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Sonia y los gatos (cuento)

23 diciembre, 2013
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Para Sonia y Roberto Meza

Es invierno y cae la nieve. Sonia se despertó temprano y al bajar los pies sintió muy frío el piso y mejor los volvió a subir. Sonia tiene tres años y ya sabe hacer muchas cosas: sabe contar hasta diez y ya aprendió a vestirse sola. Como los muebles son muy grandes para Sonia, su papá le regaló una mesita roja y una sillita verde. Sonia se sabe los colores de su mesa y su silla y muchos otros colores también.

Al lado de la cama estaba la sillita verde con su ropa, así que tomó el pantalón y se lo puso, tomó la blusa y se la puso, tomó el suéter y también se lo puso. A Sonia le gusta mucho contar las cosas, así que contó los Gatitos huérfanos Verbotones de su suéter: uno, dos, tres, cuatro y cinco. Faltaban sus calcetas y las encontró a la orilla de la cama. Siguieron los zapatos, un zapato en este pie y el otro en aquél. Son dos zapatos. Dos zapatos negros y dos calcetas azules son una, dos, tres y cuatro cosas. Sonia ya estaba vestida.

Sonia se subió en su sillita verde y se asomó por la ventana de su cuarto. Afuera, todo era blanco, blanco, como el pelaje del mayor de sus gatos. Por todos lados había montoncitos de nieve y cada montoncito parecía un gato echado. Sonia contó los montoncitos. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez… Eran muchos y necesitaba más dedos para seguir contando. Se sentó en la silla verde, se quitó los zapatos negros y las calcetas azules y empezó a contar con los dedos de los pies: uno, dos, tres…

En eso la puerta se abrió y entró uno de sus gatos: un gato gordo y café con un nombre difícil. Se subió a su cama y se quedó sentadito mirándola con sus ojos amarillos y chistosos. Sonia empezó a reír: ¡los gatos tienen los ojos muy diferentes a los de las personas!

Se escucharon pasos y rápido se enfundó sus dos calcetas azules y sus dos zapatos negros. Antes de abrirse la puerta, el gato se bajó sin hacer ruido. Entró su mamá con un abriguito rosa intenso y un gorro gris porque ese día saldrían a la calle. Cuando su mamá se lo puso, Sonia quiso contar los botones, pero no pudo porque tenía un cierre largo, más largo que la cola de un gato, pero más corto que un gato completo.

Sonia se colocó el gorro gris y siguió a su mamá por la escalera que tiene muchos escalones y se deben de bajar despacito para no caerse. Sonia contó los escalones: uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez… ¡Pero eran muchos más! Necesitaba más dedos. Se sentó en un escalón y cuando empezaba a quitárselos, su mamá se los volvió a poner. El gato del nombre difícil pasó a su lado y bajó corriendo los escalones, como si caminara de puntitas. A Sonia le hubiera gustado ser un gato: los gatos no tienen que bajar despacio la escalera ni usan zapatos.

Al llegar a la cocina, su mamá la sentó en una pesada silla con un mullido cojín de color naranja. Este color le gusta a Sonia porque es su favorito; le sirvieron cereal y leche en un plato amarillo con una cuchara rosa. Sonia quiso contar las bolitas del cereal, pero eran muchas y era más divertido comérselas que contarlas. Su mamá la bajó de la silla y le puso unos guantes del mismo color de sus calcetas.

Salieron a la calle y toda estaba cubierta de nieve. La mamá de Sonia dijo que no era muy buena idea pasear, pero Sonia le pidió que la dejara jugar en la entrada de la casa y su mamá aceptó, pero “sólo un ratito”. Sonia hizo bolitas de nieve y las puso formaditas: una, dos, tres, cuatro, cinco, seis… iba a hacer otra cuando el gato blanco se puso a escarbar cerca y deshizo algunas bolitas. Sonia lo regañó y el gato sólo se lamió los bigotes. Sonia contó cuántas bolitas quedaban: una, dos y tres. Sonia ya no quiso hacer más y mejor se quedó a observar a sus gatos jugando en la nieve; estaba el gato blanco, el gato café del nombre difícil y también el gato gris y rayado, el más chico. Uno, dos y tres gatos distintos

Los gatos jugaban a perseguirse y a esconderse. A veces Sonia no veía al gato blanco escondido en la nieve, pero los otros siempre lo encontraban. En eso su mamá la empezó a llamar: era la hora de su siesta. Sonia también llamó a sus gatos para que se metieran todos a la casa, pero ellos sólo la miraron con sus ojos raros y siguieron jugando. Sonia se dio cuenta de que los gatos no son muy obedientes que digamos, así que se metió ella sola a la casa.

Adentro de la casa, su mamá le quitó el gorro gris, el abriguito rosa con el cierre más largo que la cola de un gato y los guantes azules. Uno, dos, tres y cuatro. Subieron a la habitación de Sonia y ahí su mamá le quitó los zapatos, la acostó en la cama y le puso una manta verde encima. Sonia cerró los ojos y empezó a soñar con sus gatos. En su sueño, los gatos eran diferentes: el gato blanco era amarillo y con una cola roja y larga como el cierre de su abrigo rosa, el gato del nombre difícil era morado con cinco manchitas azules. Y el gato rayado, era anaranjado con rayas verdes. A Sonia quiso contarle las rayas, pero eran tantas que ya no le dieron ganas de quitarse los zapatos para seguir contando. Los gatos jugaban en la nieve y ahora sí era muy fácil distinguirlos. ¡Los gatos tenían muchos colores! Amarillo, rojo, morado, azul, anaranjado y verde. Uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis colores. Seis colores diferentes y tres gatos diferentes. Seis, siete, ocho y nueve. ¡Nueve cosas en total!

Sonia estaba muy divertida en su sueño cuando de pronto escuchó un ¡miau! que la despertó. A su lado estaba el gato gordo del nombre difícil. Y era café, no morado con cinco manchitas azules. El gato otra vez dijo ¡miau!, pero Sonia no entiende el lenguaje de los gatos, así que mejor le sonrió y le acarició la cabeza. El gato se lamió los bigotes y la miró con sus ojos chistosos. A Sonia le divirtió mucho imaginarlo de otros colores y otra vez se empezó a reír. “Cuando papá llegue, pensó, le voy a contar de los colores de mis gatos”.

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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2 comentarios leave one →
  1. Olga Cortez Barbera permalink
    26 diciembre, 2013 12:43

    Hermoso cuento, amiga mía. me haces ser niña otra vez. Un beso

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