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El legado de otros: cómo prepararnos para encargarnos del animal de un ser querido (última parte)

5 noviembre, 2015

En el post anterior mencionaba sobre lo difícil que es cómo lidiar con la pérdida de un ser querido y a la vez, hacerse cargo de su animal de compañía. Ahora daré algunos consejos para prepararnos ante una situación así.

Pongamos el ejemplo

La sra. Celia, una mujer mayor con un corazón sumamente bondadoso, vivía sola en su casa con sus animales hasta que un día enfermó y estuvo en cama. Dos de sus hijos se mudaron a vivir con ella para cuidarla hasta que finalmente falleció. Su familia decidió no vender la casa ni mucho menos desalojar a sus amados animales e incluso Día muertos 09 1uno de sus hijos se quedó ahí y es quien, junto con varios miembros de la familia, atienden a los animales; de hecho uno de ellos, Toto, un perrito callejero y desamparado a quien trataban de atrapar mientras la sra. Celia estaba muy delicada, fue llevado a su casa por petición de ella misma: aún en medio de su enfermedad no permitió que pasara más penurias en la calle y fue adoptado poco antes de que ella muriera.

Comenta Susana, su nieta: “el amor por los animales fue inculcado principalmente por mi abuelita, de hecho ella misma era vegetariana; cuando vamos a su casa llevamos a nuestros propios animales a visitar a aquellos y nunca hemos tenido problemas con la adaptación, ya que para nosotros es totalmente natural velar y cuidar por los animales, ¿por qué?, porque son parte de la familia”. Cuando uno pone el ejemplo con nuestros propios actos, siempre será más fácil que los demás nos imiten.

Y si se trata de la “muerte anunciada” de un ser querido, hay que recurrir a un tanatólogo para ayudarle al enfermo -y a nosotros también- a preparar una especie de testamento (de esto hablaré en un próximo post titulado “Lo que sucede cuando fallece el dueño de una mascota”), además de que de propia voz nos dé indicaciones sobre cómo cuidar a su mascota, hábitos (principalmente en el caso de animales mayores), dónde está su cartilla de vacunación, quién es su veterinario, etc. Esto le proporcionará tranquilidad y paz al enfermo porque sabrá que su mascota queda en buenas manos.

Un ambiente tranquilo y de confianza

El tipo de energía que manejemos ayudará o dificultará la adaptación de este nuevo animal a nuestro hogar. Además de pedir ayuda profesional, nosotros mismos debemos proyectar confianza y buena vibra para que la transición sea lo menos abrupta posible: los animales perciben de inmediato nuestras emociones no sólo por el tipo de energía que emitimos, sino por nuestro lenguaje corporal. Por otra parte, si ya tenemos mascotas, Penélope aconsejaba que desde un inicio deben ser sociables y así estarán preparadas para cambios dentro de su entorno, en este caso, el aceptar a un miembro nuevo dentro de su jauría. (Y esto también se logra si nuestro hogar es armonioso, hay respeto y cuidado hacia todos sus miembros y por tanto, es un hogar equilibrado).

La empatía

Si nosotros mismos tenemos mascotas, debemos ponernos en el lugar de otros, ya que podría pasarnos a nosotros. Me comentaba mi querida Penélope Hoyo, quizá adelantándose a su propia transición, ocurrida este año: “En lo personal esta experiencia (de hacerse cargo de una perrita cuya dueña ha fallecido) ha sido agridulce, pues no hay nada como conservar la salud y poder estar siempre para proteger a los que nos acompañan y aman, es decir a nuestra familia y nuestros adorables perros de familia. Estas historias me sensibilizan preguntándome, ¿Qué pasará con mis perros cuando me vaya? ¿Y si muero de repente? ¿Quién cuidará, como yo, de DIEZ perros…?”.

Hábitos

Como recomendaba Penélope, el tratar de conocer en lo posible, los hábitos de alimentación, gustos, juegos preferidos y hasta fobias, lo relacionado al carácter del animal huérfano, nos ayudará muchísimo con el proceso de vinculación.

Sociabilización

Esto aplica a cuando se tienen ya mascotas, si son animales sociables y equilibrados (esto se consigue cuando están bien atendidos, tienen sus horarios de alimentación establecidos, reciben buen trato, comida sana, paseos cotidianos y lo más importante, disciplina y buen liderazgo por parte nuestra), entonces será muy sencillo el incorporar a un nuevo miembro.Bonita

Amor

Proyectemos siempre en nuestro interior y en nuestro exterior cómo nos gustaría ser y vivir, más que en lo material, en lo espiritual. Esto hará que nuestra existencia sea mejor y más enriquecedora y lo proyectaremos en todas nuestras acciones. Y tratándose de la vinculación de un animal huérfano a nuestra familia, será una experiencia positiva, más fácil y placentera. Como dijo Lorena, quien adoptó a Puca, “con paciencia y amor, todo se puede”.

Buscar otro hogar

He dejado al final las dos últimas opciones porque precisamente deben contemplarse cuando honestamente hemos agotado las otras propuestas aquí planteadas. En el caso de que busquemos otro hogar, esto debe hacerse siempre y cuando mantengamos al animal huérfano en su casa de origen (yendo por lo menos una vez al día a alimentarlo, darle atención y cuidados) o manteniéndolo en nuestra propia casa en lo que se le consigue un hogar permanente.

Recordemos: es preferible hacer nuestros propios sondeos con gente que conozcamos (¡y que amen y respeten a los animales!), aunque también podemos pedir ayuda para buscar adoptantes fuera de nuestro círculo de amistades y familiares, a asociaciones protectoras de animales, pero sin dejarles toda la responsabilidad encima: si bien serán el vínculo, nosotros seremos siempre los “tutores”, por así decirlo, del bienestar de dicho animal y daremos seguimiento a la adopción (la asociación puede darnos tips para hacerlo) y en el caso de que hubiera algún problema o situación debido a la cual devolvieran al animal, seremos nosotros, como sus tutores, su primera opción para que nos lo entreguen.

La eutanasia: un tema difícil

Recomendaba Penélope, “no debemos caer en la tentación de pensar en la eutanasia como la salida (fácil) a un problema netamente humano, sobre todo si el animalito es un perro sano: ante todo merece una vida digna y feliz”.

Esta es la última alternativa, no sólo por ser la más dura, sino porque es irrevocable. Si bien la eutanasia es una muerte humanitaria, sin dolor, mucha gente que recurre a esta opción no está preparada para ello y es común que una de dos, o lleven al animal al antirrábico o que lo dejen abandonado en una veterinaria… Aún pagando de antemano los servicios de eutanasia al veterinario, muchas personas son demasiado sensibles (dejándonos de eufemismos, egoístas y cobardes) y no son capaces de acompañar al animal en sus últimos momentos, lo cual es injusto.

IMPORTANTE: debes saber que en este tipo de lugares los animales son sacrificados en un clima lleno de estrés y miedo y sufriendo mucho dolor; en México al menos se utiliza aún el método de electrocución; ¿crees que ese animal húerfano se merece algo así?

Si no podemos hacernos cargo (por el o los motivos que sean o si no queremos tomarnos la molestia de trabajar en el proceso de vinculación o de negociar con nuestra familia, etc.), si no podemos (o queremos) buscarle un hogar alternativo, y buscamos la eutanasia como última opción, lo mínimo que le debemos a este animal (y por supuesto, a su fallecido amo, con quien se supone teníamos un vínculo afectivo), es a acompañarlo en esos últimos instantes en que el veterinario lo pone a dormir para siempre.

Esta es una experiencia muy dura, pero también una última muestra de amor y de compromiso a ese compañero animal que no puede valerse por sí mismo ni tampoco puede decidir ni abogar por su propia vida.

Anticipándonos a nuestro destino final

Mientras estemos en este mundo y con una vida tan corta, debemos hacernos cargo, pero verdaderamente, de nuestras vidas y de nuestros actos, pensando en que en cualquier momento (y ni siquiera cuando lo planeemos), vamos a morir; digo esto para aprovechar que mientras estemos enteros (más que al cuerpo me refiero a la razón) tenemos mucho por hacer en este mundo y por nosotros mismos simplemente con dar lo mejor de uno.

Esto lo logramos dando a los demás (sin que ello signifique “quitarnos” lo esencial) y puede ser más fácil cuando damos a nuestros seres queridos. En relación a este artículo, el dar se refiere a dar cobijo y posteriormente amor a un ser que repentinamente ha quedado desamparado: no hay leyes que aboguen por sus derechos y necesidades, así que al menos por caridad y sobre todo amor y respeto hacia nuestro ser querido que ha muerto debemos brindarle ese hogar; si con todo lo aquí leído eso no es posible, tampoco es válido que enjuguemos una lágrima, le demos la espalda y lo abandonemos (sea una clínica veterinaria, un albergue o peor aún, en la calle) excusándonos con un hueco “lo siento, no pude hacer más…”.

Su existencia y bienestar dependen de uno: si el resto de la familia y amigos “no pueden”, entonces tenemos que encargarnos nosotros mismos sin engancharnos en las excusas de aquellos y busquemos opciones, como ya se mencionó. Recordemos que, tarde que temprano, también a nosotros nos llegará el momento y si tenemos animales de compañía, debemos estar prevenidos.

¿Cómo prepararnos para nuestra propia mortalidad?

Plan A. Platiquemos con nuestros compañeros de casa (pareja, hijos, etc.). Es de gran utilidad el elaborar desde AHORA nuestro propio testamento, en el que indicaremos a quién se le quedará o quedarán nuestras mascotas. Para ello debemos tener una charla con dicha persona o personas para saber si están de acuerdo y que a su vez propongan o tengan en mente a otra persona en caso de que ellas mismas no pudieran hacerse cargo por causas de fuerza mayor. Siempre lo preferible será que la mascota quede en el mismo domicilio.

Plan B. Los hijos se casan y a sus parejas no les gustan los animales, ocurren los divorcios, los cambios de domicilio, el desempleo, enfermedades incapacitantes, etc. Anticipándonos a esto, hay que buscar otras opciones entre nuestras amistades y, ¿por qué no? incluso entre familiares no tan cercanos pero que sin saberlo, quizá sean más amantes de los animales que nuestra propia familia.

Plan C. Si lo anterior fracasa, debemos tener siempre a la mano los datos de alguna protectora y recurrir a esta ÚNICAMENTE cuando de verdad hemos agotado TODOS los recursos: las protectoras están saturadas de animales las 24 horas –no es un decir: es la verdad-, y dejemos indicado a nuestra familia que por favor recurra a una protectora para promocionar en adopción a nuestra mascota, pero mientras encuentran un hogar idóneo, es absolutamente primordial que la tengan bajo su custodia.

La muerte es, aunque suene contradictorio, parte de la vida. Es lo que significa a la vida misma. Lo que en realidad duele es la falta de contacto humano (la voz, la mirada, el tacto, la presencia, los recuerdos y la esencia del que fue) y por ello lo vemos como una pérdida irrevocable… pero no lo es.

Somos humanos, lo que significa que somos demasiado físicos y escépticos y a menos que tengamos determinadas creencias religiosas o espirituales, vemos a la muerte como el fin de todo. Pero la muerte no es el final: en realidad es el verdadero acercamiento a ese todo: es el umbral a la eternidad.

Agradezco enormemente a mi querida colega y amiga Penélope Hoyo, que ya trascendió, a Rossy, Susana, Lorena y Paulina, por su colaboración en este artículo y sin cuyos consejos, experiencias y conmovedores testimonios no habría podido llevarlo a cabo: gracias por su sabiduría y gran ejemplo, que no dudo tendrá un enorme eco en otras personas. Y muy especialmente, a Edith por apoyarme como siempre en este proyecto: te extrañaré siempre. Artículo realizado en  2009.

Mayra Cabrera, Derechos Reservados.

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