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Despedida de Phoebe, mi bassetita bicolor (2005-2016)

29 mayo, 2016
Sometimes I get to feelin’
I was back in the old days, long ago
When we were kids, when we were young
Things seemed so perfect, you know?
The days were endless, we were crazy, we were young
The sun was always shinin’, we just lived for fun
Sometimes it seems like lately – I just don’t know
The rest of my life’s been just a show.

These are the days of our lives, Queen.

Hace 11 años, a principios de 2005, en una reunión familiar uno de mis hermanos nos comentó que en un viaje a la Ciudad de México había hecho escala en un poblado llamado Parres, el cual es cruzado por la carretera federal que va a hacia la capital, cuando se le acercó una perrita basset hound, en condiciones lamentables. No llevaba coche y no podía llevársela, así que solamente le dio comida y se marchó.

El invierno en esa zona de México es bastante frío, y temí que una perrita así no sobreviviría en esas condiciones, así que fuimos a buscarla el domingo, al día siguiente, sin tener suerte. Al llegar al mismo local de comida a donde se había detenido mi hermano, les preguntamos por la perrita, efectivamente nos corroboraron que deambulaba por ahí y que si sabían de ella, nos llamarían. Me arriesgué a creerles, les dejé mi número telefónico y nos marchamos.

Algo me decía que la encontraría de nuevo, así que le pedí a Raúl, mi esposo, que siguiera por favor buscando cuando le tocara ir para allá por cuestiones de trabajo. Se dedicó a buscarla cada vez que cruzaba el lugar; incluso cuando lo acompañaba alguno de sus compañeros de trabajo entraba al pueblo a ver si la veía, pero eso no ocurrió.

Phoebs al llegar 2

Phoebe, al llegar

Yo había perdido ya las esperanzas, porque con ese frío y por estar al borde de la carretera, lo más seguro era que hubiera muerto de hambre o arrollada. Pero una mañana de domingo en que estábamos tranquilamente en casa, rodeados de nuestros otros dos bassets, Frodo y Frannie, además de nuestra perrita andariega Frida, cuando recibimos una llamada: era de una persona del puesto de antojitos, nos dijo apresurada que tenían a la perrita con ellos y que fuéramos rápido por ella.

Colgamos y así lo hicimos. Era el domingo 5 de marzo de 2005. La premura se debía a que supuestamente tenía dueños, pero al ver las condiciones tan lamentables en que se encontraba, era evidente que sufría de abandono, negligencia y maltrato. Phoebe estaba dentro de una caja de cartón, muy inquieta, la tapamos con un trapo y recuerdo perfectamente que la cargué con un solo brazo… casi no pesaba porque estaba prácticamente en los huesos. Agradecimos mucho a esas amables personas, con dificultad nos aceptaron algo de dinero y nos fuimos de inmediato a llevarla al veterinario.

Phoebe, una perrita sobreviviente de la carretera

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Phoebe en los huesos

Llevaba algunas croquetas conmigo, y en cuanto se las dí, casi me mordió los dedos, desesperada. Cuando la vio nuestra veterinaria, se sorprendió de que todavía tuviera el reflejo de querer comer, le dio una pasta nutritiva que también devoró y luego la revisó.

Pesaba escasos 10 kg, la mitad del peso de un basset sano. Tenía también algunos mordiscos en las orejas, estaba muy sucia y asustada. Pero fuera de eso, increíblemente estaba bien. Me parecía difícil de creer que hubiera sobrevivido tanto tiempo en esas condiciones tan lamentables. Frannie, mi otra basset, la matriarca del clan, le marcó la pauta y le enseñó modales. Y conforme fue ganando peso y confianza, se hizo muy amiga de Frodo, aunque con Frida siempre marcó distancia… incluso podría decir que fue algo así como la manzana de la discordia entre ellos, porque antes habían sido muy buenos camaradas.

La transformación de Phoebe

Nunca ha dejado de maravillarme la forma en que nuestros perros rescatados se transforman. De ser animalitos en malas condiciones, incluso de ser perros de raza maltratados, asustados, quizá agresivos, poco a poco van revelando su verdadera forma de ser que antes tuvieron que reprimir por el maltrato, el hambre, la supervivencia y otras condiciones lamentables.

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Phoebe jugando con su trenza de hilos

Phoebe se volvió muy segura y alegre. Siempre decía para mis adentros que era el cascabelito del hogar, sabía bien cómo hacer cosas graciosas para hacerte reír (quien ha tenido un basset hound sabe bien de lo que hablo), ya fuera mordisqueando un juguete, poniendo esa cara típica de desenfado, o con su tiqui tac tan característico de sus pisadas, se sus “patitas gorditas” como cariñosamente les llamaba.

En la siguiente consulta mi veterinario le detectó un problema en la rodilla, pero me dijo que no le afectaba de momento y que no recomendaba operarla. Phoebe adoraba salir de paseo y jugaba a perseguir botellas de plástico con Frodo, que era como su hermano mayor.

A Phoebe le encantaba hacer rabiar a las otras dos perras y a la vez, ser el centro de atención: era un payaso nato que se dejaba hacer de todo y le encantaba buscarte para que le rascaras la panza, algo que pidió hasta el final de sus días. Y ya ni hablar del baño: le encantaba ser bañada, porque se relajaba tanto que quedaba echada en el espacio de la regadera, mientras le caía el agua atemperada.

Llega el ocaso

Años después de estar con nosotros, y como ocurre a muchos bassets con la edad, se volvió un poquito gruñona. Esto no es de extrañar, porque es cuando sus achaques comienzan a surgir, primero de forma sutil y discreta, y después son tan obvios que terminan por mermar hasta el carácter más achispado.

6 canitos

Una de las últimas fotos todos juntos

El problema de la rodilla aumentó, y para compensarlo, se apoyaba más en la otra, aunado al subir y bajar escaleras (algo totalmente desaconsejable en esta raza, pero que por desgracia no puedo evitar porque mi casa las tiene), cuestiones genéticas y otras enfermedades (comenzó algunos años atrás con inicios de distensión de estómago, incluso teníamos que controlar mucho su ingesta de agua), cataratas, problemas cardiacos, bazo, etc., que se le dificultaba caminar.

Aun así, siempre salió de paseo…  y sonrío ahora al pensar que los últimos días, me pedía salir de nuevo, después de terminar las varias rondas de paseos con los otros. No era muy aconsejable que saliera, por sus problemas articulares y degenerativos, que estaba casi ciega y que se agotaba por su arritmia cardiaca, pero lo avaló mi veterinario porque el paseo es algo que todo perro debe hacer, explorar, darle tiempo de olisquear, aquí y allá (más estas razas), que se sientan libres por un rato, e incluso se olviden de sus achaques.

Su cara ya era totalmente blanca, y chocaba con los objetos. Nunca perdió el apetito, salvo hace pocos meses, en que se puso muy mal, al grado de que pensé que moriría… pero gracias a una sanación energética que le hizo mi sobrina Liz, volvió a ser la de siempre: fue un regalo tenerla un poco más de tiempo, eso lo agradezco mucho. Sí, gruñona con los demás perros (hay que entender que le dolían sus extremidades traseras y columna… y aun así subía las escaleras a mi recámara), pero siempre afable y buena conmigo.

Tuvimos siempre un vínculo muy estrecho. Siempre la entendí, incluso cuando se hacía continuamente dentro de casa, por las noches, o de que le diera por la coprofagia. Incluso el día de hoy esperó ansiosa su desayuno, porque sabía que los fines de semana había algo especial de comer.

La dilatación gástrica

Hoy fue un día normal. Anoche ella subió con dificultad pero por su cuenta las escaleras (muchas veces la cargué y

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Phoebe y yo, hace algunos años

noté que a veces era un poco más doloroso el ser manipulada), todavía se revolcó feliz en su cama un poco, lo cual me gustaba ver, porque era como verla igual que siempre, cuando era joven, sana y feliz, y durmió profundamente. El día anterior incluso tuvo el atrevimiento de entrar a la recámara de mi pequeña y orinar ahí dentro.

Todo perfectamente normal… pero hoy fue diferente. Después del almuerzo, subí a mi habitación, mientras mi esposo y mi pequeña hacían trabajos de carpintería arriba. Algo me dijo que bajara las escaleras, que fuera por un panquecito, pero fue extraño, porque no tenía hambre. Al bajar la vi a ella, a Phoebe, tratando de vomitar sin lograrlo, y al ver su abdomen terriblemente distendido, supe que era una emergencia. Me cambié de inmediato y le dije a mi esposo que teníamos que salir.

Fue una pesadilla: mi veterinario estaba fuera de la ciudad, era domingo después de mediodía y de momento, no supe qué hacer. Me decidí por otro veterinario que conocía, por fortuna me respondió de inmediato y quedamos de vernos en su consultorio. El viaje con ella en brazos, fue como siempre angustiante, porque ya tenía un mal presentimiento.

No puedo describir lo que todos aquellos que han llevado a su amigo animal a urgencias, han pasado: la espera, el ayudar al veterinario, el albergar esperanzas, el ver cómo se apagan… las medidas de urgencia, las esperanzas que a veces se avivan… y lo inminente. Esto último llegó cuando, en dado momento que hicimos contacto visual, y pese a que yo sabía que sus ojos estaban casi ciegos, veían mi alma, y me dijo con la mirada que teníamos que despedirnos, que el momento había llegado.

Le pedí que se quedara, que se haría hasta lo imposible, aunque yo sabía que el costo, principalmente para su cuerpo, sería alto. Hicimos contacto visual de nuevo y le dije que si era el final, que podía irse, que la amaba, y que le agradecía mucho por todos estos años.

Quisiera decir que todo fue rápido, pero no fue así: ver los intentos desesperados del veterinario por salvarla, fueron muy duros… lo único que me consoló es que con el sedante que le había puesto ya no sentía dolor y en esos últimos y eternos minutos, la noté serena, aceptando su trascendencia, su partida. En ese momento le pedí disculpas por todos esos procedimientos invasivos a su cuerpo: los humanos así somos, nos aferramos siempre, en primera instancia, a la negación de que alguien que amamos parta de nuestro lado.

Nunca dejaré de admirar la fortaleza de los animales antes de trascender. Es un momento trá

Cinco canitos ene 12

Frida, Frodo, Touli, Phoebe y abajo Frannie: los Cuatro Fantásticos + 1

gico, pero también místico, de aceptación de su destino, sé que de alguna manera se reconectan con el Todo, con la Luz (sí, soy anticuada o crédula, le llamaré Dios), sé que saben que hacia allá se dirigen y que todo estará bien.

Entró en paro, y aunque todavía hizo él y su esposa otro intento más, en el que parecía que regresaría, no era así, solo era un reflejo orgánico porque su alma ya había partido.  Mi pequeña observó todo y cuando se dio cuenta de lo irremediable, se echó a llorar junto conmigo.

Rituales ante nuestro perro fallecido

Como he dicho otras veces, es importante que la familia se despida de su compañero animal, sobre todo los niños. Por lo mismo, no quise que se quedara ahí, porque también tenían que despedirse de ella nuestros otros perros. Desde hace dos años había estado pensando en quién se iría primero de ellos: ¿Frodo, por su avanzada edad?, ¿Phoebe, por todos sus achaques?, o ¿Fiona, por su severa condición cardiaca? Fue mi Phoebe, mi “Fimbish”, uno de tantos apodos cariñosos que le di.

Le explicaba a mi pequeña que si hubiera estado Alberto, mi veterinario de cabecera, quizá se habría salvado… o quizá no. Hay una frase budista a la que me he aferrado y dice más o menos así: “las cosas son como son y no podían haber sido de otra manera”. Por algo él se ausentó de la ciudad. Pero también por algo partió en un día en que estábamos todos en casa, en que me di cuenta de su condición, en que no sufrió mucho.. en que los tres humanos responsables de su cuidado y que tanto la quisimos, sostuvimos su pata mientras partía.

Me la llevé nuevamente en brazos, de regreso, la olí profundamente, pasando por alto el olor a los medicamentos y quedándome con su esencia. La abracé fuerte antes de bajarnos del coche. Raúl la tomó en brazos y la depositó en su camita, donde en este instante en que escribo, pareciera que está profundamente dormida y que se levantará en cualquier momento, hasta que lleguen los del crematorio y recuerde entonces que no se levantará por su cuenta… Perdón si lloro, pero siempre el escribir me sirve de catarsis para librarme del dolor y de ayudarla a partir.

Phoebe feroz

Phoebe, en una de sus tantas caras graciosas

Les tomó un rato a mis perros despedirse. Como siempre, más a Frodo, quien solo la olió, igual que a sus otras compañeras, y se alejó de inmediato… para después volver y quedarse cerca, velándola a su modo. Él es el último de los “Cuatro Fantásticos + 1”, como les llamaba mi amiga Lety a ese primer pack de bassets y perrita no basset que tuvimos.

Como lo he dicho otras veces, voy a extrañarla por entero: un perro puede vivir solo 11 años contigo, pero se instala de forma permanente en tu corazón… y es bueno que sea así, porque quiero pensar que eso nos ayuda a ser mejores seres humanos, a no estar solos, a no tener un alma vacía.

Phoebe fue una guerrera, una sobreviviente de ese abandono y crueldad a la que sometemos a la mayoría de los animales. Me quedo con todas sus travesuras, orejas largas, ojos castaños de un atisbo lupino que las fotos no pudieron reflejar del todo, de sus pisadas, de todas sus payasadas y de todas las cosas que me hacían desesperar, pero que al final, yo amaba.

Sé que un día escucharé ese tiqui tac de nuevo y será ella, que se acerca para darme un lengüetazo, con esa voz graciosa que le inventé y me dirá: “te he encontrado de nuevo”. Hasta siempre Phoebe, te quiero mucho y como bien dijo Freddie Mercury:

Those were the days of our lives
The bad things in life were so few
Those days are all gone now but one thing is true –
When I look and I find I still love you.

These are the days of our lives, Queen

Mayra Cabrera, Derechos Reservados

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12 comentarios leave one →
  1. BERTHA permalink
    16 junio, 2016 10:31

    YO TENGO UNA BASSET DE 10 AÑOS , SE LLAMA NINA, TIENE PROBLEMAS DE GASTRITIS Y DE SU PATA TRASERA, AL PARECER ES DE LA CADERA, ESTOY TRISTE PORQUE YO NO HE PODIDO SACARLA A PASEAR , HE ESTADO TRABAJANDO SIEMPRE, SIN EMBAGO ME DARE UN TIEMPO PARA SALIR CON ELLA LOS ULTIMOS AÑOS DE SU VIDA, DEBO DE DARME TIEMPO, ME GUSTO EL RELATO DE PHOEBE, EN OTRO MOMENTO SACARE UNA FOTO DE NINA Y LA ENVIARE….SALUDOS Y GRACIAS POR DAR EL TESTIMONIO DE VIDA PHOEBE….

    • 16 junio, 2016 12:37

      Hola Bertha
      Muchas gracias por escribirme. Yo inicio mi día a las 6 am y termino entre 10 y 11 pm. Pero tengo que sacar a mis perros a pasear, incluso después de que Phoebe partió y me sentía muy mal. Paseaba por tandas a mis perros (dos primero, dos después, luego a Phoebe, y mi esposo a la otra, por las tardes). Así que si solo tienes a Nina, busca un tiempo para hacerlo: 20 min diarios o incluso 15, a su ritmo, los agradecerá muchísimo. El tiempo pasa y la vida se acaba: puedo decir al menos que Phoebe, aunque ya caminaba muy despacito (lleva a Nina al veterinario ortopedista y pregunta si le puedes dar glucosamina y colágeno), me quedo tranquila de que paseó siempre y lo disfrutó muchísimo, porque a los bassets les encanta de verdad salir a olfatear. No dejes de hacerlo.
      Un abrazo

  2. Anónimo permalink
    1 junio, 2016 18:33

    Hola yo tengo una perra y hace un mes tuvo perritos; ella esta bien hinchada y hace popó con sangre, no se si estará estreñida. Hablé con el veterinario y le dio medicina, pero no se le quita lo hinchado. ¿Qué puedo hacer, qué le puedo dar? Ayudenme por favor. Gracias. Dios le bendiga

    • 1 junio, 2016 19:16

      Hola
      Posiblemente tenga parásitos, pero podría tener otra enfermedad, sobre todo si no está vacunada o desparasitada. Tienes que llevarla INMEDIATAMENTE con otro veterinario para que la atienda, porque podría agravarse. De los perritos, por favor vacúnalos y desparasítalos antes de darlos en adopción (y entrégalos esterilizados), porque pueden sufrir lo mismo que su madre. A ella en cuanto esté bien, NO la cruces de nuevo y esterilízala. Suerte y saludos.

  3. VIOLETA PATRICIA GARCIA SORIA permalink
    31 mayo, 2016 11:18

    Hermosa historia May me has hecho llorar y recordar a todos aquellos peludos que se nos han ido de alguna u otra manera pero siempre lo he dicho y te lo diré a su lado conocio la otra parte del humano gracias a ustedes supo que no todos los humanos somos malos y como todo principio con desconfianza pero una vez que confían en nosotros o al menos eso nos hacen creer empiezan a ser ellos tal cuál son pero ganan un espacio en nuestro corazón

  4. Sara Vázquez permalink
    30 mayo, 2016 23:14

    Justo hace un rato, recogí a mi Camila del hospital, es una hermosa Basset de casi 15 años, cada vez que vamos al médico de emergencia, el corazón se me detiene, sé que muy pronto su partida llegará y no sé cómo prepararme para eso, gracias por compartir tu historia, me hizo llorar y sonreír también, me siento identificada y en tus palabras hay consuelo para mi. te abrazo fuerte y le mando mucho amor y luz a tu hermosa perrita que seguro, donde este, está pendiente de ti. 🙂

    • 31 mayo, 2016 09:50

      Sara, muchísimas gracias de verdad por tus palabras… créeme que son como un bálsamo para mí, me consuelan mucho y no tengo cómo agradecerlo. Gracias también por ese amor y es luz, en verdad que pueden sentirse acá.
      Estoy pensando en escribir un artículo sobre el duelo, pero ahora que lo mencionas, también quisiera escribir otro sobre cómo prepararnos para la partida… escribí algo parecido sobre mi bassetita Frannie, que trascendió hace 4 años, pero más bien se refería a la eutanasia. Y sería bueno otro artículo, pero sobre la muerte natural.
      Yo también te entiendo perfecto porque vivo una situación parecida con mi basset sobreviviente, Frodo, quien de llegar a fin de año, cumplirá 16 años… Y es duro estar contrarreloj. Pero también hay que prepararnos.
      Un abrazo muy, muy fuerte y cariños a tu orejoncita Camila.

  5. 30 mayo, 2016 15:04

    Sin palabras, es un maravilloso relato de amor. Pido luz para ti y para Phoebe. Abrazos del alma.

  6. Anónimo permalink
    29 mayo, 2016 21:29

    Muy hermosa historia Mayra

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