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Matilda, la princesa mendiga

20 julio, 2012

Hace escasos momentos que postee en mi cuenta de Facebook una Introspección sobre los callejeros con dueño, cuando me topo con una noticia triste: la perrita de los primos de Raúl, acaba de morir.

Esto me afecta personalmente porque la conocí y esta es su historia.

Matilda al ser rescatada

Matilda mendiga

Hace muchos años, mientras iba a la tienda, hermana Liz se topó con una perrita pequeña y salerosa, de color blanco y negro que andaba en la calle. Lo que hizo fue comprar algo de pollo en el expendio más cercano y se lo dio. Después de esto, se la encontró varias veces cuando iba caminando hacia al trabajo con mi cuñado Juan y siempre le compraba algo de comida a la Gorda, que es como la llamó.

Indagando más con los vecinos, supo que la Gorda había sido abandonada cuando sus dueños dejaron de rentar una casa que estaba la vuelta de donde vivíamos. Como si de basura se tratara, cerraron la puerta y se marcharon, dejándola totalmente desamparada. Así como ocurre con todos los perros que son abandonados, la Gorda pasó penurias, frío y mucho riesgo, sobre todo porque la calle donde se encontraba su casa estaba casi en la esquina de una curva muy cerrada. Peor aún, Liz se enteró de que su otrora dueña, cuando la Gorda era una cachorra, la llevaba consigo a todos lados e incluso le colocaba moños y pañales para bebé, siendo un enorme contraste con ese abandono y maltrato posterior. La casa nuevamente se rentó, pero a los nuevos inquilinos no les importó en lo absoluto el desamparo de la perrita, sino que al contrario, la ahuyentaron.

Liz decidió dejar de ser “dueña de un callejero” y la metió a la casa, donde se integró con las tres perritas que ya tenía mi hermana. La Gorda fue muy buena desde un inicio, porque ni siquiera ladraba y era limpia y obediente. Claro que después de que tomó confianza, se convirtió en una ladradora experta, pero todo se le perdonaba porque era sumamente simpática y tenía un pelaje sumamente sedoso.

Matilda y Milky

Pero hay más: sucede que cuando llegó a la casa Matilda estaba preñada. Mi hermana no tuvo corazón para esterilizarla en ese momento, por lo que tuvo a sus crías, de las cuales, sobrevivió solamente una, una hermosa, noble y simpática perrita también color blanco y negro pero de pelo liso, a la que mi sobrina Karen, llamó Milky y que quiso quedársela.

Milky, la cachorrita de Matilda.

Liz no tenía contemplado esto, ya que su idea era buscar hogar para ambas, así que llegaron a un acuerdo: Milky formaría parte de su familia, pero seguiríamos buscando un buen hogar para la Gorda.

Milky fue una perrita genial que rápidamente aprendía trucos y era la consentida de todos, pero desgraciadamente meses después le detectaron un soplo en el corazón, lo que limitó mucho su actividad hasta que los desmayos fueron más frecuentes, dolorosos y el daño mayor e irreversible y mi hermana tomó la difícil decisión de dormirla.

Fue un momento muy triste para todos el despedirnos de la pequeña Milky cuando era todavía muy joven.

Hacia otros horizontes

Antes de la partida de Milky, recibí una gran noticia: Martha, una prima de Raúl que radica en San Luis Potosí, había decidido junto con Jorge, su esposo, adoptar un perro para sus pequeñas Regina y Valeria. Charlamos por teléfono y acordamos en llevarla allá en las siguientes vacaciones. Yo llevé a la Gorda conmigo, después de muchas recomendaciones que me hizo mi hermana, y fue una compañera de viaje estupenda: no dio ningún problema y recuerdo bien cuando hicimos escala en el viaje y la saqué un momento con la correa que le habíamos comprado: olisqueó todo, hizo sus necesidades y se comportó como toda una damita.

Matilda con su familia en su primer paseo.

Llegamos a casa de una tía de Raúl y ahí nos hospedamos. Con toda la pena del mundo, previamente le había advertido a Raúl que la Gorda se quedaría con nosotros y que no aceptaría si su tía decía que se quedara afuera en el patio. No hubo ningún problema y la Gorda durmió con nosotros, siendo nuevamente muy buena. Al día siguiente, la alistamos para llevarla a su nuevo hogar. Estábamos sumamente nerviosos porque no sabíamos si las niñas la aceptarían. Era a fin de cuentas una perrita criolla y temíamos que hubiera un posible rechazo. Con todo, le prometí a la Gorda que todo estaría bien y que si no funcionaban las cosas, nos la llevaríamos de regreso.

Martha preparó todo cuando llegamos, porque quería que fuera una sorpresa: nos dijo que llegáramos justo cuando las niñas veían la tele y que por favor les aclaráramos que era para las dos, para que no hubiera contratiempos. Cuando la vieron, no olvidaré sus caritas: la recibieron con gritos de felicidad y de inmediato fueron hacia Matilda para abrazarla y acariciarla. Martha todo el tiempo estuvo al pendiente de todas y cuando supieron que era para ellas, gritaron más felices todavía. La Gorda tenía finalmente un hogar.

Matilda princesa

Era el 9 de abril de 2004. Salimos a dar una vuelta y les expliqué a las pequeñas cómo debían sujetarla correctamente. Jorge, quien es un tipo maravilloso, también estuvo muy contento cuando conoció a esa curiosa perrita bicolor, e incluso recogió sus desechos cuando caminábamos con ella. Dejé algunas recomendaciones, pasamos una tarde estupenda y nos despedimos.

A lo largo de estos años tuve periódicas noticias de la Gorda, a quien las pequeñas rebautizaron como Matilda, un nombre que le venía perfecto. De inmediato se convirtió en un miembro más de la familia, a quien prodigaron de atenciones y regalos. Matilda fue cliente preferencial de algunas importantes tiendas departamentales y siempre estaba a la moda. Cada uno de sus humanos la cuidaba y estaba al pendiente de ella: la cobijaban si hacía frío, la llevaban en el auto, estaba siempre presente en cada etapa de sus vidas y las niñas se turnaban para decir quién de ellas tres era la princesa o la reina.

Regina y Valeria el día que Matilda llegó con ellas.

Incluso cuando las pequeñas crecieron, nunca la hicieron a un lado: siempre contó como si fuera una hermana más. Dejé de ver a Matilda por años y esperaba reencontrarme con ella en agosto, que es la boda de una hermana de Martha. Matilda había seguido vivaz y siempre en su papel de ladradora y guardiana, pero últimamente había tenido problemas de salud: como ocurre, los años no habían pasado en balde. Tenía problemas de cálculos en los riñones y se agravaron al punto tal que su veterinario se sorprendió. Viendo que Matilda empeoraba, comenzaron a considerar la opción de dormirla. Pero la naturaleza es sabia: justamente anoche, mientras Martha, Jorge, Regina y Valeria se turnaron para cuidarla, Matilda dejó este plano y partió a otro lugar donde no hay enfermedades ni pesar.

Me conmovió y sorprendió mucho la noticia ya que Matilda también había sido parte de mi familia. Con todo, este escrito es no solamente en su memoria, sino en reconocimiento al gran amor que le tuvo su hermosa familia, ya que durante todos estos años, nunca dejé de maravillarme por su enorme dedicación, unión, atención hacia esta perrita abandonada a su suerte en una de tantas calles de Cuernavaca, sin juzgarla por su aspecto, sino con su corazón.

Deseo entonces no solo bendiciones para ellos, sino también para todos aquellos perros callejeros que también son tan buenos como Matilda y que de verdad se merecen una familia tan buena como la Arellano Loredo, así como también a personas como mi querida hermana Liz, que si no hubiera sido por ella, el destino de Matilda habría sido muy diferente. Ojalá y mis deseos se cumplan. Milky: tu mamá ya está contigo.

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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2 comentarios leave one →
  1. Irene Moctezuma permalink
    20 julio, 2012 18:32

    😦 qué linda historia, con un final trágico, pero dentro de todo, feliz… por fin Matilda tuvo la familia q merecia 😀

    • 20 julio, 2012 18:49

      Gracias por tus palabras, Irene. Disiento un poquito contigo en cuanto a que sea un final trágico, ya que Matilda ya era viejita y tenía achaques: algún día, si somos afortunados, también seremos viejos y con achaques. Yo creo que lo más valioso es que ella pudo llegar a la vejez, porque de no haber sido rescatada y adoptada, su vida habría terminado hace muchos años. Te mando muchos saludos.

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