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Tu perro, tu mejor terapeuta y entrenador personal

17 marzo, 2017

Hay días en que parecemos levantarnos con el pie izquierdo. No me refiero al clásico día en que todo parece salir mal, sino más bien a que todo parece seguir igual… día tras día. Puede ser un tipo de depresión ligera o quizá ya se haya asentado hace tiempo y no nos hayamos dado cuenta. Pero ese desazón que sentimos, esa carga que no se aliviaría ni durmiendo un rato más, puede embargarnos el resto de la jornada. No obstante, hay una forma de salir de esta situación y tu perro es la respuesta.

Terapeuta canino a tu servicio

Estos últimos días, por ejemplo, he sentido precisamente esa sensación. Y sé a qué se debe: en parte es porque hace años no tengo vacaciones, he tenido jornadas de trabajo a veces abrumadoras, y por añadidura, mi pequeña salió en un viaje escolar varios días y a muchas horas de aquí. La inseguridad a la que cotidianamente nos hemos por desgracia acostumbrado, hace que una parte de mí muy profunda sienta un estrés permanente, que aunado a la añoranza, desee que esté ya de nuevo acá para sentirme de nuevo completa.

Más allá de las decenas de mensajes que han enviado padres angustiados por whatsapp (un maravilloso y detestable invento), yo no funciono así. Parafraseando a Felipe, el de Mafalda, mi pena no es un conventillo. Sin embargo, algo que siempre me ha funcionado, al menos hasta entonces, han sido mis amados perros. A veces parecieran personajes secundarios de nuestras vidas, en donde nosotros llevamos el rol principal. Pero a su callada (o ruidosa) manera, también nos hacen sentir muy vivos… siempre y cuando se los permitamos.

Son varias las veces que me he sentido agobiada, derrotada y cansada de todo. Y lo que menos me apetece es salir con ellos. Pero entonces recuerdo a un buen amigo entrenador canino, Shaytán Pajiv Villaprez, y sus palabras me han inspirado para que haga un pequeño esfuerzo y dé el primer paso para ponerles las correas y sacarlos. En esas ocasiones me digo que solo saldremos 5 minutos, que solo será una pequeña vuelta… Pero ya sobre la marcha, y aunque incluso en los paseos hay dificultades, peripecias y cosas divertidas (que de eso debo hablar en otro post), poco a poco me espabilo, empiezo a sentirme consciente de mi cuerpo, de mis movimientos, de mis sentidos… y salimos.

En ese momento me vuelvo una con mis canes, pongo atención a muchas cosas que pasarían desapercibidas si fuera sola, siento el sol o la llovizna, el viento, el calor o el frío. Noto las piedrecitas, hojas y semillas que hay al paso. El agua de una canaleta. El perro que 20 m adelante pasean y tomo decisiones. A veces caminamos, de repente trotamos y también corremos. Disminuimos la marcha para que olisqueen algo interesante en ese muro. El trote y el paseo cambia según a quién pasee. Eso es algo bueno también, porque ningún paseo es igual. Sube mi ritmo cardiaco, sudo y a veces los regaño por querer comer algún “tesoro” en la calle o si mi valiente e imprudente Figo quiere devorar al san bernardo del vecino (Figo es un salchicho, un dachshund).

El caso es que cuando me doy cuenta, ya hice los dos paseos, y no de cinco minutos cada uno, sino que ya pasó una hora. Llego a casa y me siento animada, con energía renovada. Si faltó limpiar algo, lo termino de hacer. Es genial y no me costó la membresía en ningún gimnasio. (Que necesite hacer dieta, es otro asunto).

Tu terapeuta animal

Pero los perros son excelentes terapeutas, a la vez. No solo te acompañan en todo momento, sino que se adaptan a tu humor. No les importa si vives en una casa de 5 hectáreas con 10 habitaciones, alberca olímpica y jardines de ensueño, o si vives en la calle y tus pertenencias caben en un atado. Solo están contigo y te cuidan a su callada manera. Sí, callada, porque aunque evolutivamente los hemos condicionado a que ladren (para avisar del peligro), en realidad pueden estar silenciosos, siempre cerca, a nuestro lado, ya sea en la más primorosa cama o en el suelo.

Si hablas te mirarán con atención. Si les cuentas tus penas, también. Si les dices estupideces, escucharán con genuino interés. Delante de ellos es con quien más auténticamente puedes ser y también políticamente incorrecto: puedes soltar gases, palabrotas vulgares, eructar, andar en calzones (o sin ellos), no bañarte en días, perfumarte y afectar su olfato, estar gripiento y en tu peor momento, comer con las manos y chuparte los dedos, que apeste tu boca o tus pies, y jamás de los jamases dirán “por Dios, ¡eres asqueroso!”.

Con ellos puedes desahogarte (ojo, no es lo mismo que desquitarte) y echar pestes de quien sea, sin que te den una reprimenda moral. Te acompañan a ver programas o películas que solo a ti te gustan, y puedes escuchar la música que quieras, poner la misma canción mil veces y estarán de acuerdo (claro, no se vale atormentarlos con altos decibeles).  Acariciarlos es una de las mejores terapias que hay: una rascada de lomo aquí, una de orejas allá o incluso una “rascadita de ojos”, que es lo que Raúl hace con su consentida Fiona, la única de todos los que hemos tenido, que ha logrado suavizarlo. No cabe duda que nuestra vida sería deprimente sin ellos.

Tips para disfrutar de tu terapeuta y entrenador canino

Antes de esto, debo advertir que no con esto minimizo a la depresión: si la padeces, acude con un terapeuta siempre, aunque estos tips puedes también llevarlos a cabo a la par.

  1. No te levantes tarde, a menos que sea fin de semana: siempre trata de levantarte temprano y ponte un horario; te deprimirá mucho el pararte tarde y salir corriendo al trabajo. Es mejor que en la medida de lo posible no te desveles y te pares antes para salir con tu perro.
  2. Si no puedes sacarlo por las mañanas, hazlo por las tardes o las noches, al menos 20 minutos. (Por supuesto, que tu perro en el día siempre tenga acceso a un lugar para salir a hacer sus necesidades).
  3. ¡Desayuna siempre! Los bajones de azúcar también afectan el ánimo. Al levantarte toma algo nutritivo que pueda ingerirse en pocos minutos: un licuado/batido con fruta, granola o amaranto, una manzana o plátano. Incluso deja la noche anterior algo preparado en refrigeración, como muesli con yogur.
  4. Busca lugares seguros para ti y tu perro, checa qué horarios son más tranquilos o agradables para pasear (menos gente, menos tráfico, incluso un parque cercano).
  5. Si estás por ser mamá o eres mamá nueva, en lugar de contratar a alguien para que pasee a tu perro (o peor, se quede encerrado y relegado por años), mejor pide que alguien se encargue de tu bebé por media hora y llévalo tú de paseo; lo hice en su momento y créeme que te sentirás renovada.
  6. Además de los perros, interactuar con otros amigos animales también es excelente. Mis especialistas en meditación y relajación son mis conejos, así como nuestros otros animalitos. Cuando más cansada he estado, me siento en la sala y contemplo los peces del acuario de Raúl. Eso descansa la vista y el ánimo.
  7. Eso sí, siempre lleva a tus perros con collar y correa, o mejor aún, con arnés, nunca sueltos: evita accidentes y desgracias. Y que sus placas tengan los datos correctos.
  8. Si sales de noche, tanto tu perro como tú deben usar reflejantes, por seguridad (tenis, un chaleco para tu perro, sobre todo si es negro, etc.); la ceguera nocturna en conductores es un hecho que puede ser fatal.
  9. Si tienes niños, al menos de vez en cuando deben salir contigo y con los perros: no solo para enseñarles a tus hijos a ser responsables, sino para que aprendan a cuidar de sí mismos y de alguien más. Enséñales durante el paseo sobre cómo cruzar una calle, advertirles sobre peligros y circunstancias riesgosas, al mismo tiempo de que el perro a su cargo depende enteramente de sus decisiones y también deben cuidar del mismo. Es un buen ejercicio que todo padre debe hacer.
  10. Recuerda que un paseo de 10 minutos no es tal. Es el equivalente a ir al cine con tu pareja, ver la cartelera y regresarse a casa. Para que sea beneficioso para ambos, al menos debe durar 20 minutos.

Muchísimas personas tienen perros y por desgracia, no los disfrutan, ni tampoco permiten que estos maravillosos seres no solo sean parte de sus vidas, sino que las transformen y se hagan mutuamente felices. Si tienes un perro u otro amigo animal, considérate afortunado. Hazlo feliz y en ese momento descubrirás que te estás haciendo feliz a ti también. Y por supuesto, saludable física y mentalmente.

Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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