Skip to content

Cuando somos niños y nuestro amigo animal dice adiós (primera parte)

29 octubre, 2014

La muerte puede ocurrir en cualquier momento, pero puede ser especialmente difícil y delicado cuando somos niños y fallece nuestra mascota. Es entonces el Día de Muertos una fecha especial para recordar a aquellos amigos animales que han fallecido en esa etapa nuestra tan llena de vida, aprendizaje y de experiencias que nos marcarán toda la vida: la infancia.

Ofrenda Gaby Ortiz

Ofrenda de Gaby Ortiz.

Este artículo quise dedicarlo especialmente a los niños, a los niños de ahora, a los niños que fuimos y a los niños que (espero) siempre vivirán en nuestro interior, ya que simbolizan esa parte de pureza, amor y cualidades que no solo nos ayudan a ser mejores personas, sino que nos hacen ser coherentes y congruentes con nuestros actos hacia nuestro entorno, hacia nuestros semejantes y por supuesto, hacia nuestros hermanos animales. Es en esa etapa de sorpresa, de descubrimiento, de no conocer nuestros límites –o ponerlos a prueba- en que podemos conocer a nuestro primer mejor amigo, que no necesariamente es otra persona, sino un animal, y lo increíble de esta relación es que sin que ese amigo pueda hablar o asistir a nuestro salón de clases, nos podemos entender con él a un nivel tan profundo que difícilmente puede ser igualado o siquiera compartido por alguien más.

No se si exista “la otra vida” pero me gusta pensar que sí, así que me imagino que Dingo, Noé, Tyson, Laika, Crosty, Xel-ha, pájaros varios, perros sacrificados tratando de hacer labor, animales sacrificados en rastros, perreras, atropellados, etc., viven en un lugar donde pueden correr y estar bien sin que nada ni nadie se los impida y que solo salen de ahí para ayudarnos a cruzar el río. Oliver Rosales

Podemos entonces confiarle desde el resultado de nuestras calificaciones sin temor a decepcionar o enojar, revelar nuestros pequeños o grandes secretos y preocupaciones, expresar nuestros temores, sean infundados o muy válidos, manifestar nuestras tristezas, enojos y frustraciones, las cosas que nos hacen reír y sentir bien, así como todo aquello que los grandes, en su peculiar perspectiva de realidad y adultez, son ajenos.

Todo comenzó cuando…

Para aquellos que vivimos nuestra infancia en la época entre los 70 y 80, el deseo de tener un animal de compañía distaba un poco de como es ahora: en la actualidad, cuando un niño quiere una mascota la puede adquirir de dos maneras, o comprándola en una tienda de mascotas (que las venden incluso con todo un caro equipamiento) o en el mejor de los casos, adoptándola de un albergue, lo cual por fortuna comienza a ser más común. Pero en mi caso, así como con la mayoría de los que colaboraron en este artículo, la adquisición de esa mascota era comprándola en un mercado, quizá en alguna veterinaria o recibirla como regalo de algún conocido.

Mi primera mascota fue Chispita. Fue el primer encuentro con otro ser vivo de diferente especie que al mismo tiempo era un cachorro como yo (él tenía escasos dos meses y yo unos 3 o 5 años) y fue algo que me abrió la mente y los sentimientos hacia otro ser vivo.
En mi opinión son los padres los que deben enseñar la importancia de la vida y muerte de otro ser vivo a sus hijos, para que estos no crezcan con falsas realidades y tengan muy presente lo importante que es comunicarse, cohabitar y respetar a todos los seres vivos. Erick López M.

Era una época en que después de mucho insistir para que nos compraran al animalito, uno tenía que hacerse cargo por entero de este, como recuerda Oliver: “aunque estuvieras muy cansado, tenías la obligación de alimentarlo y limpiarlo”. Pero en otros casos, como en el de Ana Bertha, esto era más difícil porque literalmente tenías que ganarte el dinero para poder adquirir a esa mascota: después de varias semanas de vender galletas saladas con salsa y crema y otras golosinas en la puerta de su casa, logró reunir el dinero suficiente para poder comprarse una cotorrita, la cual la acompañaba en su hombro a todos lados. Es entonces interesante y a la vez conmovedor cuando un niño de verdad desea tener un animal de compañía y hace todo lo que está a su alcance (y no me refiero a lloriqueos) para poder tener uno.

Aprendizaje, trabajo, vivencias

Para muchos niños, el lograr tener un animal de verdad, no uno de felpa, significa un gran triunfo y a la vez, un paso significativo hacia lo que implica ser responsable de una vida que depende por entero de uno. Aun cuando muchos piensen con amargura y pesar en todos aquellos animales que han sufrido e incluso muerto en manos de niños irresponsables y hasta crueles, no hay que dejar de pasar por alto que esos niños son el reflejo no solo de su entorno, sino de una situación familiar complicada y hasta disfuncional y en la que muchas veces reflejan o transmiten ese enojo, impotencia, maltrato, dolor, indiferencia y hasta abuso que padecen a manos de sus tutores o gente cercana y lo proyectan hacia un animal. Pero también existen muchos otros niños (incluso aquellos que viven en situaciones de pobreza o maltrato) para quienes el tener un animal que sea suyo, hace que este sea el bien más preciado que poseen y por el cual pueden realizar actos de nobleza y sacrificios tales con tal de conservarlo e incluso, de brindarle aquello que les ha sido negado: desde cuidados elementales hasta amor y atención.

Con los animales de compañía de nuestra infancia aprendemos muchas cosas, desde anatomía, sexualidad, reproducción, enfermedades, dieta especial, etología, cómo suministrarle una medicina, cómo agarrarle sin dañarlo o que nos cause daño, entrenamiento, paciencia, limpieza, a ser metódicos y ordenados, e incluso sobre finanzas, cómo negociar, hacer trueque y hasta matemáticas, ya que uno hace cuentas sobre el costo del alimento o accesorio que necesita, hay que aprender a saber cómo pedir dinero a nuestros padres para que podamos comprar el alimento o que realicemos ciertas tareas para ganarnos esa cantidad, el saber intercambiar las palabras adecuadas con un adulto para que nos haga una rebaja en cierto producto o servicio, el aprender el vocabulario –aunque sea básico- que utilizan los veterinarios para designar una enfermedad o problema de salud, o saber cómo y dónde conseguir los implementos de la mascota, es todo un reto y maduración para un niño.

Si bien hoy en día las cosas se facilitan mucho con el Internet (desde información hasta compras en línea) y la existencia de grandes cadenas de tiendas especializadas en mascotas, eso no exime al niño de hoy en saber diferenciar la publicidad falsa o exagerada de la veraz, o de saber discernir y elegir en todo el caudal de información (muchas veces erróneo) que hay en la red aquello que sirva y ayude a cuidar a su animal. Por otra parte, es más complicado hoy en día cuando los padres están ausentes gran parte del día debido a sus empleos, por lo que ahora más que nunca la salud y bienestar de la mascota queda en manos de un niño. Y al contrario de hace un par de décadas, ya no es muy seguro que digamos que los niños salgan a la calle a comprar accesorios para su mascota por su cuenta o que lleven de emergencia al veterinario a su animalito porque acaba de sufrir un accidente o ingirió alguna sustancia tóxica.

Con todo, el hecho de tener un animal que acompañe esas largas tardes de padres que laboran, que pueda ser nuestro cómplice, alguien que le “gusta” la misma música o programación televisiva que a nosotros, alguien que puede jugar e interactuar con uno y que a la vez ese animal es un amigo en el que se puede creer y confiar por entero.

…Y cuando todo termina

Pero el tiempo pasa, algunas veces el ciclo se termina abruptamente, como ocurrió con el perrito Chispita, otras sigue su curso natural como el hámster Noé, quien murió de vejez o en otras más ocurren enfermedades, accidentes o situaciones inesperadas ante los angustiados ojos de un niño, cuando descubre que su preciado animal, no vive más. Como dice la psicóloga y terapeuta Vicenta Hernández en su folleto sobre Tanatología para Niños , “para los niños una gran pérdida lo mismo puede ser la muerte del abuelo, que el cambio de escuela o la muerte de su mascota”, lo que se traduce en que cuando fallece ese amigo animal, no es un evento que deba trivializarse y mucho menos ocultarse.

Es a partir de los 4 años de edad que los niños comienzan a hacerse una idea de lo que es la muerte, y a partir de los 8, aproximadamente, es cuando finalmente se dan cuenta de que es algo irreversible. Somos entonces los adultos a cargo de los niños los que explicaremos ese proceso de acuerdo con su edad de forma directa, sin necesidad de ser abruptos, y con palabras sencillas, pero sin darle poca importancia al tema.

Con las mascotas, si se trata de una enfermedad que sabemos que culminará en el deceso del animal (cuidado con la negligencia: los niños son intuitivos e inteligentes y se darán cuenta de cuando su mascota no está siendo atendida correctamente por un veterinario, por ejemplo), lo peor que puede hacerse es ocultarlo y fingir que “no pasa nada”, ya que ese tipo de mentiras pueden afectar al niño de muy diversas maneras (desconfiarán de sus padres o tutores, les llenará de miedo y dudas, les producirá rabia y frustración, les angustiará y dejará un profundo sentimiento de culpa) e incluso repercutirá en su etapa adulta.

Cuando un niño no recibe información sobre este tema y se le deja, por así decirlo, descubrirlo y experimentarlo por su cuenta, el dolor y la angustia generada puede ser enorme: así lo describieron varias de las personas que participaron en este artículo. Descubrieron con una mezcla de azoro y desesperación que sus mascotas habían muerto; cuando tocaron sus cuerpos fríos e intentaron “despertarlas”, el choque fue tremendo. Es entonces como adultos responsables que si no habíamos explicado con anterioridad la experiencia de la muerte (puede aprovecharse incluso cuando ocurre en una película o caricatura), demos apoyo emocional a los niños, validando y valorando sus sentimientos, sin hacerlos menos con indiferencia o frases tales como “ya ni modo”, pasando por el “ya cállate, te compraré después otro”, ni tampoco de hacerlos sentir culpables: “¿y qué esperabas, si eres un irresponsable?”, ya que ante todo, somos los adultos los verdaderos responsables de ambos, niños y mascotas.

Cómo explicar a los niños sobre la muerte

Por tanto, hay que explicar poco a poco que el animalito está muy enfermo y que aún cuando reciba cuidados, medicamentos y atenciones, va a morir. Y con todo, recalcar la importancia de acompañarlo y apoyarlo en esa etapa final, teniendo cuidado de nunca obligar al niño si no desea hacerlo.

Si ocurrió un accidente, tenemos que calmarnos primero y colocándonos físicamente a la altura del niño a la vez que lo vemos a los ojos, decirle con voz suave y palabras claras que hubo un accidente y que fue tan severo, que su mascota quedó muy lastimada, ya no pudieron curarla y falleció. Si pide verla, prepararlo y explicarle que no se va a ver bonita porque quedó maltratado su cuerpo o en dado caso, cubrir con anterioridad al animalito y dejar al niño que toque parte de su piel, plumas o pelaje.

Serán naturales los reproches, la culpa, la negación, ya que el niño va a atravesar por las diferentes etapas de un duelo, y dependiendo su edad va a hacer muchas preguntas (en el caso de niños muy pequeños, estas pueden ser repetitivas: hay que ser pacientes y contestarlas una y otra vez; no es que sean tontos, estén jugando o poniendo a prueba nuestra paciencia, sino que necesitan una reafirmación y entendimiento de la información recibida).

La Dra. Hernández recomienda también el ser congruentes con nuestros valores morales o religiosos y ser muy cuidadosos, ya que no es recomendable decirle al niño que su mascota “se fue a vivir a una estrella” o que “se la llevó Diosito”, porque esas palabras no sólo resultan incomprensibles a su entendimiento, sino que generan frustración y enojo. O puede que incluso quieran viajar a dicha estrella para visitar a su animal.

¿Y si mejor que mi hijo no tenga mascota?

Hay muchísimos padres que para evitar pasar por toda esta situación, evitan tener un animal de compañía. Pero cuidado: si el tema de la muerte es difícil para uno mismo siendo ya adulto, puede implicar que tenemos algún tipo de problema o situación no resuelta en otra etapa de nuestra vida. Los tanatólogos recomiendan siempre el hablar con los niños sobre la muerte para que la acepten como parte de la vida y así cuando experimenten su primer pérdida, puedan vivirla, aceptarla y superarla de una forma más sana, natural y menos traumática.

Es entonces que hay aún muchos adultos que prefieren adquirir una mascota muy joven, un cachorro, gatito, conejito o polluelo para sus hijos, con el argumento de que “crezcan juntos”, en realidad se engañan porque la gran mayoría de los animales de compañía suelen tener vidas mucho más cortas que los humanos, además de que nada ni nadie garantiza el que el cachorro (vamos, ni siquiera uno mismo) estará vivo y sano el día de mañana. Además de esto, debo mencionar a esos adultos que por lo general no están muy preparados (ni documentados) para recibir, educar y seguir el ritmo de un cachorro, por lo que una abrumadora mayoría terminan siendo abandonados. Siempre es mejor entonces tener un animal adulto para un niño, ya que no hay “sorpresas” ni en cuanto a cuánto crecerá o su carácter, el cual ya está hecho y con todo, puede ser moldeable a la familia, siempre asesorándose con un veterinario, entrenador canino, protectora de animales o etólogo animal. Y sobre el tiempo que vivirá, insisto: nadie tiene la vida comprada.

Concluye en la siguiente entrada.

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: