Skip to content

Un instante perfecto en el tiempo (cuento)

29 diciembre, 2015

Fue en la víspera de Nochevieja cuando se terminó todo. El conductor se detuvo antes de que el frente del vehículo se cayera por el impacto y el perro dio un salto atrás, volviendo sobre sus pasos apresurados hasta que tocó el agua del charco y sus patas nuevamente quedaron secas al subir de nuevo a la banqueta.

Con la cabeza gacha, comenzó a correr retrocediendo entre la gente que desandaba el camino hacia sus trabajos y sus vidas llenas de actividades y vacías de entusiasmo. Llegó hasta la esquina y las piedras se proyectaron hacia las manos de los chicos que dibujaban una sonrisa salvaje en sus rostros, para volver al suelo y a la orilla del camino.

El perro caminó hacia atrás y masticó la basura que momentos antes estaba desparramada por el piso, mientras una mujer regresaba de espaldas llevando en un cochecito a un bebé que abría la boca grande para después cerrarla y quedarse quieto y dormido. Mientras tanto, el perro ya había olfateado, siempre en zigzag e inquieto, yendo de espaldas, bajo un sol que ya no quemaba en el cielo, sino que comenzaba a bajar y a entibiar el horizonte para dar paso a la aurora y a las estrellas, mientras se oscurecía más y el frío se colaba por todas las esquinas vacías a esas horas.Fiona

El perro estaba ovillado bajo una banca, sobre unos papeles sucios, con heridas de mordiscos que había lamido antes de que apareciera la sangre sobre ellas. Antes de guarecerse había cojeado desandando lo más rápido que pudo, porque los otros perros habían retrocedido antes de que aparecieran las lesiones en su cuerpo esmirriado.

Así había pasado el tiempo, en medio de una confusión de imágenes que en desorden, se repetían: piedras, escobazos que desaparecían, restos de basura intactos, enfermedades que se quitaban y malestares que lo acosaban, calles que repetían su danza en desandar, lunas que se transformaban en discos o discos que adelgazaban hasta mostrar un filo plateado en el firmamento.

Todo iba muy rápido, incluso el pelo le creció, al igual que el miedo a no saber hacia dónde dirigirse, y el hambre a la que se había acostumbrado, por vez primera lo acicateó. Lucía bien, incluso después de que observó cómo sus dueños lo dejaran ahí en ese lugar extraño y que él estaba dentro del coche, mirando por la ventana y esperando llegar al parque. Los objetos rotos y los estropicios estaban lejos de su mente cuando le colocaron el collar y la correa. Las lágrimas del niño habían desaparecido y volvía a ser su perro…

Fue justo ahí donde el tiempo se congeló, en ese momento perfecto en que tenía hogar y era uno más de ellos, sin gritos, sin golpes, sin confinamientos, ni horas eternas en que tenía que ser perro y seguir sus instintos que después aborrecían, descubriendo ese pequeño trozo de mundo solo y a su manera, que se quedó a vivir para siempre en ese pedacito de perfección, evitando la muerte por alguien que lo impactó con su vehículo y lo arrojó al camellón, ya sin dolor, sin familia, pero en su mirada un atisbo de recuerdo (y quizá agradecimiento por ese instante dichoso de la memoria), mientras se escuchaban las campanadas y los lejanos gritos deseando un feliz Año Nuevo…

Mayra Cabrera, Derechos Reservados

Anuncios
No comments yet

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: