algunas lo más sencillo, es ponerlo a dormir. Este es un tema bastante polémico y delicado que ha causado una polarización enorme entre las personas involucradas con el bienestar animal. Mientras algunas prefieren poner a dormir al animal a que vague y sufra en la calle, expuesto a cosas terribles e innombrables, otras prefieren ayudarlos dejándolos vivir y buscan diversas opciones: hogares temporales, albergue en clínicas, albergues de animales o incluso y debido a que no tienen recursos (porque deben ya mucho dinero al veterinario que atiende a los animales que le llevan, porque ya tienen varios albergados en su casa o no les alcanzan sus recursos), deben dejar al animal en la calle y quizá, ahí mismo “cuidarlo”.

Dejando para otra ocasión la polémica anterior, hay más aún: hay personas o instituciones protectoras que no son muy éticas que digamos y que una de dos, o realizan esterilizaciones y cirugías con un grado mínimo de higiene (alegando que no tienen recursos), o en vez de atender al animal, optan por dormirlo, que es más simple. Va entonces este consejo: si debido a tus posibilidades económicas no puedes llevar a esterilizar a un animal con un veterinario establecido y que tiene una buena reputación, sí, considera llevarlo a una protectora de animales, pero averigua muy bien antes la reputación de dicha protectora.

Va otro consejo: muchas veces (ojo, no generalizo) en las protectoras de animales su personal a veces no está capacitado para atender casos específicos o difíciles: displasias, cáncer, diabetes, fracturas y un largo etcétera, ya que las cirugías que suelen realizar están más bien enfocadas a procedimientos de rutina, como las esterilizaciones y atención menor de heridas, desparasitaciones, vacunas y similares. Si el animal bajo tu cargo está en una situación de riesgo, es mejor que acudas con un veterinario calificado: no lo arriesgues como pasó con Pamela.

¿Cómo deja un perro de ser “callejero con dueño”?

Las dos historias que conté antes ocurren a diario. Sé que es difícil hacerse cargo de todos los animales necesitados, sobre todo cuando detrás de ellos hay gente negligente que los sigue reproduciendo. Pero si a ese animal ya le diste un nombre, lo estás alimentando, siempre regresa a tu casa, te espera y recibe cuando llegas, lo has llevado a vacunar, desparasitar, esterilizar, hasta juegas con él… siento decirte que es tu perro. Y que te has convertido en una especie de “dueño negligente” que tiene a su perro en la calle y que por tanto, es responsable tanto de las acciones del animal como de lo que pueda ocurrirle.

No sé si este era el artículo que mi amiga esperaba, pero trato de plantear las cosas objetivamente. No tiene caso enfocarme en esa gente que lastimó a la perrita, quizá era gente ignorante, quizá quiso defender lo suyo -la calle, su bienestar-, o simplemente lo hizo por maldad. Pero eso no viene a cuento, porque el resultado no cambia: Pamela está muerta. Si eres dueño de un callejero (este es el término correcto), debes hacer lo siguiente:

  • Mételo a tu casa. Si no tienes espacio o crees que peleará con tus otros perros, considera el instalarlo en una zona donde nadie corra riesgo, pero que tampoco cause malestar (descarta las azotehuelas comunes). ¡Ingéniatelas!
  • Dale atención médica, desde vacunas y desparasitaciones, hasta atención de heridas y enfermedades, sin olvidar, claro está, esterilizarlo.
  • Dale albergue por un mes y hazte el propósito de conseguirle hogar en ese plazo. ¡Pero de verdad que sea tu meta!
  • Báñalo y ponlo presentable. También enséñale etiqueta humana-animal: dedícale unos minutos diarios para enseñarle “buenos modales”: no robar comida de la mesa, no entrar a ciertos lugares de la casa (como baños), no “asaltar” el bote de basura (esto es muy importante).
  • Juega con él y también, entrénalo para usar correa y collar; si tienes otros perros, en un lugar neutro trata de socializarlos (pide ayuda a un etólogo animalista, apóyate en otra persona o ponles al inicio bozal). Un animal bien portado y sobre todo socializado, es más fácil que encuentre casa.
  • Pide a tu familia y amigos te ayuden a promoverlo para que sea adoptado.
  • Evalúa a los posibles adoptantes y dale seguimiento a la adopción: tu responsabilidad no termina simplemente entregándoselo a alguien más.

Lo anterior es como un insignificante grano de arena en esa duna llamada “problemática animal”, pero poniendo cada quien de su parte, será posible que convirtamos todo ello en algo positivo y que un día no haya más callejeros, que dejemos de echar la culpa a otros (o de pedir a otros que se encarguen) y comencemos a ocuparnos nosotros mismos. Así será posible que haya perros con familia y familias con perros.

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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3 comentarios leave one →
  1. bertha permalink
    20 julio, 2012 11:27

    Me gusto bastante el artículo May. Pamela si tenía dueños, dormía por la noche en su casa pero de día la echaban a la calle. Pero el planteamiento que haces es correcto cuando dices que pasa a ser “tu perro”, creeme que esto que paso nos dejo una lección de vida. Descanse en paz Pamela….

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