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Laika o la conciencia social contra el maltrato animal

11 octubre, 2012
Era rusa y se llamaba Laika (…).
Laika, del álbum Descanso Dominical de Mecano

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El fracaso en el rescate de un perro puesto en órbita en 1957, origen del primer debate mundial sobre el maltrato animal.

Dentro de los nombres que protagonizaron logros en la carrera espacial disputada entre la antigua URSS y los EEUU durante las décadas de mediados del siglo XX, figura el de “Laika”, una perra moscovita que no solo es famosa por haber sido el primer perro enviado al espacio, sino porque su historia suscitó uno de los primeros movimientos internacionales de concienciación a favor de los derechos de los animales.

Los perros en la carrera espacial

Durante la primavera de 1957, los responsables del proyecto soviético Sputnik, destinado a concluir con la puesta en órbita del primer ser humano (lográndolo el 12 de abril de 1961 con Yuri Gagarin al mando de la Vostok-1) se encontraban sometidos a la presión de fechas y resultados ante el veloz avance que por su parte los americanos estaban alcanzando en la misma materia.

Tras el éxito soviético (considerado un hito en la exploración espacial) poniendo en órbita el Sputnik-1 (el primer satélite artificial de la historia de la humanidad), los soviéticos se ven en la urgencia (para mantener la ventaja que el Sputnik-1 les había dado), de lanzar en unas pocas semanas el Sputnik -2, que sería la primera nave espacial en órbita con un ser vivo dentro (ya habían lanzado con éxito animales a espacios suborbitales pero no habían alcanzado la órbita gravitacional terrestre).

La misión del Sputnik-2 exigía una permanencia en el espacio más prolongada en el tiempo y con variantes gravitacionales no experimentadas sobre seres vivos.

Si bien el éxito del primer satélite garantizaba el logro de situar en órbita a un ser vivo, la falta de tiempo (disponían de cuatro semanas entre el éxito del Sputnik-1 y el plazo que había sido señalado para tener preparado el lanzamiento del 2), imposibilitó a los responsables del proyecto a crear un plan de rescate para el animal que iba a ir dentro.

Laika: de perro vagabundo a héroe espacial

El animal elegido fue “Laika”, una perra mestiza de unos 6 kg de peso “reclutada” en las calles de Moscú y cuyo entrenamiento principal se basó en acostumbrarla a confinamientos prolongados en espacios reducidos sometidos a alteraciones de vibración, aceleración y sonido.

Un perro en órbita

A bordo del Sputnik-2 (una nave cuyo espacio destinado para el pasajero era el mínimo calculado y cuya maqueta a tamaño real puede examinarse en el Museo Espacial de Energía de Moscú), “Laika” fue lanzada al espacio el 3 de noviembre de 1957 alcanzando la órbita terrestre a las 3 horas del lanzamiento.

Si bien los estados vitales de la perra (controlados por sensores) mostraban graves alteraciones en su ritmo cardíaco, sudoración y respiración, “Laika” estaba en órbita y seguía viva. La misión de situar en la órbita terrestre a un ser vivo había sido un éxito.

Sin embargo, a las 7 horas tras el despegue y tras 5 en órbita, los datos vitales de “Laika” (tras mostrar una aceleración excesiva en su ritmo cardíaco) dejaron de recibirse.

Un perro, titular de la prensa mundial

La repercusión mediática internacional que el vuelo orbital de “Laika” había alcanzado, condicionaron al gobierno soviético de la época a ocultar la muerte del animal, transmitiendo en su lugar informes sobre su buen estado y el modo y el momento en que regresaría a la Tierra, así como detalles sobre su alimentación y comportamiento que mostraba a bordo de la nave.

El Sputnik-2 orbitó la Tierra 2.570 veces durante 163 días, explotando el 14 de abril de 1958 al perder velocidad y entrar en contacto con la atmósfera terrestre.

La prensa internacional de la época destinó más artículos, columnas y titulares a la muerte de “Laika” que al éxito de la misión espacial originándose discusiones sobre la moralidad en el uso de animales en experimentos e iniciándose uno de los primeros debates internacionales donde se exponía la necesidad de establecer unos criterios que fijasen los límites de lo que posteriormente se dio en llamar “maltrato animal”.

Un viaje al espacio sin billete de vuelta

En 2002, tras la caída de la Unión de Repúblicas Soviéticas, Dimitri Malashenkov, uno de los científicos integrantes del proyecto Sputnik-2, reveló a través de un artículo publicado en la revista del Congreso Mundial del Espacio, que nunca se consideró la posibilidad de que “Laika” regresase, pues no existía ningún tipo de plan de rescate o de proyecto para hacerla volver.

En el mismo artículo, el científico desveló que lo máximo que plantearon fue la incorporación en su comida de una dosis de sustancia letal (propuesta hecha por Oleg Gazenko, uno de los principales científicos del programa y adiestrador de “Laika”), para el caso de que la perra sobreviviese a las primera horas en órbita. Pero, como señala Malashenkov, nada se hizo pues “el lanzamiento de la Sputnik-2 apremiaba y no disponíamos de tiempo para tales consideraciones”.

Durante los años posteriores, la revista británica NCDL (actualmente Fundación para los Perros) publicó varias entrevistas a Gazenco en la que este cuestionaba si el sacrificio de “Laika” justificaba los resultados científicos obtenidos.

Animales con plan de rescate

Posteriormente han sido numerosos los animales muertos en misiones espaciales, víctimas de accidentes o errores en los programas de recuperación o regreso, pero se considera a la pequeña perra moscovita como la pionera en la reivindicación de aplicaciones y normas de rescate para animales en proyectos de viajes espaciales y el último ser vivo enviado al espacio sin billete de vuelta.

Y si hacemos caso a la leyenda
entonces tenemos que pensar:
en la Tierra hay una perra menos
y en el cielo una estrella más…
Laika, del álbum Descanso Dominical de Mecano
 
 

© Javier Plana, Derechos Reservados. Con el permiso del autor.

*     *     *

Javier Plana, novelista, articulista y guionista español, radica en Barcelona acompañado de algunos de sus mejores amigos, unos molosos enormes tanto en tamaño como en corazón. Se considera como sus perros “tirado para adelante, leal y fiel”  y disfruta mucho escribir mientras alguno de ellos le mordisquea su zapato.

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5 comentarios leave one →
  1. Anónimo permalink
    12 octubre, 2012 15:12

    Y la experimentación con animales sigue, sin duda alguna y Laika una perrita sin hogar y sin amor, sacrificada como siempre por los mezquinos intereses económicos y políticos.
    Pero la idea romántica de que nuestros pequeños se convierten en una estrella mas del universo, no es tan descabellada, al fin y al cabo todos somos y volveremos a ser “polvo cósmico”.
    Gracias por el relato y la remembranza.
    Un abrazo

  2. 12 octubre, 2012 10:15

    Mi perra se llama Laika. No es broma, mi nombre real es Rusia.

  3. 12 octubre, 2012 09:50

    que lindo que sensibilidad para escribir de este hombre, ademas en verdad nos enseña la otra parte del “exito espacial”

  4. Raul permalink
    12 octubre, 2012 06:51

    ………y de nosotros depende ahora que esas estrellas brillen con más fuerza desde aquí o cualquier lugar donde nos encontremos!!!

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