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Abrazo de buenas noches (cuento)

30 julio, 2013

Para Alex (gracias por elegirme)

El cielo cambia de tonos. Allá es de un azul transparente y, si lo sigues con tu dedo, se hace un poco más serio, hasta volverse adormilado y violeta. Puntean las primeras estrellas, que aunque te subas a la montaña más alta, nunca podrás alcanzarlas (y aunque lo hicieras te quemarías con su intenso calor). Esto me lo dijeron en la escuela y por eso es verdad.

El día se pasó muy rápido y nunca puedo terminar todo lo que quiero. Mi voz se pierde en una canción que canto quedito, pero a veces se me olvida que mi mamá trabaja y cuando me doy cuenta, ya es un grito que inunda la casa y que hace que los perros muevan de forma rara sus orejas, mientras voltean sus caras para otro lado y fingen que no me escuchan. Pero yo no les canto a ellos, mucho menos a la que me gruñe cuando paso corriendo a su lado con mi patín. No sabe que traigo una Alex y Figobolsa llena de comida de a mentiritas, donde vendo panes, frutas, verduras y jugos. Hasta un huesito de juguete para mi perrito negro. Sí, vendo comida y ya hice un menú con los nombres de la comida y cuánto cuesta. Pero no voy a hacer esto cuando sea grande, porque ya decidí ser arquitecta de casitas de árbol. Esto es muy fácil para mí porque soy muy lista, y sé usar una regla, sé trazar y recortar muy bien.

Me llaman para merendar. A mis papás siempre les preocupa que todo esté a tiempo y si pudiera, tendría una máquina para que no avanzara, quizá un reloj que diera marcha atrás. Así no se habrían ido dos de mis perritas y yo podría acostarme tarde y jugar  mucho tiempo más. De nuevo me llaman para que meriende y alcanzo a ver por la ventana que el pizarrón del cielo pasó del violeta al azul profundo y que esos diamantes helados llamados estrellas salpican por doquier. Pero no son diamantes ni están helados: son estrellas y son muy, muy calientes. Me llaman por tercera vez y ahora sí me apresuro a sentarme y a ver que mi perrito negro no esté debajo de la mesa rasguñando mi rodilla con su pata para pedirme un pedacito de pan. Después, los perros cenan y les cuesta mucho esperar su turno porque son muy glotones y si pudieran, se comerían un costal entero de alimento. Pero eso no es posible porque entonces tendríamos que correr con el veterinario para que los curara de la panza. Mi perrito negro nunca aprenderá a dar la pata ni a estar quieto: él prefiere pararse en sus patas traseras y mueve en el aire las de adelante, muy rápido, como si quisiera volar, mientras espera le sirvan su cena. Me río y me distraigo. Me dicen que me apresure, que me lave las manos y los dientes para irme a acostar.

Por fin termino y el cielo ya está totalmente oscuro, mientras que adentro usamos un foco amarillo y brillante, que si lo miras bastante rato, ves manchitas blancas por todos lados. Me distraigo al ver los rituales de cada noche, lavar platos, recoger tapetes de la mesa, ir al baño y lo peor, dejar de jugar. Tengo sueño y finalmente acepto irme a acostar. Ya con la piyama puesta, los dientes limpios y mi perrito negro a mi lado, me dan mi beso y mi abrazo de buenas noches. Con la luz apagada, el cielo oscuro y con estrellas lejanas parece más cercano. Quisiera que no estuvieran tan lejos, porque también es cierto que los que queremos y ya murieron están así de lejos. Yo ya escogí dos estrellas, las más bonitas y brillantes que es donde ahora están mis dos perritas, pero también escogí otras para mis conejos y la chinchilla. Tal vez las estrellas no estén tan lejos, ni sean frías ni calientes, porque si no, no vivirían ahí todos mis animales que ya se fueron y que a veces extraño tanto. Me gusta verlas mientras me duermo, porque es como si brillaran más fuerte y es como si de nuevo ellos pudieran estar cerca y desde la distancia, también me dieran su abrazo de buenas noches…

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados, texto y fotografía

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14 comentarios leave one →
  1. Robbie Cervantes permalink
    8 octubre, 2013 19:12

    Su cuento es encantador, lo he leido para mi familia y estaban encantados, felicidades por esta hermosa labor que realiza para con los animales, he descubierto su blog por accidente, ha sido un maravilloso descubrimiento, saludos desde México.

    • 8 octubre, 2013 19:59

      Muchísimas gracias, me alegra mucho que les haya gustado: fue dedicado a mi pequeña hija. Gracias por tus amables comentarios y ojalá y te gusten el resto de los artículos y cuentos que hay aquí. Un abrazo.

  2. Olga Cortez Barbera permalink
    17 septiembre, 2013 08:34

    Muy lindo tu escrito, Mayra.

  3. corita permalink
    11 agosto, 2013 02:48

    MAYRA ♥GRACIAS POR COMPARTIR ESE CONOCIMIENTO ENSEÑANZA♥ DON CARISMA MARAVILLOSO DE ESCRIBIR DE RELATAR TU AMOR Y SOLIDARIDAD CON ESOS SERES MARAVILLOSOS QUE SE HAN APARECIDO♥CRUZADO EN TU CAMINO Y HAN PASADO A FORMAR PARTE DE TU VIDA DE TU FAM♥ SALUDOS Y BENDICIONES INFINITAS PARA TOD@S♥

  4. Anónimo permalink
    31 julio, 2013 15:55

    Me encanta esa mirada a través de la cual vez a tu hija….una niña muy bendecida al tener unos padres amorosos y sensibles.
    Un abrazo

  5. 31 julio, 2013 10:54

    Muy lindo. Qué bárbara, haces mil y un cosas, verdad?

  6. bertha permalink
    31 julio, 2013 10:08

    un cuento muy hermoso y conmovedor !!!!!!!!

  7. 31 julio, 2013 04:32

    Reblogueó esto en Noke In The Cloudy comentado:
    Precioso cuento!

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