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Frida, la perrita andariega (2002-2012)

7 septiembre, 2012

Frida llegó a nuestro hogar el 8 de enero del 2002, exactamente un mes después de que adoptáramos a Frodo. La descubrí mientras paseaba a Frodo a unas cuadras de la casa donde está una secundaria semi rural: a lo lejos, casi en el extremo de la escuela, alcancé a ver una perrita blanca, casi resplandeciente porque su pelo ondeaba con el viento mientras el sol invernal se posaba en esos pelillos rebeldes de su contorno que asemejaban flores de diente de león. Me miró y movió su cola, a manera de saludo. La llamé pero al ver a mi torpe y ansioso perro, se detuvo, movió de nuevo la cola como despedida y desapareció entre la maleza y la barranca que está detrás de la secundaria.

Con Frida y Frodo de paseo, cuando solo eran ellos dos.

Un par de días después, volvimos a encontrarnos, ahora un poco más cerca pero tampoco quiso acercarse porque nuevamente iba con Frodo. Esta vez se fue entre las casas del fraccionamiento mientras su cola no dejaba de moverse. Esa siempre fue una característica de Frida, que siempre que te veía, movía su colita y rara vez dejaba de hacerlo. No la movía como Frodo o mis otros perros que fueron llegando a mi vida, que lo hacían de manera alocada o brusca. No. Frida lo hacía con suavidad y gracia, casi con dulzura. Esa vez pregunté a unas chicas que atendían un negocio de comida si sabían si la perrita tenía dueño. “¿Frida?, no, no tiene, pero aquí de cuando en cuando pasa y le damos de comer las sobras”. Aunque le habían puesto nombre, ellas eran gente sencilla que no se la llevaría a su casa. Nunca sabré de dónde salió Frida, ni tampoco quién le puso ese nombre, pero me gustó desde el inicio y se lo dejé.

Decidí salir a la mañana siguiente sin Frodo, quien me reprochó que no lo llevara conmigo. Fui decidida a buscar a Frida y a traerla a la casa. Busqué en los alrededores de la secundaria, y nada, caminé y pregunté en el negocio de comida si la habían visto y tampoco. Ya venía de regreso cuando alcancé a ver que venía caminando por la calle con ese desparpajo natural que siempre la caracterizó. Le llamé y, moviendo nuevamente su cola, me saludó y se dejó acariciar. La seguí llamando para que me siguiera y así lo hizo, pero cuando llegué a los límites de la escuela, comenzó a retroceder. Me acerqué y me arriesgué a cargarla. Frida siempre fue confiada y de buen corazón, así que no puso objeción cuando lo hice. Ya me había cansado de caminar cuando llegamos. Frodo la recibió efusivo, pero a ella no le gustó nada ver a ese perro chaparrito de ladrido tan ruidoso. Decidí bañarla porque estaba muy sucia, llena de nudos y pulgas.

De callejerita a perrita con dueño

Frodo y Frida camaradas.

No le agradó mucho la idea del baño, pero igual lo consintió. Comió muy bien, cuidando siempre que el perro negro con café no se le acercara, gruñendo muy bajito. La peiné y le dije que vendría Raúl a comer,  que debía recibirlo bien y ganárselo para que aceptara que se quedara. Frida me miró con sus lindos ojos color avellana y movió la cola como de costumbre. Efectivamente cuando llegó Raúl, se encontró a los dos perros sentados frente a la puerta. Frida se quedó sentadita y no se levantó sino hasta que Raúl abrió la reja y lo saludó como si eso hubiera hecho toda su vida. Al inicio Raúl puso mil objeciones y yo eché abajo todas: Frida se quedaba con nosotros. Fue un poco complicado al inicio porque con mi poca experiencia de entonces cometí el error de no enseñarle primero dónde hacer sus necesidades, y aunque por años pagué caro ese error, Frida siempre fue obediente… salvo cuando aprendió, gracias a Frannie, a ladrarles a algunos vecinos que pasaban frente a nuestra puerta.

Tomó algo de tiempo, pero Frida y Frodo se hicieron muy amigos y fueron inseparables. Dormían y jugaban juntos acompañándose siempre. Salía con mis perros a explorar los terrenos aledaños que estaban sin construir y donde incluso llegábamos a encontrar flores de calabaza. Esterilizamos a nuestra perrita y, aunque al inicio en los paseos trataba de bajarse de la banqueta cuando se acercaba gente, poco a poco ganó más confianza e incluso trataba de llevarle siempre la delantera a Frodo.

Frida y los orejones

Frida dando la bienvenida a Alex (y como siempre, moviendo su cola).

Raúl llegó a enamorarse de ella y no había nadie a quien no le encantara Frida. Incluso un amigo mío de la universidad, una vez que vino de visita dijo que, aunque nunca había sido fan de los perros, le encantaban los ojos de Frida, pues eran casi humanos. Y no le faltaba razón, porque además de su hermoso color, su expresión era conmovedora. Tiempo después llegó Frannie, al año siguiente Phoebe (ambas en pésimas condiciones) y aunque Frida tuvo que soportar estar rodeada de orejones, aprendió a imponerse a todos ellos, siendo por mucho tiempo su líder. Desafortunadamente, durante la época de adaptación de Phoebe con Frodo se llevaron tan bien que Frida decidió, sentida, no volver a jugar con su amigo el perro. Con Touli hubo respeto, aunque no mucha química. En realidad nunca le gustó del todo estar rodeada de olores y babas, sobre todo cuando iba a tomar agua, pero sé que en el fondo sí quería a su curiosa familia perruna.

Pero con las personas Frida era otra cosa: era dulce y cariñosa a más no poder, difícilmente alguien se resistía a ella. Fue quien se trepó a mi cama (era la única que podía subirse) cuando nació mi pequeña Alex: la olisqueó y observó atentamente cómo la amamantaba. Siempre dejó que ella la abrazara, aunque supo también cómo ponerle un alto, si se sobrepasaba en ese afecto brusco que de repente tienen los niños muy pequeños. Siempre caminó con garbo entre sus robustos hermanos perrunos, destacando sin ser de raza o siendo algo así como una “cocker mix”. Fue sumamente sana durante toda esta década a mi lado, pero también los perros más resistentes, nobles y buenos, sucumben.

Los primeros ocasos

Raúl sosteniendo a Frida y Frannie abajo.

En marzo pasado trascendió Frannie, con quien había hecho buenas migas Frida. Fue doloroso perderla, y lo curioso es que, cuando uno atraviesa una situación así, por un momento descuida al resto de su manada. No me refiero propiamente a negligencia de mi parte, sino que uno está más atento a las señales evidentes por lo que otro tipo de señales pasan un tanto desapercibidas. Fue en julio que detecté un problema ocular en Frida. Su veterinario le dio tratamiento pero dijo que podría tratarse de principios de glaucoma. No me afectó tanto porque estaba en tratamiento y, en el peor de los casos, si tenía que retirarle su ojo, eso no cambiaba nada nuestro amor por ella. Pero eso fue solo el inicio.

Comencé a notar un poco más apagada a Frida, aunque el chico que los pasea siempre estaba al pendiente y nunca notó nada raro en ella: al contrario, siempre amó salir de paseo: fue por ello que preferí pagar a alguien para que paseara a mis perros mientras trabajaba, que emplear ese dinero en pagarle a alguien para que hiciera la limpieza de mi casa. Mis perros lo valían más.

Atribuí ese cambio a su edad, porque según mis cálculos, debía tener ya entre 11 y 12 años. A finales de julio, su veterinario le practicó unos análisis completos de sangre, donde apareció que tenía anemia y problemas del hígado. Su corazón funcionaba perfectamente, algo que su médico pensó le daría problemas con la edad. En ese ínter, Frida tuvo problemas para subirse al sofá. El chequeo médico reveló que tenía problemas en una rodilla y la parte baja de la columna. Tristemente, la revisión también reveló que el hígado de Frida estaba sumamente reducido. Comenzamos con dieta especial y medicamentos.

La enfermedad hepática, el inicio de todo

Frida en Navidad del 2008.

Al inicio Frida aceptó muy bien las croquetas, pero después comenzó a rechazarlas y yo a hacer malabares para que las comiera. No podía darle ni lácteos, carnes rojas ni proteína animal, lo que restringía mis opciones. Así la fuimos pasando durante agosto, ayudándole a subirse al sofá o a las sillas del comedor (uno de sus lugares favoritos para dormir), paseos, caricias y convencerla para que comiera y se tomara sus medicinas. Nunca se quejó y siempre sonrió con su cola, aún cuando a veces tenía que meter la pastilla en su garganta o tuve que romper las indicaciones de su médico y darle un pequeño bocadillo compensatorio ocasional, para que comiera y no se sintiera excluida del resto.

Siempre creí que mi perrita viviría incluso más que todos mis demás perros. Era muy sana y alegre, pero a veces las cosas dan un giro justo por donde no lo imaginamos. Fuera del problema del hígado y la anemia, los análisis de Frida salieron muy bien, pero no sabíamos que algo maligno se desarrollaba en su cuerpo, donde nunca pensamos que se localizaría… y cuando lo detectamos, ya era demasiado tarde.

La terrible noticia del cáncer

En la carrera Corre con tu Mascota, en apoyo a la esterilización de animales de compañía, en julio del 2008.

Fue el 6 de septiembre el día que todo cambió. Frida padecía de un cáncer llamado hemangiosarcoma. Este tipo de cáncer les da solamente al 7% de los perros, y de estos perros, la mayoría son razas grandes, como el pastor alemán. Cuando se detecta, es porque hay una masa que suele formarse en el bazo, puede extirparse incluso con todo y este órgano y las probabilidades de recuperación no son malas. Pero con Frida todo fue bizarro: siendo de raza digamos pequeña, nada que ver con las razas grandes que investigué, le vino a afectar esta extraña forma de cáncer de origen totalmente desconocido, y no fue en el bazo (lo habríamos detectado en la radiografía), sino que fue de los raros casos que dan en la lengua. Como todos los sarcomas, este cáncer es maligno y devastador. Consumió a mi perrita en poquísimo tiempo, porque ayer en la tarde la noté ligeramente decaída. Sí desayunó pero ya no cenó. No la obligué. Raúl la notó diferente y le ayudó a acomodarse en el sofá. Yo seguía trabajando y la veía. A diferencia de otras noches, no me acompañó: desde que Frannie partió, era ella quien a menudo me acompañaba en mi desvelo.

Cuando iba a acostarme, levantó su cabeza y vi su mirada apagada. La acaricié y tuve un fugaz mal presentimiento. Ella se recostó y yo me fui a dormir. A la mañana siguiente bajé y no acudió a recibirme moviendo su cola, sino que estaba profundamente dormida. No quise despertarla pero noté que su lengua asomaba un poco. Empecé a trabajar y despertó por fin, noté el borde de su lengua asomando al costado derecho y la acomodé. Pensé que quizá se le había adormecido al dormir en una mala posición y que los dientes habían alcanzado a lastimarla, pero no se veían lesiones.  Le ofrecí parte de mi avena como desayuno, porque la noté débil: intentó comerla pero casi no probó bocado. A media mañana no sé por qué pero decidí dejar de lado mi trabajo y salir con mis perros, ya que hacía tiempo no lo hacía, sino que salían con su paseador.

Noticias devastadoras y las despedidas

Frida con Argentina en el pasado Mundial de Fútbol.

Fue un paseo maravilloso, salí primero con Phoebe y Frida e iban muy contentas. Frida se entretenía un poco más, y aunque todavía asomaba el borde de su lengua, iba con su garbo de siempre, aunque de regreso noté que tenía problemas para respirar y no era a causa de la correa. Nunca le gustó tomar del mismo recipiente de agua que sus hermanos orejones, así que cuando cambiaba el agua, trataba de llamarla primero a ella. Así fue y me alarmé al notar que no podía beber. Raúl no estaba en casa y pensábamos llevarla por la tarde al veterinario, pero cuando tomé una jeringa para tratar de darle agua, me sorprendí al ver un enorme bulto morado rojizo debajo de su lengua, que era el causante de que no pudiera beber ni comer. Llamé al consultorio para que me esperara su médico y literalmente corrimos en el auto, dejando por primera vez mis miedos de novata al volante. Frida todavía bajó por su propio pie y la revisaron. Se sorprendió mucho su veterinario y pensó que se trataba de una acumulación de sangre producto de una punción con un objeto.

Tomando agua del lavabo.

La sedó y revisó con cuidado, dándome la noticia que tanto temía: era un cáncer en la garganta, tan extendido que era casi inoperable. En caso de hacerlo, tendría que quitarle la lengua y ser alimentada mediante una sonda conectada al estómago, ser sometida a quimioterapia y aún así, con altas probabilidades de que en hemangiosarcoma reapareciera. El crecimiento de este cáncer había sido demasiado rápido. Para colmo, mi veterinario y amigo saldría de viaje y regresaría hasta el martes. Acaricié temblando a mi perrita, que seguía sedada, mientras me apoyaba en la mesa de exploración, pensando rápido, muy rápido. Si esto había ocurrido en menos de dos días, la garganta de Frida podría cerrarse  por completo en uno o dos días más. ¿Cómo podría alimentarla o darle agua? ¿Cómo actuar ante su desesperación al sentir que se ahogaba? ¿Con quién llevarla ahora que no estuviera su médico, para que por mala suerte la sometiera a una cirugía de urgencia innecesaria y sobre todo, a mucho dolor?

Aguantando el sollozo, le dije que no tenía caso seguir así. Mandé un mensaje a Raúl, quien se comunicó conmigo y con voz entrecortada, me pidió que por favor lo esperáramos. Traje a Frida de vuelta a casa, sin dejar de llorar en todo el camino, manejando con una mano, mientras acariciaba su costado y le pedía que no se levantara. Raúl fue temprano por Alex, para que se despidiera. Mi pequeña lloró mucho cuando supo, abrazándola, y mi perrita, ya de pie, movió como siempre su cola, dando nuevamente consuelo a su familia.  Hicimos los preparativos y nuevamente, salimos con ella, por última vez. Les expliqué a mis demás perros que ya no la verían con vida. Frodo la observó muy serio. Tanto Raúl como yo habíamos hablado mucho con nuestra perrita, pidiendo perdón por el daño que alguna vez pudimos causarle, y sobre todo, dándole las gracias por haber bendecido nuestras vidas con su presencia. Le dijimos lo que ocurriría y que no sentiría más miedo ni dolor. Raúl estuvo llorando todo ese tiempo, hablando mucho con ella, hasta el final.

Cerrando el círculo: los últimos paseos

En Navidad del 2008. De izquierda a derecha comenzando arriba, Phoebe, Frodo, Frannie y Frida (Touloux alcanza a salir en la parte superior).

Fuimos en el coche de Raúl, sin que le importara ahora que se llenara el coche de pelos. De repente, se desvió del trayecto y regresó a donde vi a Frida la primera vez. Bajé con ella del coche y dio un paseo, en esa pequeña zona con pasto que bordea la secundaria. Pareció reconocer el lugar, no dejó de mover su cola, ahora más acompasadamente, y olisqueó todo, como si quisiera llevárselo consigo para siempre. Por un momento fue como aquella perrita andariega que conocí, que cambió su libertad por mi casa, que aunque siempre supe que añoraba esos caminos y esa barranca, nunca intentó escaparse y al igual que el Zorro del Principito, se dejó domesticar. Se asomó aquí y por allá, como si buscara algo o alguien. Después de ello, nos subimos al auto y Frida, por primera vez en toda su vida, fue recostada contra mi pecho, ya que siempre iba dando brincos aquí y allá, tratando de ganar la ventanilla. Aunque el paseo la agitó y comenzó a respirar con dificultad, después estuvo muy tranquila y después supe por qué.

En mi cama, con su amigo Frodo.

La eutanasia fue rápida. Al igual que con Frannie, Raúl y yo estuvimos todo el tiempo tocándola, deseándole un buen viaje. Raúl le dijo que había sido muy feliz con ella y que en estas vueltas que da la existencia, si quería alguna vez regresar con nosotros, que las puertas estaban abiertas. Platicamos un momento con nuestros veterinarios y amigos, quienes nos hicieron sentir bien. Regresamos a casa y nunca me explicaré por qué al abandonar la vida, el cuerpo se hace tan pesado. Frida había bajado de peso y estaba muy ligera, tanto que podía cargarla con un solo brazo, pero ahora, me costaba llevarla con ambos. Su corazón ya no latía, pero su cuerpo seguía calientito. Olí su pelo, como alguna vez me recomendó una amiga mía. Al igual que con Frannie, llevo ambos aromas en mi caja especial de recuerdos. Mis perros ladraron, como siempre, al abrir la puerta, pero cuando me vieron con Frida en brazos, de inmediato se callaron. La dejé recostada en el sofá, donde dormía cada tarde cuando todavía podía subirse a él. Todos la olieron, especialmente Frodo, quien más tarde se echó a su lado, así como hizo con Fran, y la observó hasta quedarse dormido.

El gran cariño de gente increíble

Mientras tanto me puse a leer todos los mensajes de tanta gente tan querida y que me quiere a pesar de las distancias geográficas, pero no fui capaz de responderles en ese momento porque las lágrimas y el pensamiento estaban todos en Frida. Ni siquiera comimos, hasta que mi pobre pequeña lo solicitó. Llegaron los chicos del crematorio y les entregué a Frida, envuelta en su toalla rosada. Me dolió verla en la cajuela de ese coche, casi les dije que manejaran con cuidado y que ella nunca había viajado así. Raúl me abrazó por largo rato y me dijo tantas cosas que a pesar de mi tristeza, me hicieron quererlo más.

En la que fue su “recámara” por muchos años, construida por Raúl.

Ocurrieron también un par de dichosas coincidencias: por un lado, hoy fue el aniversario luctuoso de la mamá de otro amigo, quien atinadamente dijo que para él la partida de Frida era una especie de señal y que seguramente su mamá estaría contenta de verla. Y la que más me sorprendió fue otra amiga mía, quien antes de enterarse estaba en medio de una meditación, cuando claramente vio a un perrito que caminaba en un jardín y se le acercaba, haciéndola sentir muy bien. Cuando después vio la foto de Frida, se dio cuenta de que era el perrito que había visto en su meditación, justo cuando paseamos por última vez. Le hizo una sanación con reiki y sé que sirvió de mucho, porque ahora me explico por qué Frida iba tan apacible en ese último viaje al veterinario.

Me han enviado pensamientos hermosos, como aquel que me mandó una magnífica amiga animalista sobre el sentirse dichosos y no tristes ante la ausencia de nuestros amigos animales. Recibí mensajes públicos de mucho amor y aliento, así como sentidos mensajes privados de personas que han sabido tocar mi vida de formas muy enriquecedoras.  Este post es el más largo que he escrito, aún en dos partes, pero no quise excluirlos a ustedes, queridos Lectores Animalistas, de nuestra vida con Frida. Hoy vino el chico que los pasea y le dimos la triste noticia: casi lloramos juntos, porque de todos ellos, a ella la quería mucho. Me dijo que la iba a extrañar demasiado. Le agradecí mucho ya sin palabras, porque es un chico muy bueno.

El duelo, la aceptación y el entendimiento

Frida, en una de mis fotos favoritas y la que elegí para este blog.

Anoche, mientras escribía todo esto, todavía leí un correo que me llegó: era de una chica de Cuba, con un perrito con cáncer y un tumor en la garganta. Me sentía torpe y confundida por la tristeza, pero le respondí lo mejor que pude, basada en esta experiencia mía y en otras de gente cercana. Le dije que si ya era terminal, que platicara con su perro, diciéndole lo mucho que lo amaba, pero que si ya era momento de dejarlo ir, que lo liberara. Me escribió un mensaje conmovedor y dijo que dejaría entonces que las cosas siguieran su curso, siempre y cuando siguiera su perrito animoso como hasta la fecha. Ella es estudiante y entendí perfectamente la desesperación e impotencia que se siente cuando quieres salvar a tu amigo animal, y simplemente no puedes. Además de las recomendaciones que le hice, le mando a ambos muchas bendiciones, que es todo lo que a la distancia puedo hacer por ellos.

Siempre he pensado que por algo he escrito ciertos artículos y por alguna buena razón me escriben lectores de diferentes latitudes. Creo que es mi obligación, como humano, ayudar en la medida de mis posibilidades, no importa si estoy pasando por un trance duro como ahora. Anoche lloré más reflexionando sobre el cáncer, que tengo entendido que tiene su lado emocional y que se desarrolla o por conductas y emociones propias negativas (como el odio y el miedo), o por absorber este tipo de cosas de otros. Pedí perdón a Frida si de alguna manera fui o fuimos causantes de su enfermedad. Hoy Raúl, la presencia de Alex y mis queridos tres perros (de ser los Cuatro Fantásticos + 1 ahora son los Tres Mosqueteros), me animaron muchísimo. Creo que la aceptación comienza a llegar, poco a poco…

Como sea, Frida, al igual que todos los animales de este plano, es un ser puro. Y sencillamente, como sencilla fue mi perrita en esta vida, ella ha trascendido y sé que está en esa Luz a la que un día espero ser lo suficientemente digna de poder entrar.

Mi pequeña Frida, Tita, Rita, ya eres libre: pasea por donde quieras, come todo lo que se te antoje, caza lagartijas y asusta a los gatos. Cuando volvamos a vernos, quiero verte como aquella primera vez que nos conocimos: tú a la lejanía, resplandeciente, saludando con tu cola ondeando al viento; sé que entonces no te darás la vuelta y te irás hacia la barranca, sino que te acercarás a saludarme y a recibirme.

Hasta que volvamos a vernos y para siempre, mi hermosa perrita andariega.

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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18 comentarios leave one →
  1. 12 octubre, 2012 10:37

    May,

    Tu historia me hizo llorar. Especialmente ahora que estoy buscando nuevo hogar para mi perra laika.

    Ellos nos da mucho placer y amor. El carino de ellos es irrepetible.

    • mayracz permalink*
      12 octubre, 2012 13:10

      Hola

      Muchas gracias por escribir. Pero, ¿por qué estás buscando nuevo hogar a tu perrita, pasó algo?
      Saludos

  2. GabVal permalink
    18 septiembre, 2012 19:48

    Sólo puedo desearte paz, no encuentro otras palabras, tengo un nudo en la garganta y las mejillas empapadas, se lo se siente perder a una amigapeluda, aunque las condiciones no fueron las mismas. Se que la verás de nuevo. Un abrazo. (estoy abrumada, no me salen las ideas)

    • 18 septiembre, 2012 19:55

      Muchas gracias por tan buenos deseos. Ya es más fácil, aunque hay momentos que siguen siendo difíciles y no puedo dejar de extrañarla o preguntarme por qué ocurrieron así las cosas. A veces creo sentirla cerca, en las cosas más cotidianas y quizá en cierta forma así es. Muchas gracias por entender y por tu buen corazón, que tus palabras son más claras de lo que te imaginas. Un abrazo grande.

  3. Chely Lozano permalink
    8 septiembre, 2012 10:52

    sin plalabras Mayra, hermosa expresion de amor…

  4. eunice permalink
    8 septiembre, 2012 10:01

    Mayra, no paro de llorar con el articulo, el articulo y las fotos de Frida me han conmovido muchisimo, De verdad lo siento mucho Mayra, muchisimo.

    • 8 septiembre, 2012 13:04

      Muchas gracias amiga porque aunque estemos lejos, puedo sentir tu cariño y tu pesar, además de que entiendes perfectamente lo que es tener a estos pequeños que son parte nuestra. Un beso grande

  5. violeta permalink
    7 septiembre, 2012 17:49

    May, querida me has hecho llorar, que te digo que no te hayas leído ya un enorme abrazo y leguetazos y maullidos de este lado

    • 7 septiembre, 2012 18:03

      Muchas gracias amiga, porque eres una persona estupenda que entiende y siente perfectamente. Gracias por estar ahí.

  6. Anónimo permalink
    7 septiembre, 2012 16:44

    hermosa historia Mayra…. un abrazo yo se que no hay nada que llene ese vacio pero es eso mismo que te unirá por siempre a frida…

  7. Susana permalink
    7 septiembre, 2012 16:22

    😥 :’)… emotivo y hermoso.

  8. 7 septiembre, 2012 14:27

    Que bonito Mayra. No tengo palabras suficientes para expresarte cuanto lo siento, porque sé por lo que estás pasando. Me he sentido muy identificada contigo en muchas cosas que dices y creo que has sido valiente y, sobre todo, has tenido claro que Frida era en quien debías pensar en primer lugar, antes que en tu propio dolor por su partida. Cuando las cosas llegan a su fin aquí, hay que aceptarlo porque eso también forma parte de la vida y además, porque luego solo hay más vida. No te sientas culpable por si el cáncer ha tenido algo que ver con energías que le habéis transmitido en casa, yo estoy segura que no. Incluso en las personas, en las que creo que las emociones influyen a ese nivel, luego hay que contar con la genética de cada cual, la manera de alimentarse, de vivir… Ha ocurrido así, porque así tenía que ser, para ti y para ella. Pero ese lazo invisible que es el amor, es lo que ahora la une a ella en ese otro lado, con vosotros y con tus otros perros, aquí en este. Y la seguirá uniendo siempre. Un abrazo muy fuerte.

    • 7 septiembre, 2012 14:30

      Gracias una vez más por tus palabras, Beatriz, como siempre hermosas y tan atinadas. Gracias de corazón.

  9. 7 septiembre, 2012 13:38

    Ay amiga ya lloré…un abrazo

  10. Laura Elena permalink
    7 septiembre, 2012 13:21

    Sin comentarios….

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