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Ningún ciclo termina (cuento)

17 mayo, 2013

Para Lety y Enrico

Cayó un trueno y casi enseguida, múltiples gotas lo siguieron. Pese el estruendo, la noche era abierta y callada, con todos aquellos que habían podido guarecerse, quietos en sus respectivas casas. En un pequeño hogar, la perra había alumbrado una camada de pequeños cachorros que, presurosos, se prendaron de inmediato a sus mamas, guiados por el olor de la leche y de ese instinto de hacía miles de años. Ella los lamía con calma y una mirada amorosa, como hacen todas las madres con sus crías, olvidando por completo cada dolor y jadeo que precedía al alumbramiento de cada cría.

Lejos de ahí, de donde se iniciaba la vida, una pareja se despedía de su preciado hijo. No era un niño como tal, era un perro que había sido parte estrecha y entretejida de sus vidas y sobre todo, de sus corazones. Así como los hijos no siempre nacen de la unión de sus padres, hay aquellos que tampoco se les parecen: pueden incluso ser de distinta especie. Este hijo canino, tan deseado, planeado, amado y que había vivido una larga vida con ellos, ahora partía, porque el ciclo de todos está decidido de antemano por nosotros mismos y es ley reintegrarse en otro plano. El dolor era enorme, el vacío, incalculable. Los preparativos, rutinarios y la despedida, bueno, las despedidas nunca son suficientes.

Paró la lluvia y una única estrella, cruzó el cielo ya limpio de nubarrones, truenos y gotas. La pareja no pudo ver esa estrella y solamente la perra que recién había alumbrado a sus crías, pudo observarla apenas. Ninguno lo sabía, pero esa alma, esa estrella, esa esencia, en realidad no se apartaba a ese otro plano, sino que regresaba envuelta de nuevo en un disfraz perruno, en forma de uno de esos diminutos cachorros. La pareja estaba ahora llena de tristeza, pero volvería la alegría a sus vidas: sin imaginarlo siquiera, volverían a encontrarse en este plano con ese hijo canino que ahora despedían y lo sabrían el día que se toparan de nuevo con aquellos ojos castaños que ahora se cerraban y tanto habían amado.

Porque está dicho: todo regresa y ningún amor muere.

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6 comentarios leave one →
  1. Lety Medina Álvarez permalink
    19 mayo, 2013 08:16

    Mayra es insuperable, eres una gran escritora y nos sentimos muy privilegiados de que este extraordinario cuento, mi favorito por su gran profundidad y sensibilidad, sea sobre nosotros y Gonzalo. Gracias de todo corazón, te amamos.

    • 19 mayo, 2013 10:48

      Fue escrito con mucho cariño para uds., que son un ejemplo de familia. Fui afortunada de conocer al gran Gonzo, así como al hermoso Morris y la bella Adela. Y sigue siendo un honor tenerlos como amigos.

  2. Eduardo C permalink
    19 mayo, 2013 00:21

    Muy padre! Gracias!

  3. Anónimo permalink
    17 mayo, 2013 22:19

    Simplemente maravilloso…

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