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Guía del basset (19/25): problemas de conducta, 2a parte

26 mayo, 2014

En el post anterior tratamos sobre algunos problemas de conducta en el basset hound, como pueden ser la dependencia, el entrenamiento para ir al baño, su efusividad para saludar a otros perros y problemas para viajar en automóvil. Ahora hablaremos de otros problemas que pueden resultar un verdadero conflicto para los dueños de un orejón, como son los aullidos, saltar a las personas, los bassets gruñones y los hurtos de comida.

Los aullidos, gemidos y lloriqueos

LOS DOS

Constanza y Bruno.

Ya sea porque se sienten solos (cuando los dueños salen a hacer actividades varias, o a la hora de dormir), los bassets pueden llegar a ser bastante fastidiosos al aullar o gimotear de forma incesante. Son perros muy dependientes de su dueño y, aún cuando puedan entretenerse solos, muchos se alteran cuando no ven a sus humanos a la vista.

Soluciones posibles. Se debe acostumbrar al basset a estar solo (por ciertos periodos, NO todo el día) y esto debe hacerse paulatinamente: toma en cuenta que para un perro no existe la noción del tiempo, cuya medición es un invento humano. Esto se necesita hacer desde que el basset llega por primera vez a nuestra casa. Para tener éxito en la estrategia que a continuación se detalla, se necesita también disponer de tiempo, ya sea durante las vacaciones, una tarde o un fin de semana.

El objetivo es enseñarle que siempre regresaremos, que no nos vamos para siempre, cosa que él no sabe y que le puede causar angustia que se traduce en aullidos y gimoteos (la llamada “ansiedad por separación”). Para ello, se recomienda ampliamente el siguiente ejercicio, el cual resultará cansado y aburrido, pero con el cual se obtienen estupendos resultados:

  1. Salir de casa (como acostumbremos hacerlo, diciendo “adiós” -sin dirigirnos a nuestro perro- o tomando nuestro portafolio, bolso, etc.) y cerrar la puerta… para entrar inmediatamente después.
  2. Salir de casa y cerrar la puerta, pero ahora tardar unos 15 segundos en entrar.
  3. Salir de casa y cerrar, para entrar nuevamente un minuto después.
  4. Salir de casa y cerrar, para entrar a los cinco minutos.
  5. Volver a salir de casa y cerrar, para regresar a los 10 minutos.
  6. Repetir los pasos 1 a 5.
  7. Salir de casa y cerrar la puerta, y ahora tardar 20 minutos en regresar.
  8. Salir de casa y cerrar la puerta, y regresar a la media hora o 40 minutos.
  9. Salir de casa y cerrar para volver una hora después, la cual será nuestra meta final.

Observaremos que en el paso uno, ni siquiera daremos oportunidad a nuestra mascota para que chille, porque entraremos de inmediato. Con los pasos subsecuentes, aprenderá a que siempre, siempre regresaremos e incluso se aburrirá de tal ejercicio y se dedicará a hacer su vida de perro. Este ejercicio, insisto, es tedioso y se requiere de tiempo y disposición para hacerlo, pues da magníficos resultados. Si llegamos al paso 9 y nuestro perro aún gimotea o aúlla, debemos repetir más tarde o al día siguiente todos los pasos, las veces necesarias hasta que se acostumbre a las salidas.

Cleo

Cleo.

Otra cosa que sirve es dejar algo que entretenga a nuestra mascota: una grabación con nuestra voz, la radio encendida (en una estación donde transmitan noticias, no música) o un juguete especial que sólo se de en esas ocasiones. Dicho juguete puede ser una carnaza, una pelotita de goma hueca con croquetas dentro, o mejor aún (algo que a mi me ha dado magníficos resultados), un hueso de fémur de res –cocido- con el cual se entretendrá durante horas (no se astilla, es sabroso y les limpia los dientes). Dichos juguetes se les deben dar al menos dos minutos antes de salir, pues si se les da mucho antes o justo antes de salir, la angustia de nuestro perro será tal que se olvidará por completo del juguete y… aullará de nuevo.

Otras técnicas que llegan a funcionar consisten en silbar fuerte ya estando en la calle, para distraerlos, o una vez alejados varios pasos de la casa, marcar a la misma para que se distraigan con el timbre del teléfono.
Ahora bien, si gimotea a la hora de dormir (sobre todo cuando no duerme en nuestra habitación), se recomienda establecer rutinas para evitar esto. Se debe jugar con él un rato (sin agitarlo demasiado), acariciarlo y mimarlo y después darle de cenar. Inmediatamente después se le debe indicar con una frase especial que es hora de ir a la cama (por ejemplo, “a dormir”) y acostarlo en su camita e instarlo para que ahí se quede (por ejemplo, “ahí quédate”, “shhh, duerme”), utilizando una voz baja y suave para luego apagar la luz.

Es importante sacarlo antes al baño: puede gemir porque necesita salir a hacer sus necesidades o incluso, si tiene sed (si este es el caso darle poco agua, porque si no querrá salir al baño en la madrugada y si uno no lo atiende, hará sus necesidades dentro de casa). Si aún con esto se levanta, se le debe tomar gentilmente por el collar al tiempo que se repiten las frases antes mencionadas y se le lleva a su cama.

Uso de kennel o transportadora. Después de esto y si aún gimotea un poco, hay que considerar el adquirir un kennel (transportadora) donde instalaremos su cama y ahí dormirá. Por instinto, le sirve como “guarida” y también se sentirá “contenido” en ella y optará por dormirse. Pero es muy importante habituarlo a que duerma ahí, nunca meterlo a la fuerza o será completamente contraproducente: debe verla como algo positivo, algo que le trae paz y descanso, nunca angustia. Para ello en el día coloca dentro un juguete, su cama, algo que pueda asociar con cosas buenas. Ya dentro (los bassets en especial son curiosos) prémialo con caricias o con un bocadillo para perros. Ya que entre y salga de ahí varias veces y por su cuenta, comienza a cerrarla por segundos, no de forma que parezca que lo “capturaste”. Si está tranquilo, déjalo 5 minutos y deja que salga. Así harás varias veces al día por varios días y por lapsos un poco más largos de tiempo, hasta que después lo hagas por la noche.

La transportadora también te será útil en caso de que esté asustado por una tormenta con truenos, o incluso si tienes visitas y por algún motivo necesitas resguardarlo por un rato. En ese caso, déjalo adentro con un juguete, un hueso (ver apartado anterior), para que esté tranquilo y entretenido. No olvides sacarlo al baño y a tomar agua en cuanto la visita se vaya o si tu perro te indica que necesita salir (rasguñará o aullará).

Los saltos y rasguños

Morris_pastel_baja_2

Cumpleaños Morris.

Como se ha dicho antes, no todos los bassets lo hacen, pero muchos que son efusivos les encanta hacerlo. Ya se mencionó en la sección de Salud y enfermedades que no conviene que lo hagan, ya que puede afectarles a su columna y articulaciones. Es difícil que un basset saltarín deje de hacerlo, y más cuando le encanta clavar sus garras en nuestras piernas, pero vale la pena intentar lo siguiente.

Soluciones posibles. Mostrarle un pequeño bocadillo e indicarle que se siente, esto se hará con una frase y un gesto, que puede ser mostrando con el índice el suelo. Esto llevará tiempo y no se le dará el bocadillo hasta que lo haga. Por supuesto y por cuestiones de peso, no se debe abusar de los premios, así que paulatinamente cambiaremos el bocadillo por caricias, las cuales se dejarán de dar si el basset “reincide” y vuelve a saltar. La indiferencia “mata” a un basset, así que si no obedece, conviene entrar y simplemente ignorarlo (no tocarlo, hablarle ni hacer contacto visual) y después intentarlo de nuevo. Esto último es útil porque si al saltar lo tocamos, gritoneamos y demás, es como alentarlo a que siga haciéndolo.

Por otra parte, también es de utilidad decirle “¡abajo!”, a la vez que se levanta la rodilla y se le esquiva: esto tiene que repetirse todas las veces posibles (intercalado con breves episodios de indiferencia) hasta que el basset ya no salte. Estas tácticas a veces no funcionarán, y esto por dos razones: si uno no es perseverante o si se tienen dos o más bassets saltarines.

¿Un basset cascarrabias?

Esto sorprenderá a muchos, y más cuando han estado leyendo lo sociables y bonachones que son. Esto ocurre cuando los bassets son mayores y en aquellos que se acercan a la vejez; pero no necesariamente ocurre a todos. Si es un basset solo, será más celoso de su dueño, gustará menos de jugar y si comparte con otros, le molestarán los ladridos y el alboroto que los más jóvenes puedan causar.

Soluciones posibles. Paciencia, aceptación y mucho amor. Nadie es igual que hace diez, quince o treinta años, y lo mismo pasa con los bassets. Parecerán menos tolerantes y serán más pasivos, pero su carácter prevalecerá. No hay que regañarlos ni mucho menos castigarlos o relegarlos: son muy vulnerables y lo único que se logrará será su desconcierto y un sentimiento de tristeza y decepción de su parte.

Pero sí es importante llevarlo a una revisión médica: puede también ocurrir que nuestro orejón en realidad padezca de alguna dolencia o enfermedad y por ello su carácter cambie. Recordemos que especialmente en la tercera edad son más susceptibles a enfermedades varias.

Los hurtos misteriosos (el basset glotón)

Se ha mencionado que para tener un basset saludable se le debe cuidar su dieta. Pues bien, esto es algo que a él le tiene sin cuidado y, como si estuviera emparentado con los hobbits de Tolkien (esta fue una de las principales razones por las cuales llamé Frodo a mi orejón), un basset es un sibarita que adora la comida. Y no necesariamente espera a que su dueño lo complazca, ya que son perros independientes, buscan satisfacer esos “pequeños placeres de la vida” y no es raro que roben comida… directamente de la mesa.

La dulce Alelí.

La dulce Alelí.

La dulce Alelí, por ejemplo, tiene el sobre nombre de “contorsionista”, ya que se ha vuelto famosa en las reuniones de bassets en su natal Argentina (las llamadas basseteadas), por hacer equilibrios y malabares para robar una buena porción de torta de la mesa. Un basset se las ingeniará siempre para conseguir lo que quiere: se parará de puntas, se trepará, jalará manteles y se esconderá calladamente a degustar el botín sin que nadie sospeche nada… hasta que alguien repare en la desaparición de una porción de comida.

Soluciones posibles. Esto, para empezar, debe tomarse con buen humor. Está bien, sé que no siempre es posible y menos cuando el basset dio un mordisco al platillo principal y los invitados están por llegar; pero créanme, después del desaguisado, uno ríe muchísimo por la “hazaña” de nuestro orejón amigo, y más por toda la planeación que se toma para ello: son definitivamente muy inteligentes. Se le debe de reprender, pero debe ser en el momento mismo de la fechoría, ya que después no hay remedio. Se le dirá con voz ronca y firme: “no, eso NO se hace”, y poner cara seria (cosa que pocos dueños de bassets logran, ya que el basset es tan gracioso que es posible que nos gane la risa).

Y si ya se robó un pernil, no tiene caso arrebatárselo con enojo: ¿querría alguien comer un pernil seriamente mordisqueado? La mejor solución entonces, no es la correctiva, sino la preventiva: no debemos dejar nunca comida sola y mucho menos a su alcance (a las orillas de la mesa, encimera de la cocina o muebles bajos). Si vamos a salir, guardemos y pongamos fuera de su alcance cualquier alimento: recordemos que la Nariz le dirá dónde están los manjares (esto incluye dulces en envolturas de plástico), también sirve bastante el retirar o enrollar los manteles, ya que tienden a jalarlos.

Continuará…

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

Nota importante. Esta Guía es de mi autoría y fue originalmente publicada en el foro argentino de Yahoo Grupos “Basseteros sin Fronteras”, el cual ya no está vigente; posteriormente se publicó en la página de CAESPA, AC, la cual ya no existe y donde podía incluso descargarse como PDF con fines educativos. Es por ello que decidí publicarla en mi blog. No se permite su reproducción parcial ni total salvo mi consentimiento expreso, esto debido a que en diversas ocasiones han plagiado mi trabajo e incluso ha sido utilizado por criadores de traspatio. Por su atención, conocimiento y comprensión a esta nota, gracias.

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