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Touloux: la estrella que se exilió en mi hogar (2001-2014)

9 septiembre, 2014

Conocí a Touloux en un foro de bassets: era una hermosa perra bicolor de tonalidades rojizas y blancas, y la cara Touli hermosamanchada de graciosas pecas. Provenía de un criadero, era grande, robusta y de gran porte, de andar orgulloso y cadencioso. En una palabra: era hermosa y magnífica. Pero la primera vez que la vi fue cuando adoptamos a Frannie, otra hermosa basset, hermosa de su alma, porque su aspecto contrastaba enormemente con el de Touli. Fue su dueña quien me trajo a Fran y recuerdo que al vernos en un punto intermedio de la ciudad, quien bajó primero fue Touloux, radiante y bella, orgullosa y delicada… por un momento Raúl pensó que ella era la basset que adoptaríamos, pero no fue así… no aún.

En ese entonces era la “niña mimada” de aquella persona, quien no dudaba en comprarle ropa y accesorios, de comprarle disfraces primaverales (una vez la disfrazó de catarina) o de Santa Claus. Touloux era incluso la excepción a su raza, porque si bien se rumorea que los bassets son necios y no aprenden con mucha facilidad que digamos, ella había aprendido varios comandos: hasta el final de sus días atrapaba rápida y limpiamente los bocados que se le daban, sabía dar una pata, también la otra, “hablaba” (ladraba cuando se le indicaba con una seña), se echaba (usando una voz en francés, coucher) y también se daba la vuelta sobre su costado (con la voz roll). Ello le valió que incluso fuera la protagonista de un comercial de televisión en México donde pudo lucir su porte, obediencia y hermosura. En suma, era una perra muy buena y obediente, pero que como todo basset, babeaba, se impacientaba y también, ladraba mucho.

Fran al llegar

Al adoptar a Frannie… y conocer a Touli, siempre en primer plano.

Esto último fue el detonante para que hubiera problemas entre su dueña y su pareja, llegando al punto que aquel llegó a amordazarla para evitar que Touloux ladrara, algo que creó muchas discusiones entre ellos. Así las cosas, me pidió ella que su perra pasara una temporada en mi casa, para probarle a su pareja que no era el motivo de todos sus problemas. Lo hicimos de esa manera y pasó aquí una semana… que fue un tanto complicada, porque Raúl estaba construyendo los condominios para nuestros conejos y la sala, cocina y comedor estaban llenos de herramientas y materiales. En ese entonces ya habíamos adoptado también a Phoebe, otra basset, y aunque en un inicio se llevaron muy bien, Phoebe era un tanto dominante, además de que Frida, mi perrita andariega, también lo era y por añadidura, algo celosa. Con todo, Touli se adaptó bien a esta creciente familia, pero como noté que se estaba acostumbrando demasiado, decidí que lo mejor sería que regresara a su casa. En el ínter, y para calmar un poco la continua ansiedad de su entonces dueña, quien todo el tiempo me preguntaba por ella, decidí hacer “El diario de Touloux”, un día a día de lo que la gorda (como cariñosamente la llamábamos, por ser más robusta que los demás) hacía, sus pequeñas aventuras, paseos y pensamientos… no recuerdo si lo guardé, pero valdría la pena rescatar esos escritos que entonces publiqué en aquel magnífico foro de bassets de Basseteros sin Fronteras.

Sin embargo, una vez que regresó a casa, las cosas se complicaron más aún cuando tiempo después esa pareja esperaba a su primer bebé y, como desgraciadamente ocurre con muchos perros, Touloux dejó de ser la consentida y mimada, así que gradualmente la relegaron a una azotehuela, donde comenzó a pasar largos periodos de tiempo… a ella (y a ningún perro) le venía bien la soledad y el aislamiento, así que los ladridos se recrudecieron y supongo, el descuido. a la expectativa

En este punto, ella comenzó a buscarle un hogar a la pobre gorda, así que recurrió a mí. Yo en ese entonces tenía a mi hija recién nacida y cuatro perros en mi haber, por no mencionar a mis conejos. Era imposible que me hiciera cargo de un perro más. Pero conocía a Touli, sus grandes y asustados ojos castaños, sus pequeñas manías, su impaciencia, sus ruidosos ladridos… y el hecho de que ya era una perra adulta de 6 años de edad. Tenía entonces algunos factores en contra para poder ser adoptada rápidamente. Lo pensé mucho, lo platiqué con Raúl y decidimos adoptarla.

Touli llega a casa

No fue tan sencillo. Con todo, fueron largas charlas con aquella persona, porque se contradecía mucho: sí, quería darla en adopción, pero a la vez estar al pendiente todo el tiempo de ella, lo cual no debe ocurrir en las adopciones. Traté de convencerla para que mejor se la quedara (incluso tenía otra perrita, pero de talla pequeña), pero me insistía en que era “imposible” y que su familia “ya no la quería” y que ella no podría cuidarla más. Finalmente aceptó dármela pero firmando un convenio en el que renunciaba totalmente a Touli. Un fin de semana llamó su pareja, Raúl lo vio en un punto intermedio y ahí le entregó a Touli, con todo y sus cosas, cama, disfraces y platos incluidos metidos en una bolsa grande… fue algo así como si la hubieran “corrido” de su casa. La gorda estaba triste, no sabía qué pasaba, pero cuando Raúl venía con ella hacia acá, le dijo que su vida iba a cambiar y que jamás la abandonaríamos, que ahora era parte de nuestra familia. Y así ocurrió.Alex y Touli

No he conocido una perra más limpia y obediente. Una perra tan buena como ella. Desde que vino la primera vez a casa en ese primer exilio que llamamos sus “mini vacaciones”, aprendió a ir al baño hasta la terraza. Y hasta el fin de sus días hizo siempre lo mismo, rehusándose a hacerlo en el pequeño patio de la primera planta.

Touli siempre despreció a Frodo y, como siempre he hecho la voz de todos mis perros, la de ella era una voz afectada, de señora de sociedad, un tanto chocante, pero sumamente divertida y eso sí, con clase. Con Phoebe jugaba, a Frida, la única no basset (por eso mi amiga Lety llamaba a mi jauría, “los Cuatro Fantásticos + 1”) la respetaba mucho por ser la líder, y Frannie, la matriarca y abuela del grupo, le exasperaba por su edad y sus pasos y maneras pausadas.

Fue ella quien, con mucha paciencia, enseñó a caminar a mi pequeña y la trató y cuidó como si fuera uno de sus cachorros (supe que alguna vez la cruzaron, pero por diversos errores que no vale la pena mencionar, todos los perritos fallecieron). Mi pequeña se sujetaba a los mechones largos del lomo de Touli y ésta, que podía ser orgullosa e impaciente con los demás perros, se quedaba quieta hasta que la bebé acomodaba las manitas en su lomo y así, daba con confianza sus primeros pasos. Nosotros decíamos que su anterior dueña se había perdido de muchas cosas maravillosas con ella, algo que siempre ocurre con aquellos que apartan, de la manera que sea, a un animal de sus vidas.

Touli era toda una lady para ir en auto, se sabía subir bien y se acomodaba perfectamente en el asiento trasero, como toda una dama de sociedad y fue muy feliz cuando yo tuve mi propio coche y era su chofer. Disfrutó mucho de los paseos al parque o a la calle. Gruñía y ladraba casi a todos los perros que ha habido en la familia, pero con aquellos que se topaba en el exterior, era toda amistad y buenas maneras: los saludaba cordialmente con la cola y a veces, con un corto y alegre ladrido.

A la hora de comer, siempre fue la más ruidosa y me causó mucha risa cuando, después de enseñarle a Fiona, a quien adoptamos después de que Frida y Fran trascendieran, varios comandos, notó que le daban su plato al ejecutar esas maniobras, por lo que su mente echó a andar y recordó lo aprendido muchos años antes, así que las últimas semanas antes de darle su plato, me daba una pata primero, y luego la otra. Fue así que después de darle de comer casi al final (siempre fue muy ruidosa), ahora era la que primero comía.

Los perros avisan cuando se van

Desde hacía algunos meses, Touli, así como hicieron Frida y Frannie en su momento previo a su partida, se acercaba más a mí mientras trabajaba, especialmente cuando no había nadie cerca, lo cual solía ocurrir por las noches o cuando los otros canes IMG0004Adormitaban. Sabía que quería decirme algo. Aun apurada, me las ingenié para desocupar una mano y acariciarla, mientras con la otra aporreaba el teclado de mi máquina (algo que Raúl siempre me ha criticado). Pero ahora comencé a notar cierto temor en sus ojos. Ya le costaba más trabajo subir las escaleras, y aunado a su terquedad de subir dos pisos para ir al baño, no le ayudaba mucho.

Llevaba algunos años tomando suplementos con glucosamina, la cual había subido su dosis. Una visita con nuestro veterinario y amigo realizada hace menos de un mes reveló que Touli tenía desgaste en su cadera y problemas serios de columna, que corría el riesgo de que tuviera un problema en sus discos que pudiera dejarla paralizada. Recomendó no continuar con sus paseos, porque hace un par de años le detectaron problemas del corazón y estaba medicada, pero no estuve de acuerdo: con mucho cuidado y buscando nunca agotarla, salía con ella y Phoebe (que aunque es un poco más joven, su salud mermó un poco después de extraerle el bazo). Incluso cuando hace un par de semanas por problemas de salud no me fue posible llevarlos de paseo, pagué a un paseador para que les diera una vuelta de unos 15 minutos, porque es algo que siempre valora y añora hacer un perro.

Pero la radiografía reveló algo más: el bazo estaba algo agrandado. Mi veterinario recomendó dejarla en observación y mientras tanto, le hizo una limpieza dental que le hacía falta. Más tarde regresamos por ella y se alegró muchísimo de vernos, porque mi orejona siempre ha sido miedosa y nunca le había gustado estar lejos de nosotros, quizá siempre temiendo por un nuevo abandono.

Sin embargo, el problema del bazo siguió. Comenzó a crecer hasta alcanzar casi un tercio de la cavidad abdominal. El viernes pasado, al verla echada, noté un bulto en su vientre. Pensé que quizá había bebido mucha agua después de cenar y estuve atenta en caso de que fuera una dilatación gástrica, algo nada raro en esta raza y que de complicarse puede ser mortal. Las últimas noches había dormido inquieta e incluso había hecho algo que nunca antes había ocurrido: se había orinado antes de llegar a las últimas escaleras o incluso en las primeras. Todo era por el bazo inflamado y problemas hepáticos… no imagino cómo mi pobre gorda aguantó tanto.

Alex y Touli

Touli enseñando a caminar a Alex.

El domingo Raúl notó que tenía los ganglios de la garganta sumamente inflamados, así que en cuanto tuve cita, ayer lunes la llevé a consulta: tuvo que quedarse porque era primordial operarla. La cirugía se retrasó por diversas cuestiones, pero me llamó Alberto, mi veterinario, más tarde y me dijo que todo había salido bien, que necesitaba descanso y lo más seguro es que hoy al mediodía iría por ella. No sería así.

Agradecí mucho a todos mis queridos amigos que me escribieron deseándole lo mejor a Touli. Eso me tranquilizó mucho porque la dejé con lágrimas en los ojos, porque originalmente el pronóstico no había sido bueno y temía que tuviera un hemangiosarcoma, que fue lo que acabó con Frida, mi otra perrita. Pero todo pintaba bien. Incluso temprano había mencionado que iría por ella más tarde y que esperaba que saliéramos de este trance, cuando en ese momento llamó Alberto para decirme que Touli había tenido un desmayo muy temprano, mientras le acomodaba el suero y le daba su medicamento. Y después tuvo un infarto. Y ya no pudo salvarla esta vez. Ya que lo hablamos y me dio más detalles, quedamos en qué se haría con su cuerpo. Él se encargaría de todo, pero de cualquier forma haría la biopsia del hígado de Touli, para saber si no fue un coágulo, o alguna complicación hepática relacionada.

Al colgar me derrumbé y lloré largo rato, hasta que llamé a Raúl para darle la noticia. Confío 100 % en Alberto, y sé que lo que hicimos fue lo correcto y fue a tiempo, quizá lo único que lamento no haber podido estar ahí para consolar a mi gorda. Justo el domingo, cuando Raúl notó los bultos bajo su hocico, al mirar sus ojos supo que se despedía y le dijo que por qué hacía eso, justo en ese momento en que estaban a solas, justo cuando ella de forma discreta apoyaba su nariz en su regazo. Se estaba despidiendo.

También se despidió de mí ayer, antes de ir a consulta. La llevé al baño, animándola a subir (porque era lo que intentaba hacer), cuando al dar vuelta la escalera, se detuvo de improviso. Me miró con tristeza y gran dulzura, quedamos a la misma altura y nos miramos a los ojos. Hablé mucho con ella y me dio un lengüetazo en la cara, algo que rara vez hacía, también bajó su cabeza y la apoyó en mi frente. Con ambos gestos me dijo muchas cosas y le hice las mismas promesas que hacemos a nuestros animales aun a sabiendas de que quizá no podamos cumplirlas. Así estuvimos varios minutos y después de acariciar sus largas y suaves orejas (una de ellas por cierto incompleta de una orillita, debido a una pelea que tuvo con Frodo varios años atrás), cumplimos con el destino.En la cocina

Con todo, sé que no estuvo sola, porque le mandamos todo el tiempo nuestro amor y valor. Fue una basset quizá gruñona (Alex ayer me decía, ante la posibilidad de un diagnóstico funesto para nuestra Touli “mami, la gorda es algo gruñona, pero yo la quiero mucho”), pero siempre la defendí y la quise mucho, porque cada perro es especial y único, con todas sus virtudes y con todos sus defectos (porque nunca tienen errores); e incluso los defectos, con el tiempo, se convierten en divertidas anécdotas, así que simplemente, los perros son seres perfectos y como tales, quizá no pertenecen a este mundo, así que deben regresar a donde pertenecen. Aunque a veces pienso que son tan necios o tan nobles que insisten en venir para darnos ese amor y perfección del que están hechos.

Agradezco mucho entonces el haber tenido la oportunidad de conocer a esta hermosa basset, que si bien algunos podrían quejarse de su carácter, conmigo fue siempre una perra muy buena y generosa, que dio todo de sí, que me brindó paciencia, amor y momentos sumamente felices. Sé que cuando vuelva a verla, la distinguiré por su garbo, su mirada limpia y orgullosa, sus enormes pecas pelirrojas y se acercará con su característico y ruidoso ladrido.

Te queremos mucho, querida Touli, sigue cuidando de nosotros desde donde estés. Ya te echamos mucho de menos…

Este día ha estado nublado, pero hace rato, después que terminé este post, salí a la terraza, pensando con tristeza en que ya no vería más a Touli… Quizá fue casualidad pero en ese momento las nubes se abrieron y el sol me dio de lleno en el rostro. “¡Adiós, Touli!”, grité en mi interior, “cuídanos, te queremos”, añadí. Las nubes se cerraron de nuevo y supe que mi mensaje le había llegado.

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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6 comentarios leave one →
  1. Anónimo permalink
    9 septiembre, 2014 21:24

    me parece que fuiste muy valiente al superar a touli y se que ella te lo agradecera infinitamente , iigual que cunado perdi a mis dos conejos ,se que ellos me lo agradecen , y se que touli lo ara contigo tambien 😀

    • 9 septiembre, 2014 21:49

      Te agradezco mucho tus palabras 🙂 espero así sea. Un abrazo y sí, las pérdidas de nuestros animalitos siempre nos marcan.

  2. Angela Chavarri permalink
    9 septiembre, 2014 16:10

    Gracias por compartir tu experiencia de amor con Touli, cada uno se lleva un pedazo de nuestro corazón para siempre, y solo nos resta esperar que en algún momento, podamos volver a reunirnos.

    • 9 septiembre, 2014 21:48

      Es muy cierto lo que dices y espero que así sea. Gracias a ti por leerme.

  3. bertha escobar permalink
    9 septiembre, 2014 12:07

    hermoso relato May…un abrazo muy fuerte

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