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Maternidad humana y canina: paralelismos y diferencias

28 febrero, 2013

Esta es una introspección que quería escribir desde hace tiempo porque así puedo unir dos cosas que me apasionan: la crianza natural y la cuestión animalista. Quizá muchos no sepan, pero desde hace varios años pertenezco a LLL (La Liga de la Leche), una asociación internacional sin fines de lucro creada hace más de 50 años en pro de la lactancia materna y la crianza respetuosa y de la cual soy asesora de lactancia: doy mensualmente charlas a mamás embarazadas y con bebés sobre la importancia (la Gran importancia) que es darles el pecho a nuestros bebés, ya que al igual que otras hembras de otras especies de mamíferos, producimos un tipo de leche especialmente diseñada para nuestras crías y que a la fecha, ningún laboratorio ha podido igualar en cuanto a composición. La leche materna no solamente se nutre el cuerpo del bebé, previniendo así enfermedades, sino algo muy importante: se nutre su alma y desarrollo.

Maternidad canina

Hace poco adopté a una perrita cruza de labrador que además de tener una severa afección cardíaca, resultó estar preñada. Esa fue la explicación por la cual llegó más desconfiada de lo normal con el resto de mi jauría. El día 26 de este mes cumplieron una semana y lucen bastante bien, gracias a que les ha brindado muchos cuidados. Recibí varios consejos el día que parió, todos provenientes de personas excelentes, aunque algunos quizá no muy acertados: el darle a una perra huevo crudo con un chorrito de licor, no es muy recomendable que digamos (ni tampoco para una humana); me recomendaron también estar presente y apoyarla. Pero por fortuna mi veterinario me asesoró perfectamente. Puedo resumir sus consejos en los siguientes puntos:

  1. A las perras parturientas les baja la temperatura un grado antes de alumbrar. Tendrán un comportamiento inquieto, darán vueltas, jadearán.
  2. No exactamente en el mismo orden, pero romperá la bolsa del líquido amniótico y expulsará el equivalente humano del tapón mucoso.
  3. La perra *sabe* qué hacer. Gracias a miles de años de evolución, su cuerpo sabe parir y sabe que debe romper la bolsa que contiene a cada cachorro. La devorará y solamente se detendrá cuando el cachorro chille. Quizá algunos se horroricen, pero si un cachorro nace muy débil o muerto, es posible que lo devore.
  4. Limpiará todo absolutamente. En caso de que algún cachorro se atore en su pelvis, la perra lo hará saber y estará sumamente inquieta. Solamente en ese caso, hay que intervenir.

Las perras, a excepción de estar sometidas a mucho estrés (que muchas veces tiene que ver con humanos curiosos, manos entrometidas y tocamientos innecesarios), son sumamente devotas con sus crías y no se les separan. Pueden incluso ser “agresivas” cuando alguien interviene en ese momento crucial.

Los paralelismos

Retomando lo anterior, algo en lo que nos hermanamos todas las hembras de mamíferos, es en la devoción de la maternidad (siempre y cuando, claro, no se vea interrumpida o afectada por factores varios). Nuestras crías dependen enteramente de nosotras y debemos dedicarles las 24 horas del día a cuidarlas. Aún en el caso de los mamíferos que son presas (desde vacas hasta conejos), cuyas crías tienden a desarrollarse más rápido por cuestiones de sobrevivencia (en el caso de los becerros se ponen de pie a los pocos minutos u horas de nacidos, mientras que con los conejos las hembras pueden quedar preñadas incluso al día siguiente de haber parido, para garantizar la continuidad de su especie), todas ellas dependen de sus madres para poder sobrevivir. Y he aquí que la lactancia materna juega un papel muy importante.

Aunque con algunas especies como los conejos, para evitar depredadores casi no están con sus crías, las demás madres debemos estar al pendiente de nuestras crías, de su desarrollo, su aseo, las olemos, conocemos. Si bien los avances médicos pueden hacer la diferencia entre la vida y la muerte, por desgracia hemos abusado de ellos y la cesárea, por ejemplo, no es ya “la última alternativa”, sino la primera opción. Como hembras, estamos perdiendo la capacidad de escuchar a nuestro cuerpo e ignoramos que así como esta perrita que he adoptado, nuestro cuerpo sabe cómo parir. Por desgracia hay demasiadas intervenciones que rayan en lo antinatural (parir lejos del hogar, de nuestra “cueva”, intervención de personas que no conocemos, hacerlo lejos de nuestra pareja, ser colocadas en posiciones por demás incómodas como estar acostadas -es una posición que en realidad es cómoda para los médicos-, que dificultan el parto, estar total o parcialmente dopadas, demasiada gente, luces, etc.), que estamos perdiendo ese instinto de cómo parir naturalmente. Vamos, incluso nos da miedo, como si fuera algo malo, oscuro, peligroso… si así fuera, una de dos, o existiría solo la mitad de la humanidad o simplemente ya nos habríamos extinguido.

Lo mejor sería parir en donde nos sintamos seguras, con poca intervención “ajena”, que confiáramos en que nuestro cuerpo y naturaleza saben cómo actuar, casi en penumbra, y así, al nacer nuestra cría, igual que con las perras y sus cachorros, olerla, tocarla, amamantarla durante los primeros minutos, para así sellar un vínculo que no habrá de romperse nunca.

Las diferencias

La leche de cada especie es única, por ejemplo, la composición de la leche de foca será alta en grasas, comparada con la leche de una gata. De hecho, esta es la razón por la cual ni siquiera nuestras propias crías pueden sobrevivir  con la leche de un mamífero mayor (una vaca). La naturaleza es perfecta en este sentido y dota a cada especie de la capacidad de producir exactamente la cantidad de nutrientes, grasas, aminoácidos, anticuerpos, minerales, vitaminas y demás, que necesita cada bebé. Incluso hay ligeras diferencias entre la leche de una mujer y otra y hay estudios que muestran que un recién nacido distingue por gusto y olfato, la leche de su madre a la de otra mujer (y obviamente, la prefiere).

Por otra parte, tendemos a antropomorfizar a nuestras mascotas. Sí, las hembras humanas, con todo, necesitamos de la intervención de otros humanos (mujeres, de preferencia), para parir. En el caso de las perras y salvo complicaciones serias, el intervenir puede dar al traste con todo: por experiencia propia sé que es, quizá, el momento más vulnerable de la existencia humana (algo equiparable sería tal vez hacer el amor; ojo, que no es lo mismo que copular), así que cualquier mujer que ha parido, sobre todo en parto natural, en casa, como yo, sabe bien que necesita de toda la concentración y fuerza posible, para lograr traer una vida al mundo. En ese justo momento podemos transformarnos (en la literatura y sobre todo en el cine, es una situación de la que han bromeado bastante, y no muy lejos de la realidad), gritar, maldecir o quedarnos calladas. Las perras tienden a ser más silenciosas: jadean, están inquietas, quizá asustadas, pero ellas hacen todo, expulsan no a una, sino a múltiples crías y tienen que encargarse de todas y cada una de ellas. Nadie les explica cómo acercarse a los cachorros ni cómo amamantarlos. Las perras tampoco están a la espera de que si “no les bajó la leche”, mandarán a su pareja a comprar un bote de fórmula y un par de biberones. No. Las perras confían en su cuerpo y sus recursos. A las mujeres nos falta en cambio confianza en nosotras mismas: son casos rarísimos y únicos de mujeres que no producen leche. Por desgracia hemos menospreciado nuestra condición de cuidar y alimentar a nuestras crías y también hemos optado por un camino antinatural lleno de biberones, carreolas, cunas y toda suerte de dispositivos que nos alejen de nuestras crías, cuando precisamente es la etapa en que debemos (ahora comparando con nuestros parientes más cercanos, los primates) tener a nuestra cría pegada a nosotras, a toda hora.

Maternidad humana

Un cachorrito chilla y veo a Fiona, mi perra, correr de inmediato a ver qué le pasa. Nuestra cría llora y le metemos un chupón en la boca o buscamos a alguien (pareja, abuela, quien se deje) para que lo cargue. Nos dejamos llevar por falsos consejos como “si lo cargas mucho, se acostumbrará a los brazos”. Cualquier criador ético o etólogo canino podrá dar fe de que aquellos cachorros que no permanecieron el tiempo suficiente con sus madres, presentan todo tipo de trastornos de conducta. Es curioso obedecer a ese llamado de la naturaleza para tener hijos, pero es tan extraño y hasta incomprensible que cuando los tenemos, queremos estar lejos de ellos. Si en la naturaleza, como menciona el reconocido pediatra español Carlos González, hubiéramos dejado a nuestro bebé dormir apartado de nosotros y no acudiéramos de inmediato ante su llanto (que es su único recurso que dispone para llamarnos), simplemente habría sido devorado por depredadores o habría muerto de hambre o frío.

Aunque cuando voy a lugares públicos me sigue pareciendo desalentador ver a tantas mujeres y padres llevando a sus bebés en costosos carritos en vez de en brazos, descorazona más ver que cuando llora, lo único que hacen es mover con más nerviosismo el carrito, porque creen que el bebé los “manipula”. Claro que lo hace, si no fuera así, no podría llamar la atención y sería terrible. Las secuelas de dejar llorar por largos periodos de tiempo a un bebé tienen un alto costo emocional, a corto o largo plazo. Las perras en cambio, no tienen esas complicaciones: alimentan, asean, lamen, protegen y hasta abrazan a sus crías. Acuden a ellas cuando las necesitan. Son básicas y sus cachorros están seguros. Es cuando me detengo a pensar en aquella vieja melodía que decía “quisiera ser tan civilizado como los animales”. Quizá, algún día, si no es demasiado tarde, lo entendamos y seamos tan buenas madres y padres como los animales.

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6 comentarios leave one →
  1. gloria Ramos permalink
    14 julio, 2017 16:54

    Quisiera saber si le puedo dar leche de mis pechos a un cachorrito de 25 días y siempre la leche de la perra

    • 14 julio, 2017 17:45

      Hola Gloria, no me queda muy claro la segunda parte de tu duda. Sé que para muchos podría sonar extrañísimo (u otros términos poco amables) lo que sugieres, pero si no tienes otra opción, creo que darle tu propia leche materna es una alternativa para alimentar un cachorrito huérfano (con biberón, por supuesto). Pero en caso de que la madre viva y lo esté alimentando, deja las cosas como están. A menos que (por eso menciono que no me queda claro) el cachorrito esté desnutrido y quieras darle una especie de alimentación combinada. En este caso, toma en cuenta además de que las perras lactantes tienden a ser sumamente protectoras con sus crías, así que tal vez no quiera que te acerques y lo impregnes de otro aroma. Sopesa entonces los riesgos, siempre en bienestar de todos. Saludos cordiales.

  2. bertha permalink
    1 marzo, 2013 14:11

    excelente !!!!!!

  3. 1 marzo, 2013 13:02

    Un artículo verdaderamente genial Mayra. Me acabo de hacer seguidora del blog, porque no me gustaría perderme estas joyas. Enhorabuena. Suscribo absolutamente cada una de tus palabras.

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