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Sobre el repudio a la tauromaquia

10 febrero, 2014
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“Un par”, Miguel Estaña.

Todo mundo sabe que gracias a Internet, es posible estar en contacto con absolutamente todo. De hecho Mafalda lo menciona en una viñeta donde le dice a uno de sus amigos (Felipe, si no mal recuerdo) sobre qué pasaría si “todo estuviera aquí”, anticipándose precisamente a esta red global.
Por supuesto, esto implica estar en contacto con personas, culturas y acontecimientos de todo el mundo… a veces a un nivel que no quisieras, sobre todo cuando se trata del maltrato animal.
En redes sociales cada quien se agrupa e inclina de acuerdo con sus gustos, preferencias, creencias, aficiones y más, desde las más sencillas e inocuas (tejer, leer), pasando por las superfluas, y de ahí hasta las de ayuda a otros o incluso, “aficiones” francamente repudiables, como lo es la tauromaquia.
Hace un par de días di de baja a uno de mis contactos, aficionado a la lidia. Y hace como un año, también lo hice con otra persona de mi familia, también aficionada a la fiesta brava. En mi perfil de FB claramente indico mi postura al respecto, así que al menos en redes sociales, por congruencia y en lo personal, no puedo tener contactos taurómacos. Ya anteriormente había rechazado a un par de personas por motivos similares (uno de ellos familiar político, que además de taurino, es criador de traspatio).

Los jaripeos y mi familia

Una buena porción de mi familia materna es aficionada a “los toros”, que se refiere a esa actividad relacionada con una especie de jaripeo en regiones del estado de Guerrero donde principalmente un jinete monta a un toro, otros lo lazan a caballo y el público vitorea a aquel que dura más tiempo sin que lo derrumbe el toro. Todo esto en medio de música de banda y por supuesto, bastante alcohol. Lo más rescatable aquí, es que el toro no muere, ni tampoco es herido con armas punzocortantes, pero tampoco lo exime de ser maltratado.

Si bien asistí (o me llevaron) varias veces en mi infancia a “los toros”, gradualmente
me fui dando cuenta de lo que había detrás y dejé de ir cuando crecí. Y aunado al hecho de que con varios parientes no coincido (por motivos familiares, pero también ideológicos y personales), en la actualidad realmente tengo poco contacto con ellos y tiene mucho tiempo en que ni siquiera voy para allá.No más corridas toros Animanaturalis

Desgraciadamente, esa actividad da pie a la afición de la llamada
“fiesta brava” y no es raro que muchos adeptos a lo anterior, se sumen a
esta última (cosa que he notado ha crecido en un sector de mi familia).

Jaripeos y tauromaquia

Puedo entender hasta cierto punto la osadía de un jinete que monta un toro, pero nunca entenderé el asesinato gradual de un animal por alguien que precisamente llaman “matador”. Y es que la “fiesta brava” tiene un par de atractivos que también tiene este otro tipo de jaripeo: música y alcohol. En ese sentido realmente es una fiesta (aquí se resaltan los borrachos enardecidos). Y si le sumamos un par de “atractivos” más, que serían la gente poderosa (adinerada, sin importar el origen de su riqueza, o la gente que tiene altos puestos políticos, o cierto sector del alto clero, por citar un par de ejemplos) y la autodenominada “gente bonita” (desde gente del medio artístico hasta gente que se considera nice), no es de extrañar que todavía un porcentaje de la población sea aficionada, para ser más exactos, un 20 %, una minoría, pero cuyo 5 o 10 % son gente influyente en la vida política, económica y hasta social y religiosa del país. (El resto lo conforman personas cualesquiera que quieren, por unos instantes, ser parte de ese glamour y embriaguez -muchas veces literalmente hablando- que implica estar en una corrida de toros, o que simplemente tienen una autoestima baja y anhelan pertenecer a algo “grande”).

De ese pequeñísimo porcentaje de personas comunes y corrientes, uno pensaría que se trata de gente mayor, que por años ha sido aficionada, pero he comprobado que no es así. Cuesta entenderlo, pero hay gente muy joTortura ni arte ni culturaven que también lo es. Es increíble que en este siglo, con todo este conocimiento y transformación, haya personas que o se deslumbran por el ridículo traje de luces del torero, o se dejan llevar por el alcohol y la música, o mucho peor: disfrutan ver la tortura de un ser vivo.

“Tortura, ni arte ni cultura”

Si bien las corridas de toros lleven muchísimos años de existir, sus protagonistas hayan “refinado” la forma en que torturan al toro y que incluso apelen a la religión para que tengan “una buena faena”, no se les debe considerar un Patrimonio Cultural por su evidente salvajismo. Si es así, entonces ¿también debería considerarse así a la ablación?, ¿a la dilapidación? El que la víctima en este caso sea un animal, no cambia las cosas.

Volviendo a las redes sociales, he visto (más veces de las que quisiera) imágenes de diversas formas de tortura hacia animales: desde muerte por inanición, azotes contra la pared, pirotecnia que les ha ocasionado mutilación y muerte, degollamiento, desmembramiento, animales quemados, apaleados, enterrados vivos… la lista sigue. Todo mundo repudia estos actos, sean animalistas o no. Incluso dentro de los propios animalistas, hay varios que están en contra de la difusión de esas imágenes o videos, por su brutalidad. En los noticiarios a nivel nacional, cuando ocasionalmente dan un espacio a este tipo de crímenes, cuidan de difuminar u ocultar la parte más explícita y violenta de la imagen.

En contraparte, cuando pasan imágenes de la fiesta brava, donde un animal es atacado por personas a pie y a caballo, con heridas evidentes, un animal sangrante, casi desfallecido, evidentemente asustado, muriendo lentamente con sus órganos internos despedazados, ahí la imagen se muestra y enfoca, para destacar cómo es torturado y finalmente, defensa-toros-webmutilado de cola y orejas, ante los vítores de su poco público adepto. ¿Por qué aquí no censuran esas imágenes tan brutales? ¿Quizá aceptaríamos más las imágenes de tortura que antes describí si las hiciera gente vestida con un traje de luces, hubiera música de por medio y alcohol? ¿Sería socialmente aceptado?

Los límites

Puedo entender hasta cierto punto a quienes reproducen a sus mascotas (suele haber ignorancia o negligencia de por medio, incluso un interés económico). Puedo entender a quienes son carnívoros. Puedo entender incluso ciertas formas de maltrato, sobre todo las derivadas del desconocimiento o falta de información. Pero lo que sí me resulta inadmisible es que en este siglo XXI todavía haya lugares donde la tauromaquia se sigue efectuando y que todo se reduce a la lenta tortura de un animal hasta que se le asesina, en medio de vítores, y donde finalmente, se le mutila. Esto de ninguna manera puedo entenderlo ni aceptarlo, tampoco tolerarlo, por su brutalidad y salvajismo evidente.

Finalmente, recuerdo que alguien que mencioné al inicio, de mi familia, se quejó con uno de mis hermanos (no fue capaz de decírmelo de frente), diciendo: “¿a poco el hecho de que me gusten las corridas de toros me hace una mala persona?”. Pero como bien me comentó una amiga y colega mía: “si alguien está tan convencido que no es una mala persona, pues no tendría siquiera que mencionarlo”.

Queda ahí la reflexión.

©Mayra Cabrera. Derechos Reservados.

2 comentarios leave one →
  1. 11 febrero, 2014 15:23

    Tan solo un pero. No somos carnívoros, somos omnívoros, La diferencia es sustancial. Saludos.

    • 11 febrero, 2014 17:04

      Tienes toda la razón: solo fue para dar énfasis al hecho. Saludos cordiales.

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