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Max, un conejo de cuento (2006-2013)

29 mayo, 2013

Jack Max 1Max llegó con nosotros a mediados de 2006. En ese entonces tomaba una clase de francés en el centro de la ciudad y me iba con Raúl en el coche hasta su trabajo, de ahí caminaba hasta mi clase y era sumamente agradable tener otra perspectiva de la ciudad. De regreso caminaba nuevamente por las céntricas calles y ya con los comercios abiertos, daba un vistazo a los aparadores. Fue en uno de ellos que me topé con Max.

Sí, debo confesarlo: a Max lo compré. Lo veía cada mañana de regreso a casa y como niña, admiraba su estampa: era exactamente igual a Peter Rabbit, el conejo de las historias de Beatrix Potter. Después de mirarlo muchas veces, en un arrebato decidí comprarlo en esa pequeña veterinaria. Siempre fue un conejo hermoso y dócil, quien llegó de manera plácida con mis otros conejos. Poco después Charly, la pareja de una de mis conejitas, falleció, dejando a Moni totalmente sola y triste. Esta conejita había perdido a su frágil compañero y ahora en su vejez y con varios achaques a cuestas, encontró en Max un compañero maravilloso, que la instaba a comer, la acicalaba y cuidaba de ella. Moni vivió meses plácidos a su lDSC00766ado hasta que también falleció. Max entonces se quedó solo.

Poco después mi veterinario y amigo, el dr. Alberto García, me dijo que habían abandonado a una coneja en su consultorio y decidí adoptarla. Era Hanna, una hermosa y testaruda coneja bicolor de fuerte temperamento, que fue compañera de Max por varios años. Él siempre fue sumamente adaptable y pronto se hicieron compañeros. Si bien Hanna era una coneja amistosa y agradable conmigo, con los otros conejos no lo era, pero Max siempre toleró esos cambios de humor de su nueva compañera, tan diferente a la sensible, pequeña y dulce coneja Berlier que era Moni.

Hanna era adulta cuando la adopté, por lo que no pude calcular su edad. Vivieron varios años juntos, hasta que el año pasado, sin esperarlo, falleció. Una mañana subió mi pequeña a alimentarlos y bajó corriendo para decirme que Hanna no se movía. Al llegar confirmé lo peor: Hanna yacía a un lado de Max, quien muy triste no se apartaba de su lado.

Traté infructuosamente de adaptar a Max con la otra pareja de conejos (Nicolás y Canica), pero son una pareja cerrada y no lo admitieron. Max se volvió un solitario y su carácter comenzó a cambiar. Ya no era alegre, sino que se había vuelto refunfuñón y arisco, incluso gruñía e intentaba morder cuando tratábamos de tocarlo. Comenzó a descuidar su pelo y a comer menos. Lo notaba cada vez menos interesado en lo que ocurría a su alrededor, así que contacté a The Bunny Parade, una pequeña organización de rescate, ayuda, rehabilitación y adopción de conejos para adoptar otra conejita. Fue así que llegó Nina.

Nina era joven, alegre, vivaz y muy tierna: exactamente lo que Max necesitaba. Desafortunadamente, colocación de aditamentos, pajaestaba tan deprimido que no le prestó atención alguna, incluso aunque los separaba al inicio una rejilla, la miraba sin verla.  Así pasaron varios días, pero no perdí la esperanza y hacía todo lo posible para que interactuaran, como alimentarlos juntos o intentar que compartieran algún bocadillo. Finalmente decidí quitar la división y Nina corrió feliz por todo el lugar, dando saltos y subiéndose a la casita de madera de Max. Fue entonces que él le prestó atención, ¿quién era esa coneja que venía a poner todo de cabeza? Con timidez comenzó a acercarse a ella, a lo que Nina respondió con un gran salto. Fue así que comenzaron a ser amigos y una pareja muy feliz.

Con ninguna de las otras dos conejas había visto a Max tan dichoso. Su pelo y apetito cambiaron y nuevamente volvió a ser ese conejo plácido y agradable que se dejaba tocar por sus humanos, que acicalaba y consentía a Nina, quien a su vez hacía lo mismo con él.

Todo esto duró alrededor de un año. Durante los últimos meses noté a Max contento, pero más apagado. Sus ojos se notaban nublados y si bien su estado de salud era bueno, era un hecho que había envejecido. Nina le había devuelto la alegría de vivir, pero nadie puede estar para siempre en este plano. Hoy en la mañana me levanté temprano para limpiar sus areneros. Me había acostumbradoDSC01905 a que últimamente Nina siempre me recibía, a veces se dejaba acariciar y otras veces daba un salto alegre, mientras Max se quedaba en su casita de madera, con los ojos entrecerrados, en ese sueño conejil dichoso de suave rechinido de dientes. Nina me recibió y le di el primer tesoro de verano: un manojo de tréboles recién cortados. Mordisqueó un poco pero no comió más; fue cuando noté sus ojos llorosos. Sé que los conejos no lloran, pero el pelo alrededor de sus lagrimales estaba húmedo. Entonces miré hacia la casita y vi a Max recostado, inmóvil… había muerto durante la noche. Ella rápidamente entró en la casita y se echó a su lado, con las orejas hacia atrás. Ella lloró en silencio (como hacen los conejos) y yo un poco más fuerte. Subió mi pequeña y le di la noticia, así que nos abrazamos y lloramos un poco más, porque Max era un conejo que literalmente había conocido toda su vida.

Me ha dolido cuando se va alguno de mis conejos, por ejemplo, Moni o Hanna. Pero con Max ha sido un poquito más difícil, por lo bueno y cariñoso que era y por haber sido todo un caballero con todos los conejos que conoció, incluso con la otra pareja de conejos, que no lo aceptó. Los conejos son callados, pero quienes hemos disfrutado de su compañía, sabemos que, en su silencioso vivir, transmiten muchas cosas difíciles de plasmar en palabras, y con Max no fue la excepción. Me queda el consuelo de que no sufrió y que partió al lado de su amada Nina, quien le devolvió las ganas de vivir y le dio un año muy feliz. Sé también que se fue de forma pacífica y que tuvo una vida buena. Espero ahora Nina no se entristezca, aunque es posible que necesite en poco tiempo más, de compañía.

Hasta siempre, mi querido conejo de cuento.

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6 comentarios leave one →
  1. Ana B permalink
    2 junio, 2013 19:48

    Impresionada y emocionada despues de leerte amiga… me has sacado las lágrimas del fin de semana pero no dejo de admirar tu gran capacidad de observación y transmisión de conocimientos y experiencias. Siento lo de Max y como siempre te mando un abrazo de larga distancia.

    • 3 junio, 2013 10:11

      Gracias a ti por leerme y por todo lo que me has enseñado, amiga. Va otro abrazo de vuelta.

  2. Beatriz permalink
    29 mayo, 2013 14:43

    Asombrada como siempre con tus historias sobre los conejos Mayra. Gracias por ayudarme a conocerlos un poco más, ya es imposible que vuelva a mirar a los conejos con los mismos ojos de antes. Un abrazo 🙂

  3. 29 mayo, 2013 11:41

    Saludos mayra, se lo triste q es perder a un compañero,pero al menos el no sufrio ambre frio o enfermedad y maltratos, que te consuele que vivio feliz,acompañado y querido hasta el ultimo momento, yo al saber de conejitos tan afortunados como el tuyo,desearia que la vida fuera tan buena para todos y no existieran casos como el de la pequeña lola, que llego a nuestro albergue ciega y lastimada por que un imbecil la uso para entrenar a su perro para atraparle conejos,y apesar de eso ella es muy buena.apesar de haber sido el juguete de ese perro, ella no les teme o quiza cree que todo lo que le paso es como debe ser la vida de un conejito, ya que no ha conocido nada mas.

    • 29 mayo, 2013 12:08

      Sonia, muchísimas gracias por tu mensaje, tienes absolutamente la razón. Aunque nunca nos acostumbraremos a ese sadismo gratuito, lo que no deja de asombrarme y conmoverme es la capacidad de perdón y olvido que tienen los animales, los conejos no son la excepción. Sigamos luchando por más historias felices y reconciliaciones con la vida. Un abrazo grande.

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