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El legado de otros: cómo hacerme cargo de un animal huérfano (2a parte)

26 octubre, 2015

Como mencionaba en el post anterior, es importante hacernos la siguiente pregunta antes de ayudar o adoptar a un animal desamparado cuyo compañero humano murió:Día muertos 09 1

¿Puedo yo hacerme cargo de un animal cuyo dueño falleció?

Al mencionar en el post anterior el “dejar de lado” familia y ocupaciones, no significa obviar nuestras obligaciones, sino más bien hacer una pausa para pensar en lo mejor para todos, abarcando, claro está, al animal en desamparo. Debemos, para ello, tener en cuenta los siguientes puntos:

Espacio

Si no disponemos del espacio adecuado para albergar al animal, no se vale “brindarle” una amplísima azotea; tanto si se trata de un animal que anteriormente así malvivía, como si era un animal de interiores. Esto no es ayudar, esto es negligencia con tintes de crueldad.

Dinero

Sea que atravesemos una situación económica crítica o que de verdad no podamos ajustar nuestro presupuesto a una boca más que alimentar, es un argumento válido, pero con todo, no definitivo: podemos llegar a un consenso con otros miembros de la familia de que nosotros daremos cuidados y alojamiento y que ellos (o alguno al menos) pudieran cooperar con los gastos de alimentación y médicos. Pensemos: si tenemos dinero para gastar en cosas superfluas o no tan necesarias, ¿acaso no lo vale la vida del animal de compañía de un ser querido que acaba de trascender?

Tiempo

Antes de protestar y decir que es lo que menos tenemos, reflexionemos en algunas cosas: ¿por qué en medio de nuestra pérdida decimos y juramos que haríamos lo que fuera para o por ese ser querido que ha partido, pero no somos capaces de darle hogar a su animal de compañía que era importante para él? Por otra parte, tomemos en cuenta que siempre ajustamos nuestro reloj de acuerdo con los imprevistos cotidianos (llámese tráfico, llámese aumento de obligaciones laborales, llámense actividades extraescolares de los hijos, llámese el cuidado de un familiar enfermo, etc.). Si queremos, ¡claro que podemos!

Familia

Se refiere a discutirlo con nuestra familia o compañeros de casa, ya que al igual que en los protocolos referidos a la adopción de un animal de compañía (de manera peculiar, lo es), todos los miembros deben de estar de acuerdo y si no, llegar a un consenso equitativo para todos (si una persona no está conforme, preguntar con calma el por qué y resolverlo al dar opciones, pero ¡nunca imponiendo! Por ejemplo, a esa persona no se le debe obligar a pasear o alimentar al animal o que entre a su habitación, si no es de su agrado).

Racismo

En el caso de Paulina, su destino había quedado marcado porque era criolla, no de raza… Pretextospaulina sobran: que si el pelo, que si está muy grande o muy pequeño, en fin… pero lo que no queremos decir es que no deseamos hacernos cargo de un animal que ante nuestra pobre opinión, no es “agraciado” por no ser de raza.

Cuidado con esto: seguramente nosotros mismos somos más mestizos o criollos que cualquier perro “corriente”, y eso no nos hace mejores o peores personas: lo que sí marca la diferencia es cuando actuamos en perjuicio de otros, así que no nos dejemos llevar por este tipo de prejuicios dañinos.

Celos

He notado también que en ocasiones, el animal favorito de una persona puede ocasionarle celos a la familia que le rodea, convirtiendo al animal en blanco de desprecio el cual se acentúa cuando su amo fallece. Dejemos esas emociones tan de humanos y empecemos de nuevo: ¿qué culpa tiene ese animal de haber recibido, quizá, mejores apodos cariñosos o más paciencia que uno? Eso es más un problema entre la persona –el dueño- y nosotros, que entre el animal y nosotros.

No antropomorficemos la situación con la mascota: si nos importaba la persona que ha partido, empecemos de cero con su animal querido: un animal siempre es reeducable y se adaptará a nuestras normas y estilo de vida.

Me haré cargo de la mascota de mi ser querido que falleció… ¿ahora, qué hago?

Cambio de vida. Retomando la historia inicial de este artículo, la de Paulina, su benefactora comenta que tenía planeado irse a Europa cuando ocurrió el deceso de su amigo y aunque tenía la posibilidad de dejar tanto sus animales como a esta otra perrita con sus padres, decidió quedarse. Como resultado su pareja se fue, ella se quedó y terminaron divorciándose, y expone que uno de los motivos de la separación fue justamente el no abandonar a sus perros.

Estar casualmente cerca de la experiencia de estas personas me sensibiliza y me siento empáticamente triste, pues Frida (la perrita yorky), había sido parte importante y muy querida por su mamá a quien, por supuesto, entrañablemente amó y ahora, se duelen profundamente de la pérdida… Algo muy hondo, muy íntimo, está roto para ellas. Y Frida está ahí, como una pieza de lo roto… un tesoro. Y aun siendo un tesoro, como una joya de mamá, de esas que se heredan, les es imposible conservarla. Es muy triste visto desde ese ángulo.

Es amargo el hecho de que una perrita tan querida por su dueña haya tenido que caer en otro lugar diferente al que fue siempre su familia, y que ellos por una circunstancia compleja y fatal deban renunciarle, pues los humanos estamos llenos de aristas y complejidades.

Penélope Hoyo, sobre el rescate de Frida

Paulina menciona además que la adaptación de esta perrita con los suyos fue difícil por el carácter dominante de ésta y porque los otros seis ya eran una jauría constituida; por otra parte, se le vinieron encima dificultades económicas. ¿Qué le hizo tomar la decisión de quedársela?

Explica Paulina: “Me ofrecí a quedármela (la querían sacrificar, es mestiza y grande y nadie quería quedarse con ella, quien por cierto curiosamente se llama igual que yo), porque además de que amo a los animales, también quería mucho a mi amigo y siempre pensé en lo que a él le hubiera gustado hacer con ella. Definitivamente la mejor opción era yo”.

Reajustes. Es muy posible que tengamos que hacer reajustes en nuestro hogar, sea con nuestros horarios o con acondicionar nuestro hogar, tanto si tenemos otras mascotas o si no: si ya las hay, es altamente recomendable pedir ayuda y asesoría a un entrenador o etólogo (especialista en conducta animal) para que nos enseñe cómo presentar a unos y otro sin que haya derramamiento de sangre (ni que nos demos por vencidos a la primera), así como asesoramiento si nunca hemos tenido una mascota: es posible que necesitemos tener en cuenta varias cosas, como cerrar bien la reja, colocar una malla en el frente o patio trasero para que no escape, proporcionarle una camita para dormir, etc.

Respecto a acondicionar nuestro hogar, escojamos dónde va a dormir la nueva mascota o cuál será la zona donde pasará la mayor parte del tiempo; si ya tenía sus propios enseres (camita, platos, correa, collar), llevémoslos y utilicémoslos, no importa si están deteriorados: le servirán a la mascota para tener algo “conocido” en este nuevo ambiente. Con el tiempo y una vez que se haya acostumbrado a nuestro hogar (y olor: los animales son muy olfativos), los renovaremos.

Importante: si se trata de un perro o gato, debemos mandar a hacer una nueva plaquita de identificación con nuestros datos; si ya tenía una, y a menos que tengamos el mismo domicilio, es obsoleta porque tiene los datos de su amo fallecido.

Asesoría. También nos será de mucha utilidad pedir ayuda y asesoría a un etólogo o a alguna asociación protectora de animales para saber “cómo vivir con… (perro, gato, otra especie)”. Podemos también (más si no hemos tenido antes mascota), pedirles referencias de veterinarios para saber desde qué come hasta qué hábitos tiene, qué podemos esperar y no del animal, cómo educarle (cómo ser el líder, enseñarle a dónde hacer sus necesidades, cómo limitarle el paso a cierta o ciertas zonas de la casa, que no jalonee al sacarlo a pasear, que no mordisquee objetos personales, qué bocadillos darle y cuáles no, cómo hacer para que no salte a las personas, etc.), cuestiones de salud (vacunación, esterilización); por todo ello es preferible llevarlo lo antes posible al veterinario para una evaluación sobre su estado de salud, sobre todo si nunca hemos tenido un animal de ese tipo.

La esterilización es una operación quirúrgica para remover los órganos sexuales: testículos en machos y útero y ovarios en hembras, para que no entren en celo, no se reproduzcan, disminuir marcaje con orina, agresividad, evitar diversos tipos de cáncer, entre muchos otros beneficios.

Si nos hacemos cargo de un animal sin esterilizar (se notarán sus testículos si es macho; respecto a las hembras un veterinario experto puede determinarlo), se debe operar: en la página de CAESPA, en Facebook solemos publicar campañas de esterilizaciones a bajo costo o incluso, gratuitas. Da click en el enlace resaltado.

Puede sonar complicado, pero si lo vemos como un plan, como si en realidad estuviéramos adoptando un animal nuevo –de hecho ¡lo estamos haciendo!-, todo será mucho mejor. Esto además nos facilitará la convivencia y nos evitará muchos dolores de cabeza presentes y futuros.

Para finalizar esta segunda parte, los dejo con una de las melodías de mi anime favorito, “Wolf’s rain” (pueden leer la entrada en el enlace resaltado), precisamente acorde a este post: “Dogs and angels” de Yoko Kanno:

Continuará…

© Mayra Cabrera, Derechos Reservados.

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