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13 preguntas a Mario Cruz (entrevista, primera parte)

9 octubre, 2014

“Cae la lluvia que detestas. Ten paciencia, mi gatita, que llegará el otoño, con sus cielos rojos y sus tardes tristes. Esta agua se secará y podremos jugar de nuevo. Cada día que pasa es un día más cercano a mi transición, y nos encontraremos donde el tiempo ya no ejerce su tiranía. Sólo un poco, mi pequeña, y volveremos a estar juntos (…)”.

Duerme, Nirvana (fragmento), Mario Cruz

Hace un par de meses le pedí al escritor y animalista Mario Cruz, de quien hablé en mi anterior post, que me concediera El grimorio de Dissaoruna entrevista. He sido lectora de su obra (me gusta la ficción y el terror), y también admiro y respeto su labor en pro de los animales y que incluso se llega a ver reflejado en parte de sus escritos, como en el poema “El espectáculo más cruel bajo la Tierra” o el conmovedor cuento “Luces del bosque“. Esta semana decidí dedicársela en mi blog para que más personas se acerquen no solo a sus libros, sino que aquellos que ya lo conocen, aprecien y aprendan un poco más de otras facetas suyas, sobre todo enfocadas al proteccionismo animal y a su otra profesión como veterinario.

Sin más, los dejo con este maestro de la ficción macabra y que en unos días más presentará su obra Infernalia, una puesta en escena donde lo macabro y lo sublime tienen lugar, de la cual hablé en mi último post.

1. Suele permear la idea de que a quien le gusta la literatura de terror, es oscuro o gótico, es sinónimo de algo negativo, perverso, cuando en realidad pululan los lobos con piel de oveja, por ejemplo, está la “gente bonita” que asiste a corridas de toros, o deportistas famosos que se dedican a las peleas de perros, por no hablar de la postura de ciertos miembros de la Iglesia, ¿qué opinas de todo esto?

Así es, hay gente que piensa que los lectores y escritores de terror somos “malos”, y que los que escribimos terror somos una mala influencia, pervertidores de la sociedad, seguramente promotores de alguna secta satánica o algo peor, y se imaginan que uno anda con un hueso atravesado en la nariz y que come niños. Pero eso es tan absurdo como pensar que un escritor de ciencia ficción es extraterrestre. Los escritores de terror que yo conocí en los ochenta eran personas pacíficas y tranquilas. En Estados Unidos, hay escritores de terror que son padres de familia y no causan ningún problema en su comunidad, algunos incluso son miembros de su iglesia local (y no satánica, sino cristiana). Hay mucha gente que no acaba de entender que el terror es un género literario, como lo es también el policíaco, la novela rosa, la ciencia ficción, etcétera. Pero como siempre, se ha considerado al terror como al hermano incómodo de los géneros literarios, entre otras cosas, por su carácter transgresor. ¿Y qué le vamos a hacer, si así es el género? Si les causa escozor, pues no lo lean, o no lo vean, en el caso de las películas, y todos a gusto.Memorias del abismo

Ahora, del otro lado está esa gente “bonita” (algunos son bastante feos, sobre todo los políticos), que siempre está hablando de la paz, el amor, amante de la música cursi (que no romántica, porque el romanticismo es algo muy distinto), que se dice gente de familia, y que está a favor de lo positivo, puro, bueno, honesto y sano. Pero… los domingos, después de ir a misa, esos políticos, deportistas y ministros de la iglesia, se van a la plaza de toros a gritar: “¡olé!, ¡olé!”, y entre semana joden al prójimo que tienen a su alcance, y si son políticos, joden a muchos más, engañan a su esposa (o “sobrinita”, en el caso de los curas) con la secre; realizan fraudes; tienen perros, no por cuidarlos y quererlos, sino como objetos de presunción, y cuando las perras ya no les “sirven” para tener camadas, van y las tiran… esa es la gente bonita, cuyos hijos se la viven perdidos de drogados, y a veces acaban suicidándose, cuyas esposas son alcohólicas y putas de lujo, pero al exterior todo es limpio y reluciente. Jesús le llamó a ese tipo de gente “sepulcros blanqueados”, y vaya si lo son. Y esos sepulcros blanqueados son los que se escandalizan ante el terror, el metal y otras manifestaciones artísticas políticamente incorrectas. ¡Qué horror! ¿Y los horrores que ellos provocan y patrocinan? Nadie les puede cuestionar nada porque ellos son ejemplo de moralidad y decencia. ¡Váyanse mucho al carajo! ¡Hipócritas!

2. Cuando uno te lee y se transporta a esos escenarios macabros, dantescos y llenos de horror que describes en tu obra, llama la atención el hecho de que con todo, la realidad pueda superar a la ficción. Como mencionas en tu artículo  Incubando los embriones de la violencia, “los perversos no reciben castigo alguno”; ¿es posible acostumbrarse a todo este horror y violencia que se han vuelto tan cotidianos, aceptarlos, incluso imitarlos?

Lo preocupante del asunto es que efectivamente, mucha gente se está acostumbrando a los horrores de la realidad, a todas las formas de crueldad hacia los animales y hacia las personas. Apenas ayer veía en las noticias acerca de cómo ha aumentado la incidencia del bullying en las escuelas mexicanas. Además, los periódicos muestran, todos los días, decapitados, descuartizados, acribillados, masacres, fosas clandestinas… Es terrible el nivel de violencia que se está viviendo en México, y al que no nos deberíamos acostumbrar de ninguna manera.

Sin embargo, muchos niños ya ven eso como algo “normal”. En el artículo al que haces referencia, me preocupó ver que en los lugares donde se vendían esos horribles videos de peleas de perros, había niños viéndolos. ¿Qué no saben que hay algo que se llama “perversión de menores”? ¿Y qué va a pasar con esos niños, para los que la violencia hacia los animales es algo normal, y muchos de ellos la ejercen, con la complacencia de sus padres? Es sabido que en todos los casos de los peores psicópatas, éstos fueron torturadores de animales en su niñez. En México, eso se está dando a la milésima potencia, y debería ser alarmante. Pero sabemos que México es el país del no pasa nada…

3. Por otra parte, escribes novelas y cuentos que no solo poseen una gran fuerza, sino que también están dotados de una extraordinaria crudeza, donde se muestra lo más vil de la naturaleza humana, ¿cómo concilias eso con tu postura animalista?

Aunque algunos no lo crean, el terror es uno de los géneros más “moralistas”. ¿Cómo así? Porque en terror, por lo general, quien termina siendo víctima del horror en turno, lo merecía. En terror, más que ningún otro género, se aplica el concepto de “justicia poética”. El ejemplo más obvio sería el de las películas ochenteras de Jason, Freddy y demás. ¿Se acuerdan quiénes eran las victimas del monstruo? Los chicos que se drogaban, que tenían relaciones sexuales “ilícitas”, etcétera. ¿Quién terminaba sobreviviendo o venciendo al monstruo? La chica o la parejita que se había mantenido al margen de la perversión de la fiesta. El “nuevo terror”, esta corriente que surgió en la segunda mitad de los ochenta, se saltaba esas trancas de moralidad del terror contemporáneo que sí eran muy conservadoras algunas de ellas, pero imponiendo otra forma de justicia: al mal natural se le opone un Mal mayor y sobrenatural que termina arrasándolo. Es decir, no vence el más virtuoso, sino el más cabrón.

Por ejemplo, está Hellraiser. El tío Frank es un ladrón, pervertido y hasta asesino, pues mata a su propio hermano, y quiere abusar sexualmente de su sobrina Christie. Pero entonces aparecen en escena Pinhead y sus cenobitas, para mostrarle a Frank la verdadera Maldad. La maldad realista y cotidiana de Frank lo hace ver como un simple aficionado frente a esos seres sobrenaturales. Y así, se hace justicia. Aunque la motivación de los cenobitas es recuperar la configuración de los lamentos y castigar al transgresor, Frank paga todo el paquete de sus crímenes. Creo que un escritor de terror debe tener bien claro ese concepto de justicia poética. Cuando veo las noticias, cómo quisiera que existiera un Pinhead, un Freddy, o un Aleister, un Oiram Zurc o mis siniestras criaturas, para hacer verdadera justicia en este país. Si te pones a analizar mis relatos, encontrarás mucha justicia poética en ellos.

Y ahora, lo que voy a decir no significa que busque un “enfoque social” con mi literatura, no soy un escritor “social” ni de moralejas, Dios me libre, y nunca mejor dicho, pero los múltiples recursos que utilizo, entre ellos el gore, sirven para señalar  Memorias de Infernaliay denunciar aquellas actitudes humanas que me resultan repulsivas, injustas y crueles, entre ellas, el maltrato animal, pero también los abusos de los sacerdotes, los crímenes de la iglesia católica que es la institución más criminal y asesina de la Historia, el acoso escolar, y muchas otras. Hay dos relatos en especial, “Maldito el fruto de tu vientre” y “Santificada sea tu monstruosidad”, primera y segunda parte de una misma historia, donde trato el tema de los animales. “Santificada sea tu monstruosidad” lo hace de manera más directa, con un judicial que es un verdadero malvado, disfruta torturando y matando animales y personas, pero se topa con unas criaturas mitad humanas mitad animales cuya crueldad y maldad lo superan ampliamente, y al final, recibe su justo castigo. Y como dicen esas criaturas: los animales no son crueles, pero nosotros, que tenemos parte humana, sí lo somos, y usaremos esa crueldad para hacer justicia. Ahí tienes al escritor y al veterinario escribiendo al mismo tiempo.

Otro ejemplo es “El espectáculo más cruel bajo la tierra“, un poema que he escenificado muchas veces en Infernalia, y es lo que les deseo a los torturadores de los animales cuando lleguen al más allá, y espero que exista ese específico más allá.
Y como dije, no soy un escritor “social”, y tampoco de “manifiestos”. No se gasten tratando de buscar moralejas o algo así en mis relatos. Escribo lo que me interesa, me atrae, me nace o me perturba, y no todo es sobre animales, no soy una especie de James Herriot ni nada que se le parezca, pero cuando puedo introducir mi amor por los animales en mis relatos, por supuesto que lo hago. Otros ejemplos son el cuento y el poema más tiernos que he escrito: “Luces en el bosque” y “Duerme, Nirvana”. La literatura oscura no es sólo sangre y horror, sino también melancolía y ternura, pero creo que esa es la respuesta a una pregunta que viene más adelante.

“Seríamos una mejor sociedad si todos los niños aprendieran a querer y respetar a los animales”. Mario Cruz

4. Mucha tinta se ha derramado en loas a los toreros. Hay quienes han comparado a sus faenas con cuestiones míticas, de hombría, de apologías a la vida y la muerte… pero  a fin de cuentas es más la sangre que se sigue derramando en los ruedos. ¿Qué dirías a esos escritores, columnistas, comentaristas deportivos, pero sobre todo a quienes los siguen?

¿La respuesta diplomática o la respuesta sincera? ¡Qué diablos, la respuesta sincera es, si tanto les gustan las corridas, vayan y toreen a su madre!

5. ¿Hay algún hecho en tu vida que en especial te haya definido para ser una persona sensible y preocupada ante el maltrato animal?

No considero que algún hecho haya sido “el hecho“, más bien que desde niño estuve en contacto con animales: perros, gatos, patos, palomas, hasta un guajolote, un poco de todo. Por fortuna, mi familia me enseñó el amor y el respeto hacia los animales, de ahí la importancia de que a los niños les enseñen en casa esos valores que sí son valores y no los que pregonan los medios masivos de comunicación. Desde pequeños se les debe enseñar la responsabilidad que significa tener una mascota a la que deben cuidar y querer toda su vida. Seríamos una mejor sociedad si todos los niños aprendieran a querer y respetar a los animales. Desde niño yo quería ser veterinario. Lo que no sabía entonces era que también tenía vocación de escritor.

Esa vocación se me definió mucho después, hasta que estaba estudiando Veterinaria (aunque ya escribía desde los quince años sólo por pasatiempo), en la universidad despertó el escritor, y ahora tengo dos carreras, escritor y veterinario. Hay quienes me preguntan cómo le hago para combinar ambas. Tal vez les parece que la literatura y la veterinaria no son muy afines, pero ¿saben qué? Sí lo son, al menos en mi caso el escritor y el veterinario se apoyan mutuamente. Algunas personas que no conocen mi historia me preguntan si estudié Filosofía y Letras, y se sorprenden cuando les contesto que no, que lo que estudié fue Medicina Veterinaria, que soy veterinario, y que ejerzo mi profesión. Una vez, hace mucho, un chavo me entrevistó para una revista, y cuando me preguntó eso, y le contesté: “no estudié Filosofía, estudié Veterinaria”, hasta medio se enojó. ¡Pensó que lo estaba cotorreando! Ya después vio que sí era cierto, y se sorprendió. ¿Por qué les sorprende tanto a algunos? No es algo tan extraño, ¿o sí?

6. De los animales de compañía que has tenido,¿hay alguno de ellos que recuerdes en especial o que haya influido en ti más que otros?

Por supuesto que sí, como ya dije más arriba, toda mi vida he tenido mascotas de varias especies. Actualmente tengo un lindo conejo blanco, como el de Alicia. Y desde luego que Nirvana ha sido la más especial, más que una mascota, es como mi hijita, y no hay día en que no la extrañe. A ella le escribí el poema “Duerme, Nirvana”, que forma parte del Grimorio de Dissaor. Aún ahora, no puedo decirlo sin que se me haga un nudo en la garganta. Pero tengo tantos recuerdos alegres de mi querida hijita, que superan toda tristeza. Al final, queda ese sentimiento dulce y triste al mismo tiempo. Conforme transcurren los años, mascotas y personas queridas se van, y uno se va quedando cada vez más solo, aunque llevando el recuerdo de los amados muertos en el corazón. Ahora comprendo por qué los ancianos lloran a veces, aparentemente sin motivo.

7. Tu magnífico cuento “Luces en el bosque”, ¿está basado en una experiencia personal?

Curiosamente no, por fortuna no perdí a ningún perro en circunstancias similares, aunque lamentablemente sí en otras. “Luces en el bosque” nació más bien de ese anhelo de reencontrarse con las mascotas queridas más allá de la muerte. Este relato es atípico dentro de mi estilo, porque está lleno de ternura, y además, puede ser leído hasta por niños, como ya me han dicho algunos que se lo han leído a sus hijos. Y la historia detrás de las páginas, brevemente, es la El lado oscuro del tiemposiguiente: en 1984 (¡era tan joven!) yo trabajaba en un asilo de animales, y la vicepresidenta, que sabía que me gustaba escribir, me propuso que escribiera un cuento para una pequeña revista que a veces publicaba la asociación. Escribí el relato y se lo mostré. Ella comenzó a leerlo, y de repente comenzó a llorar. “¿Tan mal está?”, pensé. Pero ella me felicitó y me dijo que era lo más tierno que había leído en su vida. Finalmente, la revista no volvió a editarse, así que el cuento no vería la luz, o la oscuridad, hasta que yo mismo lo publiqué en 1988, dentro del Lado Obscuro del Tiempo, mi primer libro.

Hoy, “Luces en el bosque”, a pesar de que no es un relato de miedo y horror, es uno de los favoritos de mis lectores. En el 2004, Francisco Llaguno, un estudiante de Filosofía y Letras de Tlaxcala, hizo su tesis para obtener su título, y el tema fui yo, o más bien, mis relatos. Su tesis se llamó: “Un viaje por lo sobrenatural y la transgresión de los límites (aspectos fantásticos en los cuentos de Mario Cruz)”. Como él apunta en su tesis, es el primer trabajo teórico dedicado a mi obra, y servirá para quienes en el futuro quieran información y estudios acerca de mí. Y en esa tesis, dedica un capítulo entero a analizar “Luces en el bosque”. Lo tituló: “El brillo en la eternidad”, y entre otras cosas refiere justamente la relación entre la literatura y la veterinaria que hay en mí, y cómo ese relato refleja el amor hacia los animales. Y a mí me dio mucho gusto que alguien se ocupara de mi obra a ese nivel académico, y que en la Universidad de Tlaxcala le hubieran aprobado el tema de tesis.

8. Stephen King es uno de tus maestros, y como bien mencionas en la entrevista en Nexos, “es de los escritores que te enseñan a escribir leyéndolos”. En su vasta obra da varios guiños acerca de su relación con los animales, en particular con los perros (por ejemplo, al final de Cujo se compadece de su protagonista y le da una especie de redención). Cuenta cómo manejas tú este tema en tus obras.

Así es, mi maestro Stephen King es un escritor al que le gustan los animales, y también, especialmente los gatos, como Clovis, protagonista de la película Sleepwalkers, que trataba precisamente acerca de seres híbridos entre gatos y humanos. En lo que se refiere a mí, desde luego que hay varias referencias a los animales, además de los poemas y relatos mencionados. En “Maldito el fruto de tu vientre” y su segunda parte, “Santificada sea tu monstruosidad”, y sobre todo en este último, hay castigos brutales para los humanos que atormentan a los animales, aplicados por unos seres mitad humanos, mitad animales, que, como ellos dicen: “los animales no son capaces de ejercer sadismo, pero nosotros, que tenemos parte humana, sí lo hacemos”. Es a lo que me refería en una de las respuestas anteriores, acerca de oponer, al horror cotidiano, un horror sobrenatural mayor.

También puedo mencionar “El ciclo del reptil”, toda una aventura en el Amazonas, el cual reúne una gran variedad de animales silvestres, abundante vegetación y todo el marco propicio para la aparición de los zambisas, los hombres-reptiles que tanta actividad tendrían después en las novelas de Oiram Zurc, mi alter ego o mi lado oscuro, como se le quiera ver. Pero la novela que tiene más mi influencia veterinaria es “Hoy como ayer”, del Lado Obscuro del Tiempo, con la aventura del doctor David Ballarda a través del tiempo. Definitivamente, suele suceder que a veces el veterinario y el escritor escriben al mismo tiempo, aunque como dije, no soy James Herriot, soy Mario Cruz.

Continuará…

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados.

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